Hace 200 millones de años los dinosaurios dominaban la Tierra y pese a las múltiples teorías sobre su extinción, hoy sabemos que no todos los dinosaurios desaparecieron de la faz de nuestro planeta; simplemente se mudaron de hábitat y hoy son los auténticos dueños del cielo. Durante mucho tiempo ha existido el debate de si las aves son los descendientes de los dinosaurios. El primero en proponer esta teoría de una forma científica y convincente fue el biólogo y filósofo Thomas Henry Huxley, conocido como el Bulldog de Darwin por la defensa acérrima tanto del que fuera su amigo como de su teoría de la Evolución.

Hoy, no obstante, las aves son consideradas no solo descendientes de los dinosaurios, sino dinosaurios en esencia. No hay ninguna duda y en la actualidad el debate gira en torno a los detalles, según el paleontólogo del Museo Americano de Historia Natural, Aki Watanabe. Sin embargo, la idea de que los dinosaurios se parecieron más a los reptiles que a la aves es difícil de desterrar, pese a que son dos familias muy diferentes. Los reptiles cohabitaron con los dinosaurios, sin embargo, sus características, tanto físicas como genéticas difieren enormemente, por lo que no pueden ser considerados parientes.

Por el contrario, los dinosaurios son genéticamente mucho más parecidos a la aves. De hecho, una buena forma comprender el grado de parentesco entre ambos, es fijarnos en nosotros mismos: decir que las aves son a los dinosaurios lo que el Homo sapiens es a sus antepasados primates es una buena manera de entender de donde procede su linaje. De hecho, los hallazgos científicos sostienen que las aves y los dinosaurios tienen un eslabón en común que sobrevivió a la extinción dando lugar a todas las aves actuales.

Hoy en en día este eslabón perdido sigue sin aparecer, sin embargo, como decíamos, son numerosas las evidencias que conectan a las aves con los dinosaurios y que en la actualidad nos permiten decir casi sin miedo a equivocarnos que las aves son dinosaurios. Por ejemplo, en el año 1861 fue hallado el que es considerado el ave más antigua conocida, una especie bautizada como Archaeopteryxque presentaba plumas y otros rasgos de las aves actuales, así como los vestigios de un pasado reptiliano, como garras en las alas, dientes en la boca y una larga cola ósea. Pero no es hasta millones de años más tarde, durante el Jurásico, que han aparecido en China los primeros restos fósiles de dinosaurios verdaderamente parecidos a las aves, muchos de ellos caracterizados por tener plumas y protoplumas, un rasgo que compartían con dinosaurios como el Tiranosaurio rex.

De hecho, hoy los científicos han llegado a la conclusión de que características como las plumas de tipo aviano no podrían haber surgido en las aves de no existir ningún tipo de parentesco con los dinosaurios. Pero no todo acaba ahí, dado que dinosaurios y aves comparten otras características comunes como son un cerebro relativamente grande en comparación con sus masas corporales, unos huesos huecos que los hacían más ligeros, o las llamadas fúrculas, una pieza ósea en forma de "V" que presentan las aves entre el cuello y el pecho, formada por la unión de las dos clavículas. También muchos dinosaurios eran de sangre caliente.

Otra cuestión importante, es la que trata de dilucidar el modo en el que las aves dominaron el cielo. Según algunas teorías, las primeras plumas de las aves no tuvieron la función de volar, si no, tal vez, una función termorreguladora, comunicativa o sexual. Sin embargo, algunos fósiles sugieren la posibilidad de que las aves actuales evolucionarán a partir de un ancestro planeador, es decir, la capacidad de volar, al igual que puede observarse en algunas especies de mamíferos y reptiles en la actualidad, nació en los árboles a partir de alguna especie planeadoras. Luego la evolución haría el resto, permitiendo que las distintas especies de aves desarrollaran las adaptaciones necesarias para adaptarse a cada uno de los hábitats hacía los que se irradiaron y dando lugar a una nueva explosión de especies. Esta versatilidad fue muy probablemente la que propició que las aves sobrevivieran al cataclismo que acabó con el resto de los dinosaurios, propiciando que pudieran refugiarse en distintos lugares u obtener alimento en algunos de los ecosistemas acuáticos que escaparon a la catástrofe.