Los padrazos del mundo de los anfibios

Los machos de una extraña especie de rana de Borneo cuidan de los huevos con devoción y rechazan aparearse con más hembras.

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IMG 1482. Macho al cuidado de una puesta

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Macho al cuidado de una puesta

Un macho de la especie Limnonectes palavanensis cuida de la puesta con devoción. Según un nuevo estudio, los machos de esta especie permanecen todo el tiempo al cuidado de la prole. Evitan salir en busca de alimento o incluso buscar hembras apara aparearse.

Foto: Cortesía de Johana Goyes

Macho de rana al cuidado de renacuajos

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Macho de rana al cuidado de renacuajos

Un macho de la rana Limnonectes palavanensis transporta una camada de renacuajos a sus espaldas. Según la ecóloga evolutiva Johana Goyes, autora de una investigación sobre el comportamiento de estas ranas, la extensión del cuidado parental podría deberse a la falta de espacio disponible para dejar a las crías.

Foto: Cortesía de Johana Goyes

Macho de rana al cuidado de renacuajos

Los padrazos del mundo de los anfibios

En muchas especies de rana son los machos los encargados de cuidar de las crías. Sin embargo, los científicos han descubierto en la selva tropical de Borneo un caso que sobrepasa todos los límites de esa devoción por el cuidado de la prole. Se trata de los machos de la especie Limnonectes palavanensis, los cuales apenas se mueven o comen durante días mientras se dedican con determinación al cuidado de los huevos o de los renacuajos, y a quienes parece que no les interesa aparearse con más hembras.

Según Johana Goyes Vallejos, ecóloga del comportamiento en la Universidad de Kansas y autora de un estudio publicado recientemente en la revista Journal of Natural History, al menos un 10 por ciento de los anuros (sapos y ranas) cuidan de sus crías. Una labor que incluye la vigilancia y el transporte de los huevos -como hace, por ejemplo, el sapito partero (Alytes obstetricans) presente en la península Ibérica-. En casi dos terceras partes de los casos, son los machos los que se encargan del cuidado parental.

Sin embargo, el cuidado de la familia no implica dejar de lado las obligaciones reproductivas. Los sapos estudiados hasta la fecha seguían buscando hembras con las que aparearse mientras cuidaban de los huevos, e incluso se hacían cargo de varias puestas a la vez. Pero el macho de Limnonectes palavanensis no parece interesado en nada que no sea vigilar con denuedo de sus vástagos, aunque se le ponga una hembra a tiro.

Para estudiar el comportamiento de esta especie, Goyes Vallejos capturó algunos ejemplares de Borneo y observó cómo se apareaban en terrarios de cristal. En seis de los nueve casos estudiados, el macho se quedó todo el tiempo al cuidado de la puesta. En los otros casos, ellos no prestaban atención a los huevos sencillamente porque estos no habían sido fertilizados.

“La diferencia principal es la intensidad con la que esta especie practica el cuidado parental - dice la investigadora- . En otras especies, los machos vigilan la puesta durante la noche, pero de día buscan refugio, o salen a por comida o en busca de otras hembras con las que aparearse –apunta la investigadora–. Pero durante el estudio Limnonectes palavanensis no se movió en ningún momento”.

Goyes Vallejos, quien grabó el comportamiento de estos anfibios durante todo el desarrollo de los huevos hasta su eclosión, descubrió que además de no separarse de su prole, los machos tampoco proferían llamadas a las hembras para aparearse. Es más, eran ellas las que llamaban a los machos, y no al revés, como suele suceder en otras especies.

“En el bosque tropical de Borneo era mucho más fácil localizar a las hembras que a los machos a través del canto, aunque ellos cantaban más fuerte” asegura la científica, quien apunta que, aunque todavía no sabe exactamente cuál es su función, este cambio en el comportamiento vocal de la especie podría indicar una inversión de roles sexuales.

Goyes Vallejos espera recabar más datos que puedan verificar dicha hipótesis, aunque apunta a otra posible causa del extraño comportamiento de Limnonectes palavanensis. En un estudio anterior descubrió que los lugares seguros donde dejar a los renacuajos son escasos. Esa falta de disponibilidad de espacio podría provocar que “tan rápido los sueltan, tan rápido vuelven a aparearse. El hecho de que no haya muchos de esos sitios hace que los machos se demoren mas en "volver al ruedo". Mientras tanto, las hembras listas para aparearse son más abundantes, lo que hace que tengan que competir por acceso a los pocos machos que estan disponibles", dice la investigadora. Al parecer, el problema de estos padrazos es que no encuentran el momento de que sus vástagos se vayan por fin de casa.

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