Malaria, el reto final

El parásito de la malaria, causante de más de 400.000 muertes al año, está acorralado, y el objetivo de la OMS es ambicioso: erradicar la enfermedad en 35 países. La ciencia y el trabajo de campo ganan batallas en la lucha contra la enfermedad, pero todavía hay mucho trabajo por hacer.

1 / 10
 ARM5545. Mosquitos transmisores de malaria

1 / 10

Mosquitos transmisores de malaria

En el CISM, una investigadora se dispone a estudiar al microscopio una hembra de Anopheles gambiae . Son las hembras de este mosquito las que se alimentan de sangre y transmiten la malaria. 

Foto: Alfons Rodríguez

 ARM5961. Ensayos biológicos

2 / 10

Ensayos biológicos

Rosa Mouzhinho ayuda al antomólgo Augustino Sitoé a llevar a cabo una serie de bioensayos en la aldea mozambiqueña de Maguiguane. Esta tarea consiste en comprobar la resistencia de los mosquitos Anopheles a los insecticidas aplicados en las viviendas de la zona.

Foto: Alfons Rodríguez

 ARM6318. Labores de sensibilización

3 / 10

Labores de sensibilización

Rosa Mouzinho y una de sus compañeras se desplazan  hasta los hogares de los posibles casos detectados en la aldea de Massinga. Confirman los casos de malaria mediante el test de detección rápida y proceden a suministrar tratamiento al paciente.

Foto: Alfons Rodríguez

 ARM6154. Pulverización

4 / 10

Pulverización

Joane Cossa, integrante de la ONG Tchau Tchau Malaria, se dispone a pulverizar con insecticida el interior de una vivienda. El efecto durará seis meses, durante los cuales no se podrán lavar ni pintar las paredes.

Foto: Alfons Rodríguez

 ARM6514. Test de detección rápida

5 / 10

Test de detección rápida

El test de detección rápida de la Malaria y del virus Plasmodium Falciparum se aplica a los pacientes con síntomas y también a los familiares allegados por el riesgo de contagio. Es lo primero que se hace al llegar a una vivienda con posible caso de contagio.

Foto: Alfons Rodríguez

 ARM5514. Ensayo con mosquitos

6 / 10

Ensayo con mosquitos

Los ejemplares hembra de Anopheles en cautividad se alimentan sobre todo de sangre bovina en las instalaciones del Centro de Investigación en Salud de Manhiça (CISM), en Mozambique. En la imagen se puede apreciar cómo inflan el abdomen debido a la gran cantidad de sangre ingerida durante una sesión de alimentación.

 

Foto: Alfons Rodríguez

 ARM6971. Día de descanso

7 / 10

Día de descanso

Rosa Mouzinho prepara en su casa, en Magude,  la comida para ella y sus hijos el sábado, el único día que tiene para arreglar la casa y dejar todo preparado para la semana siguiente. El Domingo descansará.

Foto: Alfons Rodríguez

 ARM6335. Tratamiento familiar

8 / 10

Tratamiento familiar

Sergio Elias, de 9 años de edad, ha dado positivo en la aldea de Massinga. Además de suministrar tratamiento a él, se le aplicará al resto de la familia para evitar posibles contagios en los próximos días por picaduras del mismo mosquito.

Foto: Alfons Rodríguez

 ARM6267. Libro de registro

9 / 10

Libro de registro

El libro de registro del Centro de Salud de Moine indica un aumento de los casos en la última semana. Los periodos de lluvia y calor suelen traer estas consecuencias. En rojo los nuevos casos de los últimos días. Los equipos de detección pasan primero por los centros de salud locales para revisar los registros y agendarlos en su visita.

Foto: Alfons Rodríguez

Acción comunitaria

10 / 10

Acción comunitaria

En Palmeiras, Mozambique, Hotisha Nhantumbo y Helder Djive, del CISM, convocan a un grupo de vecinos para informar de la construcción de habitáculos para investigar sobre los efectos de los insecticidas en los mosquitos. La sensibilización es vital en la lucha contra la enfermedad.

