Un diente de rinoceronte de hace 1,7 millones de años tiene la clave de la evolución

Un estudio publicado recientemente en la revista científica Nature ha mostrado los resultados de la secuenciación de las proteínas del diente de un rinoceronte hallado en la cueva de Dmanisi, en Georgia, y que vivió hace 1.700.000 años. El hallazgo servirá para que los científicos reconstruyan la evolución de las especies.

Calavera de Stephanorhinus encontrada en la cueva de Dmanisi, Georgia.

Calavera de Stephanorhinus encontrada en la cueva de Dmanisi, Georgia.

Foto: Mirian Kiladze, Georgian National Museum

Calavera de Stephanorhinus encontrada en la cueva de Dmanisi, Georgia.

Hasta ahora, la secuenciación del ADN antiguo ha permitido a los científicos obtener una gran cantidad de información sobre la evolución de la vida en nuestro planeta, aunque su obtención muchas veces resulta complicada y no siempre es posible hacerlo. Hasta la fecha, el genoma más antiguo secuenciado de un ser que ha pisado la Tierra es el de un caballo canadiense que vivió hace 700.000 años, en el permafrost, cerca del Ártico. Y entre los homínidos, la secuenciación más antigua que se ha obtenido es la de un Homo heidelbergensis que vivió en la sierra de Atapuerca, en Burgos, hace 400.000 años.

Pero los científicos han demostrado que no sólo el ADN es capaz de proporcionar lecturas de datos genéticos. Un equipo internacional formado por 48 investigadores, entre ellos dos profesores del IPHES (Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social), en Tarragona (Bienvenido Martínez-Navarro y Jordi Agustí), y de las universidades de Cambridge y de Conpenhague acaban de publicar en la revista Nature un fascinante estudio en el que se ha obtenido un nuevo récord en la lectura de datos genéticos con la secuenciación de las proteínas procedentes del diente de un rinoceronte descubierto en la cueva de Dmanisi, en Georgia, que vivió hace 1.700.000 años.

Los científicos han logrado secuenciar las proteínas de un diente de rinoceronte hallado en la cueva georgiana de Dmanisi y que vivió hace 1.700.000 años

Una técnica revolucionaria

El equipo investigador ha utilizado una tecnología novedosa llamada espectrometría de masas para analizar el diente de este animal (Stephanorhinus etruscus). Este tipo de rinoceronte extinto, medía unos 2,5 metros, disponía de dos cuernos, vivió en la región de Eurasia durante el Pleistonceno y estaba muy bien adaptado para moverse en grandes espacios abiertos.

Como resultado, se han podido averiguar más datos sobre su linaje, como por ejemplo que está emparentado con el rinoceronte lanudo (Coelodonta antiquitatis) y, según el paleontólogo Jordi Agustí, del IPHES, es un ancestro del actual rinoceronte de Sumatra, que se halla en peligro de extinción.

Mediante la espectrometría de masas se ha logrado descubrir que el rinoceronte de Dmanisi estaba emparentado con el extinto rinoceronte lanudo y con el actual rinoceronte de Java

Las repercusiones del éxito en la secuenciación de proteínas son enormes para el estudio evolutivo. El ADN sobrevive unos cientos de miles de años, pero las proteínas pueden mantenerse en buen estado durante millones de años, y la información que se obtiene de ellas es igual de fiable que la que podemos obtener del ADN. Como explica Jordi Agustí, "con las proteínas no se puede reconstruir un individuo, pero sí establecer relaciones de unos grupos con otros. Además, el esmalte de dientes es un material duradero, abundante en los fósiles, que proporciona más información genética que el colágeno, la única otra proteína hasta ahora recuperada de fósiles de más de un millón de años".

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Información genética más antigua

Estos resultados abren una nueva vía de investigación en el estudio de la evolución de las especies que alguna vez han vivido sobre la Tierra, incluida la nuestra. Los datos de ADN de diferentes especies de humanos sólo cubren los últimos 400.000 años, pero los linajes que condujeron a los humanos modernos y al chimpancé (la especie más parecida genéticamente a nosotros) se separaron hace unos siete millones de años, por lo que no disponemos en este momento de información genética para más del 90% del camino evolutivo que condujo al Homo sapiens. Además, los vínculos genéticos de los humanos modernos con otras especies extintas de homínidos, como el Homo erectus, tampoco se comprenden bien. Sólo disponemos de información anatómica, pero no genética.

Estos resultados abren una nueva vía de investigación en el estudio de la evolución de las especies que alguna vez han vivido sobre la Tierra, incluida la nuestra

Los autores del estudio, como el genetista evolutivo Eske Willerslev, de las Universidades de Cambridge y Copenhague, uno de los firmantes principales, creen que estos resultados revolucionarán los métodos de investigación de la evolución en nuestro planeta. Tal como apostilla Jordi Agustí: "El fósil de rinoceronte viene de Dmanisi, un lugar donde se han encontrado los homínidos más antiguos de Eurasia, los primeros que salieron de África. Se ha abierto una vía de investigación fantástica".

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