La importancia de la luz en el reloj biológico

El cambio de hora nos hace preguntarnos: ¿es realmente importante para nuestro organismo? El reloj biológico es un mecanismo extremadamente complejo en el que entran en juego muchos factores, hormonas y partes de nuestro cuerpo pero en el que la luz es la gran protagonista.

El poder de la luz artificial

El poder de la luz artificial

Foto: Magnus Wennman

Interrupción de la vida

Dos veces al año hay que cambiar los relojes de toda la casa. En primavera se adelantan una hora y en otoño se atrasan otra. Más allá de su importancia de cara al ahorro de electricidad lo verdaderamente importante para nuestro cuerpo es la reducción o ampliación de las horas de luz a las que estamos expuestos. ¿Cómo afecta la luz a nuestro organismo?

El núcleo supraquiasmático (NSQ) es el reloj central del organismo y, esencialmente, se pone en hora a través de la luz que captan los ojos. Unas células especializadas de la retina detectan su presencia y envían esta información al NSQ que, al recibir la señal, interpreta que es de día. Esto pone en marcha una serie de cambios químicos en la glándula pineal y otras partes del cerebro: se libera serotonina, conocida como la hormona de la felicidad y también se suprime la producción de melatonina, la hormona que induce el sueño.

En ausencia de luz el NSQ no recibe el aviso de las células de la retina y eso le da la pista de que es de noche. entonces se libera melatonina, que hace que la temperatura corporal baje y que muchos órganos permanezcan en reposo, lo que facilita la conciliación del sueño.

Por eso recibir luz durante las 24 horas altera el reloj biológico. Del mismo modo, estar expuesto a la oscuridad continuamente también influye en el ritmo vital. El ciclo sueño-vigilia en turnos diurnos y nocturnos es determinante en esta sincronía. Igual que también lo es seguir las horas de las comidas. Son señales que el cuerpo recibe para desencadenar toda una serie de procesos.

El reloj biológico paso a paso

  1. Las células de la retina detectan los estímulos luminosos.
  2. El hipotálamo aloja el reloj central, el núcleo supraquiasmático, con 20.000 neuronas que determinan si hay ausencia o presencia de luz y generan un aviso.
  3. La señal recorre un largo camino: la primera parada es un ganglio cervical
  4. Desde el ganglio cervical la señal viaja de nuevo hacia el cerebro alcanzando la glándula pineal, que segrega más melatonina si la señal es de ausencia de luz.
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