Un cocodrílido con dientes como plátanos fue el mayor depredador semiacuático del Cretácico

Un nuevo estudio confirma que los enormes cocodrílidos del género Deinosuchus, titánicas bestias con dientes del tamaño de un plátano, depredaban sobre los dinosaurios más grandes de su tiempo

Deinosuchus vs T.rex.

Deinosuchus vs T.rex.

Foto: Raul D. Martin / National Geographic Stock

Deinosuchus vs T.rex.

Deinosuchus es un género que se enmarca en el clado de los sauriópsidos -reptiles- del orden crocodrilia, entre los que se incluyen cocodrilos, gaviales, caimanes y aligatores.

Como el resto de los aligatóridos pretéritos y actuales -superfamilia a la que pertenece-, los representantes del género deinosuchus, cuyo nombre significa cocodrilo del terror, habitaron en América, concretamente entre lo que hoy es el norte de México y Estados Unidos, donde se convirtieron en los cocodrilianos más grandes de todos los tiempos. De hecho las estimaciones calculan que deinosuchus podía llegar a pesar hasta 9 toneladas y a medir entre 8 y 15 metros de la cabeza a la punta de la cola.

Deinosuchus podía llegar a pesar hasta 9 toneladas y a medir entre 8 y 15 metros de la cabeza a la punta de la cola.

Sin embargo eso no es todo. Ahora un nuevo estudio publicado en la revista Journal of Vertebrate Paleontology y titulado A systematic review of the giant alligatoroid Deinosuchus from the Campanian of North America and its implications for the relationships at the root of Crocodylia acaba de dar a conocer que varios de estos colosos a los que los investigadores no dudan en referirse como "auténticos cocodrilos del terror" y que podían llegar a lucir unos dientes semejantes en forma y tamaño a un plátano, fueron los depredadores dominantes en sus ecosistemas.

Mandíbula de Deinosuchus riograndensis

Mandíbula de Deinosuchus riograndensis

Foto: Adam Cossette

Dos de las especies descritas en el artículo firmado por Adam P. Cossette y Christopher A. Brochu, ambos del departamento de Ciencias de la Tierra y Medio Ambiente de la Universidad de Iowa, Deinosuchus hatcheri y Deinosuchus riograndensis, habitaron en el oeste de América, desde Montana hasta el norte de México. Una tercera especie llamada Deinosuchus schwimmeri, lo hizo a lo largo de la llanura costera del Atlántico desde Nueva Jersey hasta Mississippi, en un momento durante el cual América del Norte estaba dividida por la mitad por un mar poco profundo que se extendía desde el Océano Ártico hacia el sur hasta el actual Golfo de México.

Como decíamos unas líneas atrás, a falta de restos fósiles que nos cuenten una historia diferente, deinosuchus no solo fue el cocodrílido más grande que haya existido en la faz de la Tierra, sino que del mismo modo se convirtió en el depredador más grande de su ecosistema, superando incluso a los dinosaurios depredadores más grandes que vivieron junto a ellos entre hace entre 75 y 82 millones de años.

Cráneo de Deinosuchus schwimmeri

Cráneo de Deinosuchus schwimmeri

Foto: Adam Cossette

De hecho, a partir de los estudios previos de los restos craneales y marcas de mordeduras en huesos fósiles de dinosaurios, los paleontólogos han especulado durante mucho tiempo sobre si estos fueron presas habituales de Deinosuchus.Ahora el trabajo dirigido por Cossette arroja nueva luz sobre el asunto confirmando que estos colosos ciertamente poseían una cabeza y una fuerza mandíbular suficiente como para plantar cara a cualquier dinosaurio coetáneo y además sobrevivir al intento.

"Estos nuevos especímenes que hemos examinado revelan un depredador monstruoso y extraño con dientes del tamaño de plátanos"

"Deinosuchus fue un gigante que debió aterrorizar a los dinosaurios que se arrimaban a la orilla del agua para beber", declara Cossette. "Hasta ahora, el animal completo era desconocido, pero los nuevos especímenes examinados revelan un depredador monstruoso y extraño con dientes del tamaño de plátanos"."Es más, Deinosuchus parece haber sido un depredador oportunista, y dado que era tan enorme, casi todo en su hábitat estaba en su menú" continúa el autor. "Así, existen múltiples ejemplos de marcas de mordeduras hechas por D. riograndensis y D. schwimmeri, en caparazones de tortugas y huesos de dinosaurios".

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A pesar del nombre del género que, recordemos, significa "cocodrilo del terror", estos animales estaban en realidad más relacionados con los aligatores. Basado en su enorme cráneo, los investigadores afirman que no se parecía ni un caimán ni un cocodrilo. Su hocico era largo y ancho, pero abultado en la parte delantera alrededor de la nariz de una manera que no se se aprecia en ningún otro cocodrilo vivo o extinto. De hecho, a día de hoy se desconoce el motivo de este agrandamiento de la nariz. Según los describe Christopher Brochu: "eran animales extraños que además nos muestran que los crocodilianos no son 'fósiles vivientes' que no han cambiado desde la era de los dinosaurios como antes se pensaba. Todo lo contrario, han evolucionado tan dinámicamente como cualquier otro grupo". Y son precisamente estos dos agujeros de su nariz los que poderosamente llaman la atención de los científicos. "Estos agujeros son exclusivos de Deinosuchus y no sabemos para qué sirven" se reafirma Cossete, quien añade que "es de esperar que más investigaciones en el futuro nos ayuden a desentrañar esta incógnita y podamos aprender más sobre estas increíbles criaturas que además desaparecieron poco antes de la principal extinción masiva que puso fin de la era de los dinosaurios". Otro misterio, aún por responder.

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