El 7 de octubre, un día marcado por el ataque de Hamas a granjas, aldeas y un festival de música en Israel, se convirtió en un punto de inflexión para la atención médica y social en situaciones de trauma. 

Shir Daphna-Tekoah, trabajadora social médica en el Hospital Kaplan de Israel y jefa del centro de crisis de violación del hospital, se vio inmersa en un escenario de horror y desesperación. Mientras atendía a las víctimas y sus familias, se enfrentó a una realidad desgarradora: jóvenes fallecidos, muchos de ellos no mayores de 23 o 24 años, vestidos aún con sus ropas de fiesta. En medio del caos, Daphna-Tekoah propuso una idea revolucionaria: la extracción de esperma post mortem.

Una forma de dar esperanza y continuidad 

Esta propuesta, aunque inusual, no era completamente nueva. La extracción de esperma post mortem (PSR, por sus siglas en inglés) ya se practicaba en Israel, pero generalmente estaba limitada a las parejas de los fallecidos y requería de un permiso legal. Sin embargo, el Ministerio de Salud de Israel, en respuesta a la creciente demanda de las familias en luto, redujo significativamente la burocracia involucrada, permitiendo a los padres de los fallecidos solicitar la PSR sin necesidad de acudir a un tribunal de familia.

La PSR se basa en el hecho de que el esperma puede sobrevivir brevemente después de la muerte, permitiendo a los especialistas en fertilidad o urología extraerlo de los tejidos testiculares. Los espermatozoides vivos se transfieren y congelan en nitrógeno líquido. Aunque el tiempo es crucial, ya que la detección de esperma viable es más probable en las primeras 24 horas tras el fallecimiento, los hospitales israelíes han limitado este período a 72 horas.

Controversias

La iniciativa ha generado un debate ético y cultural significativo en Israel. Gil Siegal, jefe del Centro de Derecho Sanitario y Bioética del Colegio Kiryat Ono en Israel, señala que este enfoque es una nueva dirección en la medicina reproductiva, impulsada tanto por la ciencia como por la cultura y la religión del país. Sin embargo, también plantea preguntas éticas sobre la creación de huérfanos planificados y las implicaciones de la reproducción post mortem.

A pesar de estas preocupaciones, para muchas familias en duelo, la PSR ofrece una forma de continuidad y esperanza en medio de la pérdida. Organizaciones como Or Lamishpachot (Luz para las Familias) y New Family, dirigidas por Irit Oren Gunders e Irit Rosenblum respectivamente, han sido fundamentales en apoyar a estas familias y abogar por sus derechos. 

La historia de Yulia y Vlad Poznianski, cuyo hijo Baruch falleció de cáncer y cuyo esperma fue utilizado para concebir a su nieta Shira, es un testimonio del poder de esta práctica para traer nueva vida y consuelo.

En conclusión, la iniciativa de PSR en Israel, especialmente en el contexto del conflicto con Hamas, resalta la intersección entre la tecnología médica, los derechos humanos y la ética. Mientras que la tecnología ofrece nuevas posibilidades, también surgen preguntas sobre la moralidad y las implicaciones a largo plazo de tales prácticas. Sin embargo, para muchas familias israelíes afectadas por la tragedia, la posibilidad de preservar un legado genético de sus seres queridos fallecidos ofrece un rayo de esperanza y continuidad en medio de la oscuridad del duelo.

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