¿Cuántos medicamentos guardas en casa?

Personas de todo el planeta vacían sus botiquines para revelarnos su contenido

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California

Lara Reaves, quien tiempo atrás estuvo aquejada de bulimia y anorexia, conserva extractos, productos farmacéuticos y suplementos que alguna vez le ayudaron durante su tratamiento. Ahora trabaja con otras personas que sufren trastornos de la alimentación.
 

Foto: Gabriele Galimberti

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Costa Rica

Los italianos Piero Galanti y Katuscia Gazza hacen acopio de medicamentos en caso de que sean necesarios más tarde. En vacaciones en Costa Rica, mostraron su farmacia de viaje, que incluye cremas con antibióticos y medicamentos para las infecciones por hongos y la artritis reumatoide.
 

Foto: Gabriele Galimberti

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Lituania

En Lituania, Aliona Andriejauskiene y Arunas Andriejauskas creen en los poderes curativos de la naturaleza. Buscan hierbas, hongos y bayas en el bosque cerca de su casa. Tienen pocos productos farmacéuticos que no sean naturales.
 

Foto: Gabriele Galimberti

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Suiza

Charles Frôté tiene una afección que le hace perder peso sin importar qué tan alto sea su consumo de calorías. Mientras espera una cura, conserva todas las píldoras que le han recetado.
 

Foto: Gabriele Galimberti

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Estados Unidos

Marco Segato y Vittoria Ruzzi, oriundos de Italia, viven con sus hijos en Miami. En su país de origen tenían acceso a sistema sanitario público y universal. Ahora la familia recibe atención médica como lo hacen la mayoría de los estadounidenses que tienen cobertura, a través de varios proveedores y aseguradores privados. La mayoría de sus medicamentos son productos estadounidenses.
 

Foto: Gabriele Galimberti

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¿Cuántos medicamentos guardas en casa?

Siempre que en sus viajes conoce a alguien, Gabriele Galimberti le formula la misma pregunta: ¿me deja ver qué guarda en el botiquín? A algunos les da pudor, pero otros lo abren muy ufanos. «Los medicamentos revelan la identidad de sus dueños –asegura el fotógrafo–. Sus deseos, necesidades, enfermedades. Es algo muy íntimo».

¿Qué dicen de nosotros los medicamentos que guardamos en nuestra casa? Para empezar, cuál es nuestro nivel económico. Los botiquines de los países desarrollados suelen estar abarrotados de fármacos, todo lo contrario que en los menos desarrollados. El fotógrafo conoció a una haitiana que no tenía ni una pastilla en casa: «Si enfermo, se la compro al vendedor callejero», le dijo.

La serie sobre botiquines caseros «Home Pharma» (la farmacia doméstica) se enmarca en un proyecto más amplio llamado «Happy Pills» (las píldoras de la felicidad), en el que Galimberti y tres colegas más documentan la eterna búsqueda de la felicidad por parte del ser humano a través de la química. Tomamos pastillas para tener más fuerza, para dormir más (o a veces menos), para envejecer más despacio, para ser más viriles, para favorecer el embarazo, para evitarlo… Los motivos que inducen a comprar –y a acumular– medicinas son igualmente variopintos: porque son baratas o porque una atención médica más avanzada es cara, porque vivimos más tranquilos si estamos preparados, porque nos las recetaron y ahora no sabemos cómo tirar el sobrante.

Abrir un botiquín es asomarse a una cultura. En París y Nueva York, Galimberti vio grandes cantidades de antidepresivos y ansiolíticos. Los indios tienden a escoger medicamentos con etiqueta india, al margen de su calidad o potencia. Los botiquines africanos contenían fármacos chinos, a menudo sin etiqueta.

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