Cymbospondylus youngorum: el primer gigante de la Tierra fue un ictiosaurio

¿Cómo se convirtieron los reptiles marinos en colosos oceánicos? El cráneo de 2 metros de una especie de ictiosaurio gigante recién descubierta arroja nueva luz sobre este proceso a la vez que ayuda a comprender como los cetáceos modernos han llegado a ser los animales más grandes que jamás han poblado la Tierra.

Recreación del hábitat de C. youngorum en los océanos de Nevada durante el Triásico Tardío, hace 246 millones de años.

Recreación del hábitat de C. youngorum en los océanos de Nevada durante el Triásico Tardío, hace 246 millones de años.

Foto: Stephanie Abramowicz

Hubo un tiempo en que los dinosaurios dominaron la Tierra es una frase que hemos de tomar de manera literal pues, mientras que estos disfrutaron de su hegemonía en suelo firme, en el reino de los océanos las reglas fueron dictadas por otro tipos de reptiles marinos: los ictiosaurios. Con todo tipo de aletas y formas corporales hidrodinámicas en constante evolución que hoy pueden apreciarse tanto en peces como en ballenas, los ictiosaurios habitaron los océanos de la antigüedad durante casi la totalidad de la era de los dinosaurios.

Su diversidad fue tan colosal como su tamaño, y es por ello quizá que el paleontólogo de la Universidad de Bonn, Martin Sander, explica que "desde los primeros descubrimientos hace más de 250 años de esqueletos de ictiosaurios en el sur de Inglaterra y Alemania, estos 'peces-saurios' estuvieron entre los primeros grandes reptiles fósiles conocidos por la ciencia”. “De hecho son conocidos desde mucho antes que los dinosaurios, momento desde el cual la imaginación popular no ha dejado teorizar sobre diversos aspectos de su biología”, añade el también investigador asociado del Instituto de Dinosaurios del Museo de Historia Natural de Los Ángeles y autor de un artículo que bajo el título Early giant reveals faster evolution of large body size in ichthyosaurs than in cetaceans se publica recientemente en la revista Science.

El trabajo dirigido por Sander se basa en la descripción de un nuevo fósil hallado en las montañas Augusta de Nevada, en Estados Unidos, concretamente en un afloramiento rocoso conocido como Fossil Hill Member. Se trata de un cráneo de 2 metros de longitud bien conservado y hallado junto a partes de la columna vertebral, el hombro y la aleta delantera de uno de estos animales. Los restos fósiles se remontan al Triásico Medio, hace entre 247 y 237 millones de años, y representa el primer ictiosaurio de proporciones épicas, además del más antiguo jamás hallado.

Cymbospondylus youngorum es el ictiosaurio de dimensiones épicas más antiguo jamás encontrado

Tan grande como un gran cachalote, con más de 17 metros de largo, el recién nombrado Cymbospondylus youngorum es, hasta que nuevas evidencias demuestren lo contrario, el animal más grande descubierto hasta ahora para ese período de tiempo, ya sea en tierra o bien en el mar.

La voluntaria de NHM, Viji Shook, posa junto al cráneo de C. youngorum

La voluntaria de NHM, Viji Shook, posa junto al cráneo de C. youngorum

Foto: Martin Sander / NHM

Desenterrado al primer coloso de los océanos

Cymbospondylus youngorum se trata, de hecho, de la primera criatura gigante que habitó la Tierra que conocemos. “La importancia del hallazgo no fue evidente de inmediato”, señala Sander, “porque solo unas pocas vértebras quedaron expuestas en el costado del cañón. Sin embargo, la anatomía de las vértebras sugirió que la parte delantera del animal aún podría estar escondida entre las rocas”, continúa. “Al tiempo de su descubrimiento, un frío día de septiembre de 2011, guiándose por lo que parecía indicar la posición de los restos, el equipo finalmente encontró el cráneo, las extremidades anteriores y la región del pecho de Cymbospondylus", añade.

Pero eso no es todo lo que conocemos sobre esta criatura. Desde 1902 los paleontólogos han estado recuperando fósiles en Fossil Hill Member abriendo una ventana al Triásico. Estas montañas conectan nuestro presente con océanos antiguos y en sus estratos se han conservado los fósiles de diversas especies de ammonites -ancestros con caparazón de cefalópodos modernos como las sepias y pulpos- así como de reptiles marinos. Todos estos especímenes de animales se conocen colectivamente como Fossil Hill Fauna, y representan a muchas de las presas y competidores de C. youngorum.

Fósil de ictiosaurio rodeado por caparazones de amonites, probable fuente de alimento que impulsó su gran crecimiento

Fósil de ictiosaurio rodeado por caparazones de amonites, probable fuente de alimento que impulsó su gran crecimiento

Foto: Georg Oleschinski / University of Bonn

Según se describe en el presente trabajo, C. youngorum ya acechaba en los océanos hace unos 246 millones de años. Tal y como afirman los investigadores, su linaje procede de un reptil hoy todavía desconocido que salió del agua para, millones de años después volver a ella. Y tan solo unos tres millones de años mas tarde de que los primeros ictiosaurios se mojaran las aletas, un tiempo sorprendentemente corto, estos reptiles marinos alcanzaron las dimensiones colosales que presenta el fósil de las montañas de Nevada.

