Como sucede con otras tantas otras criaturas, el origen de los mamíferos carece de un punto de inicio específico. Las características que definen a este grupo fueron apareciendo en el curso de millones de años y, a menudo, se trataba de rasgos difíciles de identificar a simple vista. Poco a poco, las diferencias entre los antepasados directos de los mamíferos y sus parientes más próximos fueron haciéndose más evidentes, hasta convertirse en un grupo de animales con características específicas.

Los ancestros de los mamíferos

Los antepasados directos de los mamíferos son un grupo de animales llamados mamaliaformes, que aparecieron durante el período Triásico. Su clasificación es objeto de debate: algunos autores creen que los mamaliaformes deberían ser considerados mamíferos basales (primitivos), mientras que otros los consideran un grupo diferente ya que carecen de muchas características distintivas de los mamíferos modernos.

La mayoría de las características que separan a los mamaliaformes de sus parientes más próximos no eran visibles a simple vista. La más destacable, en varios aspectos, era su dentadura: fueron los primeros animales en poseer diversos tipos de dientes, estos se ubicaban de una manera precisa y las piezas de adulto no se reemplazaban si las perdían. Esto les diferenciaba de otras criaturas que tienen dientes iguales o muy parecidos y los van reemplazando a medida que se desgastan o se rompen, como hacen por ejemplo los cocodrilos.

Las reconstrucciones suelen darles un aspecto de roedores o musarañas; sin embargo, es difícil hacerse una idea precisa de su apariencia ya que los tejidos blandos no suelen dejar rastro en los fósiles. Se cree que su piel estaba cubierta por algún tipo de vello y que poseían vibrisas, es decir, los “bigotes” característicos de muchos mamíferos, un tipo de pelos rígidos con funciones sensoriales.

En cambio, se desconoce la evolución de la característica más remarcable de los mamíferos modernos: las glándulas mamarias. Los mamíferos son los únicos animales que amamantan a sus crías, hasta el punto que es esta característica la que da nombre al grupo: Mammalia, es decir, dotados de mamas. Hay una especie actual, considerada “el mamífero más raro del mundo”, que podría darnos una pista sobre este proceso: el ornitorrinco. Este animal no tiene mamas y las crías lamen la leche de su madre a través de unas glándulas en el abdomen que la producen de una forma similar al sudor. Es, además, uno de los pocos mamíferos que pone huevos, por lo que se cree que los mamaliaformes podrían haber compartido muchas de sus características.

Como en cualquier otro grupo, es inevitable que surja la pregunta de cuál fue el primer mamífero “verdadero”, es decir, aquel que poseía todas las características de este grupo o al menos las más definitorias. Y sobre esta cuestión, como también suele suceder, los paleontólogos no se ponen de acuerdo. Los candidatos más firmes al título de “primer mamífero” son los margucodontes, unos mamaliaformes que vivieron entre finales del Triásico y el Jurásico, y cuyo aspecto parece el resultado de cruzar una rata y una musaraña. Una especie en particular, el Megazostrodon, es considerado habitualmente como el primer “mamífero auténtico”.

Megazostrodon (Theklan)
Theklan

Reconstrucción de Megazostrodon en el Museo de Historia Natural de Londres.

La gran separación

Los mamíferos no tuvieron muchas posibilidades de prosperar mientras los dinosaurios dominaron la Tierra; sin embargo, experimentaron una explosión de diversidad inmediatamente después de la gran extinción de hace 66 millones de años. El período posterior al cataclismo, conocido como Paleógeno, se caracterizó por la enorme diversificación de los mamíferos y la aparición de muchas familias actuales como los félidos, los cánidos, los équidos o los cetáceos.

En el Paleógeno se produjo además una de las ramificaciones más importantes en la historia de los mamíferos: la división entre los órdenes de los monotremas, los placentarios y los marsupiales. Esta diferenciación se hace en base a su método de reproducción: los monotremas son los únicos mamíferos ovíparos, mientras que los placentarios y los marsupiales son vivíparos, es decir, dan a luz a crías vivas.

Los monotremas resultan de especial interés en el estudio de la historia evolutiva de los mamíferos ya que han conservado muchas de las características que se atribuyen a los mamaliaformes: además de ser ovíparos tienen cloaca igual que los reptiles, el hocico tiene forma de pico y su pelo es más duro de lo habitual en los mamíferos. Actualmente solo se conocen cinco especies supervivientes de este orden: el ornitorrinco y cuatro especies de equidna.

Por su parte, la diferente evolución de placentarios y marsupiales haber sido propiciada por la presencia en los ecosistemas australes de grandes depredadores y por una fluctuación estacional más marcada: los primeros dan a luz a crías completamente formadas, mientras que los segundos terminan de formarse en la bolsa de piel llamada marsupio. Durante mucho tiempo se consideró a los placentarios como los mamíferos más evolucionados, pero actualmente esta opinión es discutida.

El método reproductivo de los marsupiales es, de hecho, más eficiente y menos arriesgado para la madre, ya que la gestación interna es más breve y consume muchos menos recursos. Esto implica que en caso de necesidad puede “deshacerse” de la cría para sobrevivir, al contrario que los placentarios, que deben llevar la gestación hasta el final, lo cual pone a la madre en una situación vulnerable durante más tiempo.

Hay biólogos que sostienen que nuestra visión de los placentarios como el orden más evolucionado es una pura cuestión de ego ya que formamos parte de él: rechazan la idea de que un orden concreto sea más evolucionado que el resto y sostienen que, simplemente, cada uno se ha quedado con aquello que mejor le ha servido. Al fin y al cabo, si algo ha funcionado desde la era de los dinosaurios, para qué tocarlo.