Rosalind Franklin, la verdadera descubridora de la forma del ADN

La de Rosalind Franklin fue una vida dedicada de forma brillante a la ciencia, sin embargo, plagada de obstáculos hasta el punto de que uno de sus mayores logros, su aportación al descubrimiento de la estructura del ADN, nunca le fue reconocido hasta años después de su fallecimiento.

Rosalind Franklin. 1955

Rosalind Franklin. 1955

Foto: iStock

Rosalind Elsie Franklin, más conocida como Rosalind Franklin es quizá la científica británica más conocida de todos los tiempos. Nació en Londres un 25 de julio de 1920, en el seno de una familia judía, y si bien hoy es ampliamente conocida y reconocida por el descubrimiento de la estructura en doble hélice del ADN, caprichos de la historia han querido que su trabajo más importante nunca le fuera reconocido en vida.

Estudiante ejemplar en sus primeros años, Franklin destacó desde muy temprano, tanto en la escuela como en sus estudios superiores. Fruto de su dedicación y valía, consiguió una beca para continuar con su formación y estudiar ciencias naturales en el Newnham College de la Universidad de Cambridge, algo que solo pudo lograr oponiéndose a los deseos de su padre y gracias al apoyo de varias mujeres de su familia.

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El desarrollo natural de los acontecimiento llevaría a la científica a ganar una nueva beca para continuar investigando en la propia Universidad de Cambridge, en el campo de la química física, sin embargo, la explosión de la Segunda Guerra Mundial desviaron los esfuerzos de Franklin al escenario bélico, donde se desempeñaría como directora de ataques aéreos en Londres para el ejército británico.

Su paso por el ejército marcaría su carrera, dándole un nuevo rumbo, ya que en el año 1942 renunciaría a su beca definitivamente para trabajar para la Asociación Británica de Investigación de Utilización del Carbón, donde centró su trabajo en la física química del carbono y el carbón para el esfuerzo bélico, posteriores temas centrales de su tesis doctoral con la que se doctoró en la Universidad de Cambridge en el año 1945.

Acabada la guerra, Franklin se mudaría a París, donde entre 1947 a 1950 trabajó con Jacques Méring estudiando la tecnología de difracción de rayos X, técnica que posteriormente emplearía para obtener su famosa foto 51.

Fotografía 51. Imagen de la estructura del ADN obtenida mediante diracción de rayos X en 1952

Fotografía 51. Imagen de la estructura del ADN obtenida mediante diracción de rayos X en 1952

Foto: Rosalind Franklin / Raymond G. Gosling

Solo un año más tarde, en 1951, empezó a trabajar para la Universidad Kings College de Londres ya como investigadora asociada y experta en cristalografía de rayos X. Fue durante esta época en la que su alumno Raymond Gosling tomó la fotografía que la llevó al descubrir la estructura en doble hélice del ADN, descubrimiento por el que Francis Crick, James Watson y Maurice Wilkins, quienes se basaron en el trabajo de la científica, pese a las marcadas desavenencias que mantenían con ella, para la construcción de su modelo, compartieron el Premio Nobel de Medicina en 1962.

En 1953, la investigadora se trasladó al Birkbeck College de Londres, donde bajo la dirección del científico John Desmond Bernal, Franklin dirigió un trabajo pionero sobre las estructuras moleculares de los virus. Tras superar decenas de obstáculos en su carrera, la mala suerte se cebaría con la científica una última vez, llevándole un cáncer de ovarios a fallecer a la temprana edad de 37 años en 1958, solo un día antes de desvelar la estructura del virus del mosaico del tabaco en una feria internacional en Bruselas.

Micrografía electrónica del virus del mosaico del tabaco

Micrografía electrónica del virus del mosaico del tabaco

Foto: Gtres

Aunque sus trabajos sobre el carbón y los virus fueron reconocidos durante su vida, su contribución al descubrimiento de la estructura del ADN, uno de los descubrimientos más importantes de su época, pasó desapercibida hasta hace relativamente pocos años. Watson sugirió que lo ideal hubiera sido que Franklin recibiera el Premio Nobel de Química, junto con Wilkins, un premio que nunca se le llegó a otorgar, tan siquiera a título póstumo.

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