Foto: Alfons Rodríguez

 ARM6154

Malaria, el reto final

Los ligeros estantes acaparan todas las paredes excepto un hueco dejado para que entre la luz natural. Se hallan en el Centro de Investigación en Salud de Manhiça (CISM), cerca de Maputo, la capital de Mozambique, y están repletos de pequeños recipientes de plástico que contienen una pequeña cantidad de agua donde nadan miles de seres tan diminutos como potencialmente peligrosos. Se trata de pupas (el siguiente estadio de desarrollo de las larvas) de mosquitos del género Anopheles, los cuales actúan como vector de una enfermedad ampliamente distribuida en las franjas tropicales y que afecta especialmente al continente africano: la malaria. Según datos de la OMS de 2017, en el África subsahariana se han contabilizado hasta el 92 % de todos los casos registrados en el mundo, unos 200 millones de un total de 219 millones. De las personas que murieron, unas 435.000, casi todas (un 93 %) eran africanas, y más de la mitad (el 61 %), niños de menos de 5 años.

Un 93% del total de fallecidos por malaria en 2017 eran africanos. Más de la mitad, niños de menos de 5 años

La malaria es una enfermedad causada por unos protozoos parásitos del género Plasmodium que ingresan en el organismo a través de la picadura de las hembras de los mosquitos de diversas especies del género Anopheles; estas, a diferencia de los machos, necesitan alimentarse de sangre para poder madurar los huevos. De parásitos Plasmodium también existen muchas especies, aunque las más abundantes son P. falciparum, que transmite la forma más peligrosa de la enfermedad y prevalece sobre todo en el África subsahariana, y P. vivax, causante de una forma más benigna de malaria y la más prevalente en el resto del mundo. Una vez los parásitos entran en el organismo, pasan por diferentes etapas de su ciclo de vida, incluyendo la que infecta los glóbulos rojos de la sangre, generando un sinfín de consecuencias que pueden desembocar en la muerte.

En Mozambique, uno de los diez países con mayor carga de malaria del mundo (en 2017 se dieron unos diez millones de casos y alrededor de 14.700 personas murieron por esta causa), la enfermedad es endémica en todo el país. Según las zonas, la prevalencia de infección oscila entre el 3% y el 50%. Por ello, en 1996 se erigió aquí el CISM, un centro puntero de investigación palúdica que fue posible gracias al apoyo del Hospital Clínico de Barcelona, la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) y el Ministerio de Salud de Mozambique, bajo el liderazgo del epidemiólogo Pedro Alonso, actualmente director del Programa Mundial de Malaria de la OMS y fundador del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal).

Una de las iniciativas más relevantes que se llevan a cabo en este centro de Mozambique es el programa MALTEM, siglas en inglés de Alianza Mozambiqueña para la Eliminación de la Malaria, que se ha desarrollado entre 2014 y 2019 gracias a la colaboración del Ministerio de Salud de Mozambique, el CISM e ISGlobal, con el apoyo de la Obra Social ”La Caixa” y la Fundación Bill & Melinda Gates.

Las principales herramientas para el control del vector de la malaria en el país son, en primer lugar, el uso de redes mosquiteras impregnadas con insecticida de larga duración y la fumigación intradomiciliaria con insecticidas, explica Matiana González, coordinadora de la Iniciativa para la Eliminación de la Malaria de ISGlobal. En los centros de salud se lleva a cabo el diagnóstico y tratamiento correcto de los casos. En conjunto, estas intervenciones pueden conseguir un importante descenso de la transmisión. El tratamiento se hace con compuestos cuyo fármaco principal es la artemisinina, muy efectivo contra P. falciparum, la especie de parásito presente en esta región. La artemisinina es el fármaco antimalárico que mejor funciona contra la malaria, capaz de acabar con la vida del parásito atacando varias de las proteínas que este necesita para mantener las funciones bioquímicas de su organismo. Aun así, y siguiendo los dictados de la OMS, la artemisinina se suministra en combinación con otros fármacos para evitar que los parásitos desarrollen resistencia, como ocurrió en el pasado con la cloroquina, que se dejó de utilizar cuando el fármaco perdió efectividad.

