No crece ningún cuerno en la cabeza por mirar el teléfono móvil

Un estudio reciente vincula la posible relación entre los malos hábitos posturales como consecuencia del uso prolongado de móviles y tabletas con la aparición de protuberancias en el cráneo. Sin embargo, no se trata de un cambio evolutivo de la especie humana.

Protuberancia

Protuberancia

En esta radiografía de un hombre de 28 años de edad puede apreciarse la protuberancia, situada en la parte posterior del cráneo (flecha amarilla).

Foto: Shahar and Sayers/Scientific Reports

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"Te va a salir un cuerno en la cabeza por mirar el teléfono móvil". Este alarmista titular ha aparecido en diversos medios de comunicación causando una alarma generalizada. ¿Qué tiene de verdad? En realidad el estudio al que hacen referencia estas noticias, fue publicado recientemente en la revista Journal of Anatomy y analizaba las radiografías de 218 pacientes de entre 18 y 30 años. En él se descubrió la elevada presencia (hasta en un 41% de los casos) de una especie de cuerno en la parte anterior del cráneo denominada inion, o “protuberancia occipital externa” (EOP por sus siglas en inglés).

En este caso, debido a su magnitud, los autores del estudio la han llamado "protuberancia externa alargada", (EEOP por sus siglas en inglés). Puesto que el número de casos era significativamente superior al encontrado en otros estudios similares, los científicos llegaron a la conclusión de que esta anomalía responde generalmente a pacientes con problemas de postura, y teniendo en cuenta que esta anomalía aparecía sobre todo en población de entre 18 y 30 años de edad, encontraron un factor que podría agravarlo: la posturas forzadas debido al uso de tablets y smartphones, un fenómeno relativamente reciente (de unos 10 años aproximadamente) asociado con problemas como desórdenes musculoesqueléticos que pueden desarrollar problemas de cuello, hombros, además de daños cervicales.

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Entonces, ¿sale un cuerno de tanto mirar el móvil?

O dicho de manera más técnica, ¿significa que existe una relación causa-efecto entre el uso de móviles y el crecimiento de esas protuberancias? "No. Actualmente no disponemos de datos que permitan realizar esa afirmación con rotundidad", nos explica vía mail Mark Sayers, experto en biomecánica y deporte en la Universidad Sunshine Coast de Queensland, y coautor del estudio. Según él mismo, esta afirmación que ha aparecido últimamente en los medios a raíz de su trabajo, responde a una "mala interpretación de la investigación sobre el que ha realizado una corrección". El otro coautor de la investigación, David Shahar, se muestra más contundente si cabe: "En ningún momento hemos estudiado el uso de los teléfonos móviles -asegura-. Únicamente hemos resaltado la sorprendente prevalencia y la magnitud de estas protuberancias entre la población joven. Todo lo demás es especulación".

No. Actualmente no existen datos que permitan decir con rotundidad que existe una relación causa-efecto entre mirar el móvil y que te aparezca un cuerno en la cabeza, explican los investigadores

"Lo sorprendente del estudio es que ha detectado que el alargamiento se produce generalmente entre población joven, cuando se pensaba que era algo que presentaba solo, o en su mayoría la gente mayor ", afirma Patricia Tezanos, investigadora predoctoral del Instituto Cajal de Neurociencia, quien explica que el uso de móviles se plantea como una posible explicación, pues "obligan al cuerpo a agachar la cabeza, cargando la musculatura del cuello y la espalda superior", pero que aclara que la investigación no ha completado la hipótesis con ningún estudio de correlación.

Nos adaptamos, no evolucionamos

Por ello no hay nada por lo que alarmarse. No estamos evolucionando. Solo adaptándonos. Para empezar, el estudio no sostiene en ningún momento que estas protuberancias sean consecuencia directa de la evolución ni que se den únicamente entre la gente más joven. Los autores realizaron una segunda investigación, publicada en Nature, en la que se analizaba una muestra de 1.200 personas de entre 18 y 86 años, llegando a la conclusión de que un 33% padecían de EEOP. En ella sostienen que ‘con los cambios evolutivos, como la perfección del bipedalismo, el equilibrio y la reducción de la necesidad de masticar con fuerza, se ha ido reduciendo la tensión ejercida en el cráneo por los tendones musculares y los ligamentos”, lo que ha provocado que los homínidos más modernos tengan un ‘cráneo más blando’ que sus ancestros. Los científicos sostienen, pues, que cuando sometemos a nuestro cráneo a una tensión desmesurada, como la provocada por la repetición de una postura inadecuada, este ‘reacciona’ creando, entre otras cosas, estas protuberancias.

Nuestro cuerpo se adapta a los cambios físicos, en este caso como consecuencia de una mala postura, pero eso no significa evolución.

Esto es, nuestro cuerpo se adapta a los cambios físicos, en este caso como consecuencia de una mala postura, pero no se trata de evolución biológica, un término que, según la RAE, sirve para designar un “proceso de transformación de las especies a través de cambios producidos en sucesivas generaciones”.

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"No creo que haya que ser alarmistas", sostiene Tezanos, quien compara esa adaptación con la experimentada en nuestras manos. "Tú le miras las manos a nuestros abuelos y muy probablemente tengan las huellas de haber trabajado toda su vida: callos, musculatura agrandada debido al uso de herramientas... Algunas de ellas duelen y otras no, y seguramente son manos muy distintas a la que nosotros tendremos de mayores. Este alargamiento prematuro se puede entender como un 'callo' de nuestra generación. No sé si nos hacer más propensos a tener problemas en un futuro, pero no tiene por qué".

¿En qué consta esta protuberancia?

El inion es una especie de "cuerno" que aparece en la parte trasera del cráneo. Un pico de unos milímetros de tamaño que no es peligroso para la salud. A él están adheridos el ligamento nucal y el músculo trapecio, que cuando se someten a una tensión continuada, como consecuencia, por ejemplo, de una mala postura, acaban ejerciendo presión sobre esta parte del cráneo, formando este tipo de protuberancias. Su aparición no es precisamente nueva, pues ya habían sido documentados en un estudio científico que analizaba los restos de los habitantes de la antigua Anatolia.

Así pues, no te preocupes, no te saldrá un cuerno en la nuca ni acabarás deforme. Eso sí, el estudio pone de manifiesto la importancia de la salud postural, algo que vienen apuntando los médicos y fisioterapeurtas desde hace muchos años.

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