Dicen que el propio Albert Einstein tenía colgado, junto a los de Isaac Newton y James Clerk Maxwell, un retrato de Michael Faraday en la pared de su estudio. "Cuando consideramos la extensión y la magnitud de sus descubrimientos y su influencia en el progreso de la ciencia y de la industria, no existen honores que puedan retribuir la memoria de Faraday, uno de los mayores descubridores científicos de todos los tiempos", diría de él afamado físico neozelandés Ernest Rutherford. Y no es para menos. 

Michael Faraday nació en la comunidad rural de Look Butt, ahora parte del sur de Londres, en una familia de cuatro hermanos y de recursos muy escasos. Abandonaría la escuela primaria a una muy temprana edad, en parte por la disconformidad de su madre con los métodos y castigos empleados entonces con los niños, y en parte por la necesidad de aportar recursos a la economía familiar, lo que le llevó a la temprana edad de 14 años a empezar a trabajar, primero como repartidor de periódicos, y un poco más tarde como aprendiz de encuadernador y librero. 

Es entonces cuando un joven Michael Faraday tiene su primer encuentro con la ciencia y, sacando fruto de la coyuntura, a diferencia de otros aprendices, aprovecha para leer algunos de los libros que caen en sus manos durante su desempeño, marcándole profundamente un artículo sobre la electricidad de una tercera edición de la Enciclopedia Británica, el cual le inspiró a realizar sus primeros y toscos experimentos. .

Poco más tarde, Faraday contó con la oportunidad que cambiaría su vida, la cual aprovechó. Su suerte se materializó cuando le ofrecieron asistir a las conferencias del químico Sir Humphry Davy en la Institución Real de Gran Bretaña, en Londres. Tras varias de ellas, Faraday se decidió por encuadernar sus notas y enviárselas al propio Davy, quien tras el despido de uno de sus ayudantes de laboratorio, ofreció el puesto a un Faraday sin estudios oficiales, pero con un velado talento para la ciencia. Tanto es así que a día de hoy se dice, no sin falta de razón, que entre los aportes de Davy a la ciencia, su mayor descubrimiento fue el de Michael Faraday. 

Más que al amparo, a la sombra de Davy, pues en una época marcada por un fuerte clasismo nunca fue considerado por el científico y su esposa como un igual, para el año 1820 Faraday se había convertido en tan buen químico como cualquiera, forjándose una merecida reputación. 

Desde entonces, su vida se convirtió en una sucesión de experimentos y notables descubrimientos, los cuales, los primeros, como la producción de los primeros compuestos de cloro y carbono o el descubrimiento del benceno, se darían en el campo de la química. 

Michael Faraday
Foto: Wellcome Images

A lo largo de la década de 1820 también realizó investigaciones sobre aleaciones del acero, lo que le sirvió para asentar las bases de la metalurgia y la metalografía científica, y un encargo de la Royal Society de Londres para mejorar el vidrio de los telescopios le llevarían a producir un vidrío con un índice de refracción muy alto, lo que posteriormente le conduciría al descubrimiento del diamagnetismo, es decir, la propiedad de los materiales consistente en repeler los campos magnéticos. 

1821, el año en que se casa con su esposa, Sarah Barnard, es también el año en que comenzaría con algunas investigaciones sobre la electricidad y el magnetismo que le llevarían a revolucionar el campo de la física. Así, basándose en los descubrimientos previos de Hans Christian Orsted y André-Marie Ampére, quien respectivamente demostraron que el flujo de una corriente eléctrica a través de un cable inducía un campo magnético, y que este campo magnético era circular, Faraday diseño un dispositivo que le permitía transformar la energía mecánica en eléctrica: la dinamo, el germen del primer motor eléctrico. 

Desde entonces se empleó en numerosos experimentos que implicaban la electricidad, el magnetismo, la química e incluso el sonido, y en 1931 inició a la gran serie de experimentos que lo llevarían a descubrir la inducción electromagnética, cuya demostración estableció que un campo magnético variable generaba un campo eléctrico: lo que hoy se conoce como Ley de Faraday. También sus experimentos le llevaron a relacionar la transformación de energía química en eléctrica y viceversa, dando el pistoletazo de salida a la disciplina de la electroquímica

La carrera científica de Faraday, no obstante, decayó a partir del año 1855, en el cual su mente comenzó a fallar y paulatinamente se hundió en la senilidad. Por sus notables contribuciones a la ciencia, durante los últimos años de su vida la Reina Victoria de Inglaterra le ofreció el título de caballero y una casa en la que pasar el ocaso, honores de los cuales solo aceptó el segundo, conformándose con ser el señor Faraday hasta el final de sus días.