Sin embargo, todas estas estrategias resultan insuficientes para lograr la eliminación total de la malaria. Por este motivo, lo que persigue el programa MALTEM «es probar si es posible eliminar la malaria en esta zona con una estrategia concreta, algo que nunca se ha logrado en el África subsahariana», apunta Matiana González. El programa piloto de dicha iniciativa se ha llevado a cabo en el distrito de Magude, una zona húmeda del sur del país de más de 7.000 kilómetros cuadrados donde viven unas 63.000 personas. Aquí aproximadamente el 10% de la población está infectada de malaria. «En Magude hemos realizado cuatro rondas –dos veces, con aproximadamente un mes de diferencia durante dos años consecutivos– de una administración masiva de fármacos como estrategia de eliminación, además de las actividades regulares, que incluyen la fumigación y distribución de mosquiteras im--pregnadas», añade González.

Después de esta fase, un equipo de técnicos de campo realiza una actividad que se denomina REACT (Reactive Case Detection), cuyo fin es detectar los casos de malaria en el distrito y, una vez identificados, desplazarse a las casas afectadas para diagnosticar y tratar a todas las personas que viven allí y que, por tanto, tienen riesgo de haberse infectado. Rosa Mouzinho es una de esas técnicas que a diario recorre grandes áreas del territorio. Para Rosa, madre soltera, combatir la malaria y cuidar de sus tres hijos es lo más importante y asegura que «no es fácil encontrar el equilibrio entre estas dos responsabilidades tan grandes». Pero haber conseguido este puesto de responsabilidad la llena de orgullo y cada día al alba inicia su ruta de control. En alguna ocasión también acompaña a los trabajadores de entomología en la recolecta de larvas de mosquito, que suelen encontrar en las charcas de lluvia estacionales utilizadas normalmente como abrevaderos para el ganado. Las larvas recolectadas en los recipientes plásticos van a parar al insectario del CISM, donde hasta 10.000 larvas y pupas clasificadas por edades se desarrollarán hasta convertirse en mosquitos adultos. El objetivo es estudiar qué especies de mosquitos del género Anopheles están presentes en cada zona, si están infectados o no y medir su resistencia a los insecticidas.

Los bebés, los niños menores de cinco años y las mujeres embarazadas son las personas más vulnerables a la malaria. En los dos primeros casos, el motivo es porque todavía no han desarrollado ninguna inmunidad frente a la enfermedad. Y en lo que concierne a las mujeres gestantes infectadas, el riesgo de complicaciones para la madre y el bebé es mayor. Con los años, y tras infecciones reiteradas de malaria, la inmunidad se incrementa, aunque nunca llega a ser del 100 %.

Por su parte, las investigaciones relativas a la vacuna de la malaria, que dieron comienzo hace casi 40 años, siguen avanzando. La RTS,S, la primera vacuna contra la malaria evaluada positivamente por la OMS y la Agencia Europea del Medicamento, se está probando en tres proyectos piloto a gran escala en el África subsahariana desde 2018.

Todavía queda mucho camino por recorrer en la lucha contra la malaria. Aunque entre 2000 y 2015 disminuyeron un 41% los casos a nivel mundial, y un 62% el número de muertes por esta enfermedad infecciosa, lo cierto es que en los dos últimos años se ha registrado un aumento de casos en determinadas zonas geográficas. Pero mientras la ciencia y el trabajo de campo van ganando batallas año tras año, también aparecen en el horizonte nuevos peligros, como la resistencia a los insecticidas y la resistencia a los antimaláricos. Otro factor que puede favorecer la expansión de mosquitos procedentes de tierras tropicales hacia zonas de clima templado es el calentamiento global, y el riesgo asociado al gran movimiento poblacional desde regiones endémicas a otras que no lo son. No olvidemos que no hace tanto tiempo que en Europa la malaria causada por Plasmodium vivax estaba presente en muchos países. Alemania se declaró libre de malaria en 1950; España, en 1962, y Portugal y Grecia, en 1973.

Frente a todas las adversidades, la lucha continúa gracias al esfuerzo y la perseverancia de muchísimas personas. Entre ellas, los científicos del CISM e ISGlobal, que se dedican a investigar y analizar miles de datos ante un microscopio o un ordenador, mientras muchos otros investigadores y técnicos, como Rosa Mouzinho, siguen recorriendo el territorio, pisando fango, administrando fármacos e incluso, en algunos experimentos aislados, alimentando mosquitos con su propia sangre para ganar esta última batalla: la erradicación de la malaria. 

Compártelo

¿Deseas dejar de recibir las noticias más destacadas de National Geographic España?