La extinción de la megafauna en Madagascar fue culpa del sedentarismo y el cambio climático

Un estudio ha investigado la extinción de la megafauna de Madagascar y ha descubierto que, hace 1.000 años, empezó la transición a un estilo de vida sedentario que desencadenó el declive de los animales gigantes.

Aepyornis era un género de aves endémico de Madagascar

Aepyornis era un género de aves endémico de Madagascar

Foto: VELIZAR SIMEONVSKI / THE UNIVERSITY OF CHICAGO

Hace apenas unos cuantos siglos, en Madagascar habitaban lémures que llegaban al metro y medio de altura (Megaladapis) y “aves elefante” (Aepyornis) que alcanzaban hasta tres. Sin embargo, alrededor del año 1.000, estas criaturas empezaron un rápido declive que terminó con su extinción. Ahora, un estudio ha relacionado el inicio de esta decadencia con diversos factores entre los que destaca una explosión demográfica, la transición a un modo de vida más sedentario y, en menor medida, un cambio climático.

El declive de la megafauna de Madagascar empezó durante el primer milenio d.C., pero fue alrededor del año 1.000 cuando se acentuó. Según el estudio, en aquella época se produjeron dos cambios importantes que precipitaron la disminución de las poblaciones hasta un punto de no retorno.

Aepyornis restaurado junto a un avestruz

Aepyornis restaurado junto a un avestruz

Foto: Museon, La Haya

El primero fue una migración desde África oriental, que se integró con la población existente, procedente del Índico: el malgache, el idioma predominante de la isla, pertenece a una familia lingüística habladas a lo largo y ancho del Índico y del Pacífico Sur, llamadas austronesias. A través de un estudio genético, los investigadores han detectado que alrededor del año 1.000 se produjo una migración de poblaciones bantúes desde el continente africano. Esta migración coincide con una transición de las poblaciones de la isla hacia un modo de vida más sedentario, junto con una explosión demográfica.

El crecimiento demográfico y el sedentarismo incrementaron la presión humana sobre el entorno.

Todo esto incrementó la presión humana sobre el entorno, modificando el paisaje para dar cabida a mayores extensiones de tierra destinadas a la agricultura. Coincidió, además, con un segundo cambio importante en los ecosistemas: hacia el año 1.000, el clima de la isla se volvió más caluroso y seco. Como consecuencia de todos estos factores disminuyó la extensión de los bosques, hábitat y fuente de alimento de aquellos animales gigantes, abocándolos a la extinción.

Los científicos advierten que entender el rol de los humanos en esta extinción, tanto por el crecimiento de la población como por el cambio en los estilos de vida, es clave para prevenir la desaparición de los últimos gigantes que aún sobreviven en el planeta.

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