Cuando un animal emite un sonido y se mueve al mismo tiempo, genera un cambio de frecuencia de onda conocido como efecto Doppler que puede ser detectado por posibles depredadores. Un estudio de la Universidad de Extremadura ha investigado mediante modelos matemáticos cómo este efecto puede ser minimizado por ciertas especies de cetáceos, que tratan de librarse del ataque de las orcas.
Según el coordinador de la investigación, Daniel Patón, profesor de la Universidad de Extremadura, «las orcas son auténticas centrales de escucha del sonido, ya que su oído detecta un enorme intervalo de frecuencias: desde infrasonidos por debajo de 200 Hz hasta sonidos superiores a 20.000 Hz. Cualquier variación en las múltiples frecuencias de sonido que hay en el mar les advierte de la presencia de un animal. Por eso, los cetáceos intentan minimizar su detección por parte de las orcas y los tiburones a base de adaptar su señal a la velocidad a la que se desplacen en ese momento».
A partir del análisis matemático de las llamadas de ecolocalización de 69 especies de cetáceos, los investigadores han buscado un patrón común en la gran variabilidad de comunicación de estas especies, que constituyen sin duda el grupo animal de mayor dificultad acústica que existe. El modelo matemático ha sido realizado teniendo en cuenta la temperatura del agua y su salinidad, así como la profundidad a la que nadan los cetáceos, su velocidad de natación y la frecuencia de sus emisiones acústicas.
Los datos mejorarán la detección de cetáceos, y podrían ser aplicados para evitar las colisiones de estos con los barcos
Los investigadores han descubierto que la mayoría de las especies mantiene baja la frecuencia de onda de su movimiento y que solo 15 de ellas tienen un efecto Doppler alto. En estos casos, se trata de animales que cuentan con otras estratagemas. Por ejemplo, las ballenas hocicudas o los zifios se quedan completamente mudos por encima de los 200 metros de profundidad, que es el área de caza de las orcas. Y otras especies son más veloces que las temibles ballenas asesinas. Los datos que aporte este estudio mejorarán la detección de cetáceos, y podrían ser aplicados para evitar las colisiones de estos con los barcos.