Récord absoluto de gases de efecto invernadero

"A pesar de todos los compromisos asumidos en virtud del Acuerdo de París, no hay indicios de una desaceleración, y mucho menos una disminución, de la concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera", manifiesta el Secretario General de la OMM, Petteri Taalas

Movilizaciones recientes ante la crisis climática

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Foto: iStock

Movilizaciones recientes ante la crisis climática

Según la Organización Meteorológica Mundial -OMM-, los niveles de los gases de efecto invernadero que atrapan el calor en la atmósfera han alcanzado un nuevo récord sin precedentes. Esta tendencia continúa a largo plazo lo que significa que las generaciones futuras tendrán que hacer frente a unos efectos cada vez más graves del cambio climático, como el aumento de las temperaturas, unos fenómenos meteorológicos más extremos, un mayor estrés hídrico, la subida del nivel del mar y la alteración de los ecosistemas marinos y terrestres.

Las generaciones futuras tendrán que hacer frente a unos efectos cada vez más graves del Cambio Climático

El dióxido de carbono permanece en la atmósfera durante siglos y aún más tiempo en los océanos. El último Boletín de la OMM sobre los Gases de Efecto Invernadero, publicado en la víspera del COP25 de Madrid, ha mostrado que la concentración media mundial de CO2​ alcanzó las 407,8 partes por millón -ppm- en 2018, tras haber sido de 405,5 ppm en 2017. Este incremento fue muy similar al observado entre 2016 y 2017, y se situó justo por encima de la media del último decenio, a lo que hay que sumar que los niveles mundiales de CO2 ya sobrepasaron el crítico a la par que simbólico umbral de 400 partes por millón en 2015.

Por su parte, según las observaciones de la Red de la Vigilancia Global de la Atmósfera, que cuenta con estaciones en las regiones remotas del Ártico, en zonas montañosas y en islas tropicales alrededor del mundo, las concentraciones de metano y óxido nitroso también se dispararon y ascendieron durante los últimos diez años.

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Una atmósfera que atrapa más energía

El balance entre la luz solar que llega a la Tierra y la que queda retenida por esta, se define por lo que los científicos conocen como forzamiento radiativo. Un forzamiento radiativo positivo significa que la Tierra recibe más energía de la luz solar que la que irradia al espacio. Así, desde 1990 se viene produciendo un incremento del 43 % del forzamiento radiativo total - el cual tiene un efecto de calentamiento del clima- provocado por los gases de efecto invernadero de larga duración. Según las cifras proporcionadas por la Administración Nacional del Océano y de la Atmósfera -NOAA- de los Estados Unidos que se citan en el Boletín de la OMM, solo el CO2 contribuyó en casi un 80 % a ese incremento.

Los niveles mundiales de CO2 ya sobrepasaron el simbólico y crítico umbral de 400 partes por millón en 2015.

“No hay indicios de que se vaya a dar una desaceleración, y mucho menos una disminución, de la concentración de los gases de efecto invernadero en la atmósfera a pesar de todos los compromisos asumidos en virtud del Acuerdo de París sobre el cambio climático”, declara el Secretario General de la OMM,Petteri Taalas. “Tenemos que plasmar los compromisos en acción y aumentar el nivel de ambición en aras del bienestar futuro de la humanidad”, añade.

“Cabe recordar que la última vez que se dio en la Tierra una concentración de CO2 comparable, fue entre hace 3 y 5 millones de años. En ese entonces, la temperatura era de 2 a 3 °C más cálida y el nivel del mar entre 10 y 20 metros superior al actual”, explicó Taalas.

Disparidad entre la teoría y la práctica

También en el informe United in Science, elaborado gracias al trabajo de las principales organizaciones asociadas en el ámbito de la investigación sobre el Cambio Climático mundial, se subrayó la manifiesta, y cada vez mayor, disparidad entre los objetivos acordados para resolver el problema del calentamiento global y las acciones dedicadas a la resolución del problema.

“Las conclusiones del Boletín de la OMM sobre los Gases de Efecto Invernadero y el Informe sobre la disparidad en las emisiones del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) nos marcan una dirección clara" explica Inger Andersen, Directora Ejecutiva de la organización y Secretaria General Adjunta de las Naciones Unidas . "En este período crítico, debemos intensificar las medidas y realizar acciones concretas para reducir las emisiones. Estamos frente a una difícil situación: podemos emprender las transformaciones radicales que necesitamos hoy o deberemos enfrentar las consecuencias de un planeta radicalmente modificado por el Cambio Climático”, añade.

CO2, CH4, y N2O: la triada gaseosa que calienta el planeta

El dióxido de carbono es el principal gas de efecto invernadero de larga duración en la atmósfera relacionado con las actividades humanas. Su concentración alcanzó un nuevo valor máximo en 2018, a saber, de 407,8 ppm o, lo que es lo mismo, el 147 % del nivel preindustrial en 1750. Como explicábamos hace unas líneas, entre 1990 y 2018 el forzamiento radiativo causado por los gases de efecto invernadero de larga duración aumentó un 43 %, habiendo contribuido el CO2 a ese aumento casi en un 80 %.

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El metano -CH4 -es el segundo gas de efecto invernadero de larga duración más importante y contribuye en aproximadamente un 17% al forzamiento radiativo. Cerca del 40 % del CH4 que se emite a la atmósfera procede de fuentes naturales, por ejemplo de los humedales, mientras que aproximadamente el 60% proviene de fuentes antropogénicas como la cría de ganado, el cultivo de arroz, la explotación de combustibles fósiles, vertederos y combustión de biomasa. El CH4 atmosférico alcanzó en 2018 un nuevo valor máximo de 1.869 partes por mil millones -ppb- por lo que se sitúa un 259% por encima de los niveles de la era preindustrial.

También en 2018 la concentración atmosférica de N2O fue de 331,1 ppb, lo que equivale al 123 % de los niveles preindustriales. Este gas también contribuye significativamente a la destrucción de la capa de ozono estratosférico que nos protege de los rayos ultravioleta del Sol y es el causante de un 6% del forzamiento radiativo provocado por los gases de efecto invernadero de larga duración.

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