Cada año parece más común que las olas de calor azoten el planeta durante el periodo estival. En los últimos años se han cosechado varios récords en América del Norte. Por ejemplo, los 49,6 ºC que se registraron en 2022 en la localidad canadiense de Lytton, o los 47,2 ºC que alcanzaron los termómetros en Montoro (Córdoba, España) en 2017, convirtiéndose en el récord de temperatura máxima en España. Sin embargo, un nuevo estudio publicado en Science Advances señala que en nuestro planeta ha habido olas de calor mucho más extremas que las registradas en los últimos años, y que prácticamente han pasado desapercibidas.

Un nuevo sistema para cuantificar las olas de calor

El grupo de científicos de la Universidad de Bristol que lideraron el estudio, para llegar a esta conclusión, ha utilizado una nueva metodología para cuantificar las olas de calor y valorar su importancia. Los datos comparados desde la década de 1960 indican la existencia de cinco grandes fenómenos en diversas partes del mundo. Sin embargo, hasta ahora no se habían tenido en cuenta por la escasa repercusión mediática que tuvieron.

Para llevar a cabo el estudio, los científicos realizaron una división regional teniendo en cuenta las diferencias de temperatura de distintas zonas, ya que los valores térmicos no tienen el mismo impacto en las distintas regiones del planeta. En función a ellas, se calculó la temperatura máxima diaria promedio durante los episodios de calor, y por último se clasificó su importancia en función al número de desviaciones estándar respecto a la media de la década anterior.

"Es probable que los eventos de calor extremo aumenten en magnitud durante el próximo siglo" apunta Vikki Thompson, autora principal del estudio.

"La ola de calor del oeste de América del Norte en 2021 será recordada por su devastación generalizada. Sin embargo, el estudio expone varios extremos meteorológicos mayores en las últimas décadas, algunos de los cuales pasaron desapercibidos, probablemente debido a que ocurrieron en países más desfavorecidos", afirma la Dra. Vikki Thompson, autora principal del estudio. Los resultados señalan que la peor ola de calor se habría producido en el sudeste asiático en abril de 1998, donde se alcanzaron los 32,8 ºC. Tras esta, le sigue Brasil en noviembre de 1985, donde sus máximas llegaron a los 36,5 ºC y la registrada en el sur de Estados Unidos en julio 1980, donde se llegó a los 38,4 ºC.

Foto: Science Advances

Mapa que indica la magnitud de los mayores extremos de temperatura desde 1950 en cada región, expresado en términos de desviación de las temperaturas medias.

El trabajo no se ha basado en los extremos absolutos de temperatura, sino en el impacto del exceso de calor con respecto a la variabilidad de la temperatura local. "Es importante evaluar la gravedad de las olas de calor en términos de la variabilidad de la temperatura local, porque tanto los humanos como el ecosistema natural se adaptarán a esto, por lo que en las regiones donde hay menos variación, un extremo absoluto más pequeño puede tener efectos más dañinos", señala la investigadora.

Un planeta más caluroso en el futuro

Además, el grupo de investigación utilizó proyecciones de modelos climáticos avanzados para prever las tendencias de las olas de calor para el resto de este siglo. La simulación ha señalado que se producirá un aumento en los niveles de intensidad de las olas de calor y se prevé que se incrementen en relación con la subida de las temperaturas globales.

Cambio proyectado en el período de retorno del calor extremo occidental de América del Norte
Foto: Science Advances

Cada década se centra en el valor del eje x. Las simulaciones son del CanESM5, utilizando tres escenarios futuros diferentes y 50 miembros del conjunto para cada escenario. Los valores son la probabilidad de un evento en un día determinado (JJA) por año. Las líneas verticales representan la incertidumbre, calculada como el rango de los miembros individuales del conjunto.

Aunque las temperaturas locales más elevadas no tienen esencialmente el impacto más significativo, contribuyen al estudio. Mejorar el conocimiento de los extremos climáticos y el lugar donde se han producido podría ayudar a priorizar los esfuerzos para ayudar a gestionar estos problemas en las regiones altamente vulnerables.

"El cambio climático es uno de los mayores problemas de salud global de nuestro tiempo, y hemos demostrado que muchas olas de calor fuera del mundo desarrollado han pasado en gran medida desapercibidas. La carga del calor sobre la mortalidad con respecto a cada país puede ser de miles de muertes, y los países que experimentan temperaturas fuera de su rango normal son los más susceptibles a estos choques", sentencia Dann Mitchell, profesor de Ciencias del Clima en la Universidad de Bristol.