Océanos del Triásico, el reino del los ictiosaurios

El hocico alargado y los dientes cónicos de C. youngorum sugieren que estas criaturas se alimentaban de calamares y peces, sin embargo, su gran tamaño parece indicar que también podría haber cazado reptiles marinos más pequeños y juveniles.

Esta fue la última comida de un ictiosaurio hace 200 millones de años

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A través de un sofisticado modelo computacional, los autores examinaron la energía que probablemente fluyó a través de la red trófica de Fossil Hill Fauna, recreando el entorno antiguo a través de los datos, y encontraron que las redes tróficas marinas pudieron sustentar algunos ictiosaurios carnívoros incluso más colosales, por lo que los científicos postulan que tanto este depredador gigante como las demás especies con las que compartió su hábitat probablemente estuvieran sometidos una fuerte competencia por los recursos.

Fue así que proliferaron ictiosaurios de diferentes tamaños y que hicieron gala de diversas estrategias de supervivencia comparables a la de los cetáceos modernos: desde delfines relativamente pequeños hasta ballenas barbadas que se alimentan por filtración o cachalotes gigantes cazadores de calamares.

Ictisaurios y ballenas, gigantes de dos épocas

Las ballenas y los ictiosaurios comparten más de un rango de tamaño. Tienen planes corporales similares, y ambos surgieron inicialmente después de extinciones masivas. Estas similitudes las hacen científicamente muy valiosas para el estudio comparativo, por lo que los autores combinaron el modelado por ordenador y la paleontología tradicional para estudiar cómo estos animales marinos alcanzaron tamaños récord de forma independiente.

“Un aspecto bastante singular de este proyecto es la naturaleza integradora de nuestro enfoque”, explica el profesor asociado de biología en el Scripps College de la Universidad de Claremont, en California, Lars Schmitz. “Primero tuvimos que describir la anatomía del cráneo gigante en detalle y determinar cómo este animal se relaciona con otros ictiosaurios”, continúa. “Pero no nos detuvimos ahí, ya que queríamos comprender la importancia del nuevo descubrimiento en el contexto del patrón evolutivo a gran escala del tamaño del cuerpo de ictiosaurios y ballenas, y cómo pudo haber funcionado el ecosistema fósil de Fossil Hill Fauna. Tanto el análisis evolutivo como el ecológico requirieron una cantidad sustancial de cálculos, lo que finalmente condujo a una confluencia de modelos con la paleontología tradicional”.

Así, lo que descubrieron los científicos es que, aunque tanto los cetáceos como los ictiosaurios evolucionaron desarrollando grandes tamaños corporales, sus respectivas trayectorias evolutivas hacia el gigantismo fueron diferentes.

Comparativa de C. youngorum" con un cachalote moderno

Comparativa de C. youngorum" con un cachalote moderno

Esta figura compara C. youngorum con un cachalote moderno, así como las tasas de evolución del tamaño corporal a lo largo del tiempo entre ictiosaurios y cetáceos. Las líneas que tienden hacia la parte superior indican tamaños corporales más grandes, mientras que las que tienen hacia la parte inferior representan tamaños más pequeños. El tiempo se muestra comenzando desde el punto de origen del grupo hasta su extinción (para ictiosaurios) o presente (para ballenas).

Foto: Stephanie Abramowicz / NHM

Los ictiosaurios tuvieron un auge inicial de tamaño, convirtiéndose en gigantes al principio de su historia evolutiva, mientras que las ballenas tardaron mucho más en alcanzar las colosales dimensiones de las que especies como la ballena jorobada o el cachalote hoy hacen gala.

También encontraron una conexión entre un gran tamaño y la depredación activa -piense en un cachalote que se zambulle para cazar calamares gigantes- y una conexión entre el tamaño grande y la pérdida de dientes; piense en las ballenas gigantes que se alimentan por filtración, que son los animales más grandes que jamás hayan existido en la Tierra.

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La incursión inicial de los ictiosaurios en el gigantismo probablemente se debió al auge de sus presas, las amonitas y los conodontos -unos organismos sin mandíbulas con forma similar a la de una anguila- que llenaron el vacío ecológico que siguió a la extinción masiva del final del Pérmico.

“Como investigadores, a menudo hablamos de similitudes entre los ictiosaurios y los cetáceos, pero rara vez nos sumergimos en los detalles”, explica el comisario asociado de mastozoología marina del Museo de Historia Natural de Los Ángeles, Jorge Vélez-Juarbe. “Esa es precisamente una de las formas en que destaca este estudio, ya que nos permitió explorar y obtener información adicional sobre la evolución del tamaño corporal dentro de estos grupos de tetrápodos marinos ", añade. “Otro aspecto interesante es que Cymbospondylus youngorum y el resto de Fossil Hill Fauna son un testimonio de la resistencia de la vida en los océanos después de la peor extinción masiva en la historia de la Tierra. Se puede decir que este es el primer gran salto de los tetrápodos a los océanos", concluye.

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