Dormir es una de las tareas más importantes que realiza nuestro cuerpo. Dormir nos ayuda a recordar mejor, a no enfermar, a limpiar las células, a mantener en niveles sanos la temperatura corporal y a modular nuestro estado de ánimo. Es la clave para una vida sana y para mantener una salud de hierro. Sin embargo, en nuestra sociedad frenética, solemos concebir este crucial periodo de descanso como un enemigo, un estado que nos roba productividad y ocio.

“Parece como si estuviésemos en medio de un ensayo mundial sobre las consecuencias negativas de la privación de sueño”, afirma Robert Stickgold, director del Centro del Sueño y la Cognición de la Facultad de Medicina de Harvard, haciendo referencia a los niveles de epidemia que ha alcanzado el desfase entre nuestro modo de vida y el ciclo solar.

Somnolencia alterada: la culpa es de la luz

Uno de los principales elementos que afecta a nuestro reloj interno y que desequilibra nuestro sueño es la luz artificial. Vivimos en una sociedad hiperiluminada, rodeados de luces urbanas, lámparas, televisiones, portátiles, móviles. Desde que nos despertamos hasta que nos vamos a dormir, pasamos decenas de horas frente a dispositivos que irradian esta luz, una luz completamente ajena a la del ciclo natural del sol. Durante el día, el impacto recibido por esta luz no es negativo, sin embargo, por la noche, esta se puede llegar a convertir en algo realmente nocivo.

Cuando nos exponemos a luces artificiales antes de ir a dormir, nuestro cuerpo deja de liberar la melatoninanecesaria para inducirnos al sueño, alterando así nuestro descanso. Por esta razón, actualmente, muchos dispositivos tecnológicos de pantalla integran un filtro de luz azul (función “modo noche”) que disminuye la emisión de este tipo de luz.

Cuanto más azul y brillante sea la luz, más posibilidades hay de que se altere nuestro ciclo de sueño.

Cuanto más azul y brillante sea la iluminación, mayor es la posibilidad de que se inhiba la liberación de melatonina y que esto perturbe nuestro ciclo de sueño, especialmente cuando nos exponemos a esta iluminación de noche y de cerca, usando pantallas electrónicas.

El uso de una tableta o de un smartphone antes de dormir, por ejemplo, pueden retrasar nuestro sueño nocturno 96 y 67 minutos respectivamente. Otras luces menos azules, como las provenientes de e-readers o bombillas, retrasan nuestro sueño 58 y 55 minutos respectivamente. Por el contrario, la luz de una vela, radicalmente distinta a la que irradia un dispositivo tecnológico, no altera de ninguna manera nuestro sueño.

La luz azul altera nuestro ciclo de sueño.
Foto: Istock

El color de la luz informa al cerebro

En el laboratorio de Steven Lockley en el Brigham and Women's Hospital in Boston (EE.UU.) han estudiado la luz y cómo ciertas longitudes de onda, al llegar a nuestros ojos, afectan al cerebro, la conducta y la fisiología. Así, gracias a distintos experimentos, han podido determinar de qué distintas maneras nos afectan los colores de la luz y, por lo tanto, cuáles son mejores y peores antes de dormir.

Desde el laboratorio han confirmado que la luz roja es la mejor opción para la noche, ya que esta tiene la menor capacidad de fomentar el estado de alerta o resetear nuestro reloj biológico de 24 horas. En cambio, la luz azul (de onda corta), la que nos ilumina con el sol de mediodía y la de las pantallas de los ordenadores, es la que más perturba nuestro ciclo, sobre todo de noche, cuando necesitamos que la oscuridad nos induzca al sueño.

Todas las conclusiones apuntan a una fácil solución: antes de ir a dormir, alejémonos de las pantallas yapaguemos el móvil. Las luces azules nos roban el sueño. Y dormir más y mejor es vital para nuestro rendimiento y nuestra salud.

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