Entre las características que hacen fascinantes a los dinosaurios, está su enorme tamaño. Algunos, como los saurópodos, crecían hasta dimensiones enormes que no han sido igualadas por ningún otro animal terrestre. Esto les proporcionaba ventajas claras, pero también inconvenientes y retos adaptativos, lo cual plantea dos preguntas: cómo llegaron a alcanzar este tamaño, y por qué.

La respuesta a la segunda cuestión es relativamente simple. Un gran tamaño es una defensa natural contra los depredadores; y los saurópodos, que no disponían de armas como cuernos o colas con espinas, solo podían contar con su talla para ahuyentar a los depredadores. Por otra parte, su tamaño y sobre todo sus largos cuellos les permitían acceder a diversas cotas de vegetación y, por lo tanto, facilitaba su alimentación.

Los problemas de ser un dinosaurio gigante

Responder a la otra pregunta es más complicado. Tener un cuerpo tan enorme conlleva diversos problemas: un gasto energético masivo, especialmente desde que se sabe que los dinosaurios (o como mínimo gran parte de ellos) eran animales de sangre caliente; y, como consecuencia de lo anterior, la necesidad de ingerir grandes cantidades de alimento. También supone un estrés mecánico tremendo en los huesos y articulaciones, lo que puede generar dificultades en la locomoción; por no hablar de los órganos, que tienen que soportar el peso de la musculatura.

Ningún otro animal terrestre ha superado en tamaño a los dinosaurios. El peso récord conocido para un elefante, que es el más pesado de los que existen actualmente, es de 11 toneladas y se trataba de un ejemplar gigante: este era el peso medio de los animales más grandes de la Edad de Hielo como el mamut, así como de los grandes dinosaurios carnívoros como el tiranosaurio. En cambio, los saurópodos o dinosaurios de cuello largo pesaban varias decenas de toneladas. Solo las ballenas les han superado en el récord de animales más grandes que han existido, pero los animales marinos pueden contar con el agua para soportar su peso.

Hasta ahora se han planteado diversas teorías, algunas de las cuales han sido descartadas. La que tuvo más popularidad en su momento fue que, durante el Mesozoico, los niveles de oxígeno eran mucho mayores que en la actualidad. Sin embargo, en 2013 se publicó un estudio que desmentía esta teoría y que revela que, de hecho, los niveles medios de oxígeno en el Mesozoico estaban entre el 10 y el 15%, muy por debajo del actual 21%. Así pues, los dinosaurios lo habrían tenido más difícil aún para prosperar que en la actualidad.

Los saurópodos son los animales terrestres más grandes que jamás han existido
Foto: iStock / Orla

El secreto de los saurópodos gigantes

Aunque aún no se ha dado una respuesta definitiva a la cuestión de por qué algunos dinosaurios eran tan grandes, nuevos estudios sugieren que la clave no era el entorno en el que vivían sino su propia biología y anatomía. Tres factores en concreto habrían podido permitir a los saurópodos solventar los problemas derivados de un cuerpo tan grande.

El primero era que, igual que las aves, estos animales tenían un esqueleto sorprendentemente ligero en relación a su tamaño, compuesto por vértebras con cámaras de aire en su interior. Esto no solo aligeraba el peso que el cuerpo tenía que soportar, sino que les daba una flexibilidad que les permitió desarrollar sus larguísimos cuellos.

El segundo factor era su aparato digestivo. Un problema de los grandes herbívoros es la cantidad de alimento que necesitan ingerir para mantener activo su metabolismo: según los cálculos de los paleontólogos, un saurópodo habría necesitado entre 400 y 500 kilos de hojas al día por cada 10 toneladas de peso; los más grandes, que alcanzaban las 50 toneladas, habrían necesitado comer más de 2 toneladas diarias de hojas. La solución adaptativa que hallaron fue convertirse en máquinas de tragar, que simplemente ingerían la comida sin masticar y posteriormente la digerían en el estómago: esto les permitía, por una parte, acelerar los tiempos de alimentación; y por otra, liberar la energía que necesitaban de forma lenta pero constante, mediante una digestión continua.

El tercer y último secreto eran sus pulmones. El estudio de la anatomía de los saurópodos ha revelado dos características que les habrían permitido prosperar incluso con los bajos niveles de oxígeno de la era mesozoica. Una es que, probablemente, los pulmones estaban situados en posición dorsal, es decir, cerca del lomo, lo cual reduciría la presión que tenían que soportar. La otra es que estos funcionaban de forma similar a los de las aves, que son el doble de eficientes que los de los mamíferos y, por lo tanto, permiten transportar más oxígeno a las células y proporcionar m��s energía.

El tiranosaurio es seguramente el dinosaurio carnívoro más icónico, pero nuevos estudios sugieren que podría haber sido parcialmente carroñero
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El gran tamaño de los dinosaurios carnívoros

Estas tres adaptaciones, conjuntamente, habrían hecho posible que los saurópodos se convirtieran en los animales terrestres más grandes que han existido. No obstante, no son válidas para los carnívoros, que debían enfrentarse a los mismos problemas derivados del gigantismo. A pesar de que su tamaño fuese más reducido que el de los enormes saurópodos, sigue siendo colosal: dejando de lado a los animales marinos, los grandes depredadores en la actualidad no llegan a los 500 kilos de peso; en cambio, los del Mesozoico pesaban varias toneladas.

Su tamaño es, en parte, resultado de una especie de carrera armamentística entre carnívoros y herbívoros: a medida que los segundos desarrollaban armas defensivas y tamaños mayores, los depredadores también tendrían que ser más grandes para poder cazarlos; y a medida que los carnívoros se volvían más grandes y letales, solo los herbívoros más grandes sobrevivían. Así, en cada grupo eran los más grandes quienes conseguían transmitir sus genes a la siguiente generación, haciendo aumentar el tamaño medio de la especie. Sin embargo, existe un límite al peso que un esqueleto puede soportar. Los saurópodos superaron este límite mediante sus adaptaciones pero los depredadores, en un cierto punto, llegaron a su límite: los dinosaurios de cuello largo habían ganado la carrera armamentística.

No obstante, un animal carnívoro u omnívoro tiene una ventaja respecto a los herbívoros, y es que su sistema digestivo es más eficiente: con menos cantidad de comida, puede obtener más energía y más rápidamente que un herbívoro. Por lo tanto, los dinosaurios carnívoros no necesitaban cazar presas especialmente grandes para sobrevivir. Además, estudios recientes han puesto en duda la imagen que durante décadas se tenía de estos animales como depredadores letales y solitarios: es posible que cazaran en manada, como lo hacen los lobos o los leones, y que se alimentaran de carroña de forma habitual. De hecho, uno de los problemas derivados del exceso de peso es que los carnívoros grandes como el tiranosaurio no podrían alcanzar grandes velocidades debido al estrés mecánico que sufrirían las articulaciones de las piernas.

Lejos de ser animales primitivos, las investigaciones demuestran que los dinosaurios fueron criaturas con adaptaciones y comportamientos complejos, que pudieron superar retos naturales a los que los animales actuales no han llegado.

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