Así afectan los volcanes al cambio climático

A raíz de la erupción del volcán de Cumbre Vieja, en La Palma, crece el debate sobre la influencia de estos fenómenos en el calentamiento global. Las erupciones volcánicas no solo lanzan gases de efecto invernadero, sino también dióxido de azufre y otros compuestos que tienen el efecto contrario.

Varias personas observan a lo lejos como una de las bocas del volcán de la Cumbre Vieja expulsa lava a la superficie.

Varias personas observan a lo lejos como una de las bocas del volcán de la Cumbre Vieja expulsa lava a la superficie.

Foto: Cordon Press

Las enormes e imparables coladas de lava del volcán de Cumbre Vieja de La Palma que se abren paso rumbo al mar dejan a su paso una senda de destrucción. Pero más allá de los cuantiosos costes materiales y el riesgo evidente para las poblaciones afectadas, las erupciones volcánicas también tienen consecuencias climáticas y medioambientales. La pregunta es ¿hasta qué punto afectan al cambio climático?

Si aplicamos la lógica, se podría pensar que la expulsión de grandes cantidades de magma fuera de la corteza terrestre podría traducirse en un aumento súbito de las temperaturas. Pero la realidad es algo más compleja. Si bien es cierto que los volcanes expulsan a la atmósfera gases de efecto invernadero, como el CO2, cabría recordar que también desprenden otro tipo de gases cuyo efecto es el contrario.

Cenizas y dióxido de azufre

Las cenizas caen rápidamente desde la estratosfera y se eliminan en días o semanas, pero no tienen efectos notables sobre el clima, aunque sí afectan a la biodiversidad. Por ejemplo, además de causar estragos en el tráfico aéreo, el volcán Eyjafjallajökull provocó el 2010 una elevada contaminación en los acuíferos y una rápida proliferación de plancton en el océano, aunque no se detectaron consecuencias notables ni en el clima, ni en la región, ni en el planeta a escala global.

Y es que, si bien es cierto que los volcanes expulsan a la atmósfera grandes cantidades de CO2 (un gas de efecto invernadero), también arrojan otros gases volcánicos, como el dióxido de azufre (SO2).

Así pues, el principal impacto de las erupciones en el clima está relacionado con la conversión de ese dióxido de azufre en ácido sulfúrico (H2SO4), un componente que se condensa rápidamente en la estratosfera para formar una capa de aerosoles que reflejan la radiación del Sol hacia el espacio, contribuyendo así al enfriamiento de la troposfera, la capa más baja de la atmósfera terrestre. “Estos aerosoles se instalan en las capas medias y altas de la atmósfera terrestre, provocando un descenso brusco de las temperaturas que pueden llegar hasta los 2 grados centígrados”, explica el vulcanólogo José Luis Barrera a National Geographic España a través de un correo electrónico.

Historia de las erupciones volcánicas

A lo largo del siglo pasado se han producido distintas erupciones que han provocado un acusado descenso de la temperatura media de la Tierra. Por ejemplo, la del volcán Pinatubo, en Filipinas, producida el 15 de junio de 1991, se calcula que inyectó una nube de dióxido de azufre de hasta 20 millones de toneladas a la estratosfera. Otro ejemplo es la fisura de Laki, en Islandia, que duró ocho meses, entre 1783 y 1784, y que se calcula que liberó grandes cantidades de dióxido de carbono. Aunque las dos erupciones fueron significativamente distintas, se cree que provocaron episodios de enfriamiento.

¿Y qué ocurrirá con el volcán de Canarias? "Para comparar estos dos escenarios es necesario cambiar de escala", señala Barrera, quien afirma que aunque es previsible que los gases emitidos por el volcán alcancen la costa mediterránea, sus efectos sobre el clima serán, cuanto menos, imperceptibles.

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El papel de los volcanes en el cambio climático

Aunque es cierto que el dióxido de azufre liberado en las erupciones volcánicas contemporáneas ha causado ocasionalmente un enfriamiento global detectable de la atmósfera inferior, el dióxido de carbono desprendido en las erupciones contemporáneas nunca ha causado un calentamiento global detectable. La mayoría de los estudios científicos sobre las emisiones globales de dióxido de carbono volcánico indican que los volcanes superficiales y submarinos actuales liberan menos de un porcentaje del dióxido de carbono que las actividades humanas. Aunque se cree anteriores episodios del pasado geológico del planeta sí que provocaron un aumento del calentamiento global, y posiblemente algunas extinciones masivas, todavía no se tiene suficiente documentación científica al respecto.

Las estimaciones científicas publicadas sobre la tasa de emisión global de CO2 de todos los volcanes terrestres y submarinos sitúan las emisiones de estos fenómenos dentro de un rango de 0,13 a 0,44 gigatoneladas a por año. Se calcula que en 2019 la emisión antropogénica de CO2 alcanzaron más de 30 gigatoneladas CO2 , una cantidad casi 70 veces superior.

Otra manera de medir el impacto es compararlo con las grandes erupciones de la historia. Por ejemplo, se calcula que la erupción del Monte Saint Hellens en 1980 expulsó a la atmósfera aproximadamente 10 millones de toneladas de CO2 en 9 horas, una cantidad que la humanidad puede llegar a expulsar en mucho menos tiempo, alrededor de unas 2,5 horas. Además, las grandes erupciones como las del Saint Hellens son esporádicas, mientras que la actividad antropogénica se desarrolla sin pausa.

Como conclusión se podría decir que los volcanes sí contribuyen a expulsar gases de efecto invernadero (responsables del calentamiento mundial), aunque en una proporción mucho menor de la que lo hacemos los humanos. Somos nosotros, y no los volcanes, los responsables de la emergencia climática.

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