Usando la información recopilada de una excavación arqueológica del siglo XIX, así como las reconstrucciones faciales forenses realizadas en la década de 1930, un grupo de investigadores ha empleado tomografías computarizadas (TC) para crear una aproximación digitalizada del rostro de una mujer del Paleolítico.

El problema es que el cráneo que se usó para realizar la reconstrucción digital no estaba completo: faltaba la mandíbula inferior. Para rellenar este vacío de información, los investigadores recurrieron a datos sobre mandíbulas humanas modernas, lo que permitió ir suponiendo, paso a paso, cómo podría haber sido la mandíbula original.

Una vez que obtuvo una imagen digital completa del cráneo, el siguiente pasó consistió en extender la carne por encima del cráneo. Para ello, se empleó una serie de marcadores de grosor de tejido blando que permitía indicar los límites de la piel en algunas regiones del rostro.

Los marcadores proceden de registros estadísticos extraídos también de individuos vivos, pero tienen sus limitaciones, porque no informan con detalle del tamaño de los ojos, de la boca o de la nariz. Con todo, estamos ante una reconstrucción asombrosa, habida cuenta de que estamos ante un fósil extraordinariamente antiguo.

El origen del cráneo de Mladeč 1

En 1881, los arqueólogos desenterraron el cráneo de un humano en las profundidades de una cueva en Mladeč, un pueblo en lo que ahora es la República Checa. La excavación original en este sitio de la Edad de Piedra también permitió descubrir herramientas de piedra, puntas de huesos y un buen número de dientes.

En aquel momento, los investigadores fecharon el cráneo hace unos 31.000 años y clasificaron al individuo como masculino (en vez de femenino), convirtiéndolo así en uno de los Homo sapiens más antiguos encontrados en Europa.