Microbiota, el vínculo entre el intestino y el cerebro

Los científicos han estudiado durante la última década el complejo intercambio de mensajes entre ambos órganos: los resultados están cambiando la forma de entender y tratar algunas enfermedades.

Los mensajes del cerebro al intestino viajan a través del nervio vago, una especie de autopista que comunica ambos órganos.

Los mensajes del cerebro al intestino viajan a través del nervio vago, una especie de autopista que comunica ambos órganos.

Foto: Istock

Uno de los ámbitos de investigación en microbiota más apasionante es el que se centra en el eje cerebro-intestino. Y es que ambos órganos se hablan continuamente. El intestino, por ejemplo, envía información al cerebro acerca de qué comemos, le indica si hemos obtenido los nutrientes necesarios para mantenernos saludables o le alerta si el sistema inmunitario está combatiendo a algún patógeno.

Esos mensajes viajan a través del nervio vago, una especie de autopista que comunica directamente ambos órganos. Y se intercambian sustancias químicas, como neurotransmisores (serotonina, dopamina, GABA). No en vano las tripas albergan cientos de millones de neuronas. Los científicos han estudiado durante la última década ese complejo intercambio de mensajes y los resultados están cambiando la forma de entender y tratar algunas enfermedades.

"Dentro de veinte años, los médicos tendrán en cuenta los datos procedentes de la composición de la microbiota y cómo esto puede afectar a un tratamiento o al diagnóstico".

El checo Premysl Bercik es un investigador destacado en neurogastroenterología. En la Universidad McMaster de Canadá, ha demostrado en ratones cómo la microbiota intestinal es capaz de gobernar el estado emocional. En un estudio pionero, sometieron a estrés temprano a crías de ratón. Comprobaron que cuando los roedores carecían de microbiota, el estrés no les dejaba secuelas psicológicas. En cambio, los que sí tenían microbiota, desarrollaban un comportamiento depresivo.

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Alimentación, ansiedad y depresión

Como explica Bercik, “demostramos que las bacterias desempeñan un papel crucial para producir ansiedad y depresión". Además, "el párkinson también parece estar vinculado a desequilibrios de esta comunidad de bacterias intestinales”, destaca Ted Dinan, psiquiatra de la University College Cork (Irlanda), quien asegura que es muy probable que la enfermedad comience en el colon cuando alguna toxina logra atravesar la barrera intestinal y alcanzar el cerebro.

En nuestro cuerpo viven 48 billones de bacterias, 60 billones de virus y varios miles de millones de hongos.

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Foto: Istock

Hacia la medicina personalizada

La microbiota intestinal supondrá, aseguran los expertos, un cambio de paradigma en la medicina personalizada. “Dentro de veinte años, cuando acudas al médico, también tendrá en cuenta los datos procedentes de tu microbiota, qué composición tienes y cómo puede afectar a un tratamiento o diagnóstico”, asegura Ignacio López-Goñi, catedrático de microbiología de la Universidad de Navarra y autor de Microbiota. Los microbios de tu organismo.

Así, en un futuro no muy lejano, estudiando esa multitud que nos habita, sabiendo más acerca de su composición y riqueza, de si está o no equilibrada, se podrán diagnosticar enfermedades y diseñar cócteles inteligentes de bacterias, adecuados para cada persona. Seremos, tal vez, capaces de dominar a esas multitudes que nos habitan, conscientes e que tenemos que cuidarlas para que, a su vez, nos protejan.

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