Las apachetas, los montoncitos de piedras a modo de ofrendas que amenazan la biodiversidad

La moda de apilar piedras en espacios naturales perjudica el entorno tanto de flora como de fauna, en ocasiones endémica. Este gesto conocido como apacheta es entendido como una ofrenda en varias partes de Sudamérica, pero puede suponer una amenaza a la biodiversidad.

Una apacheta sobre la Quebrada de Humahuaca, en Argentina.

Una apacheta sobre la Quebrada de Humahuaca, en Argentina.

Foto: iStock

La apacheta es un montículo de piedras colocadas en forma cónica una sobre otra, como ofrenda realizada por los pueblos indígenas de los Andes de América del Sur a las deidades del lugar.

La construcción de montículos de piedras, asociada al turismo de naturaleza y reflejada en fotografías difundidas a través de las redes sociales, se ha convertido en una práctica cada vez más extendida en todo el mundo. Estas pequeñas construcciones, conocidas como apachetas, se basan en la apilación de piedras de una forma cónica a modo de ofrenda a las deidades del lugar con buenas intenciones, pero que tienen consecuencias perjudiciales para la biodiversidad.

Así lo asegura un equipo internacional con participación de investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), que advierte de que el apilamiento de piedras perjudica a varias especies animales y vegetales, algunas de las cuales se encuentran en peligro de extinción.

En un artículo publicado en la revista científica Human-Wildlife Interactions, los científicos señalan que estos montículos han aparecido en un buen número de áreas protegidas. En España se han encontrado en el Parque Nacional del Teide (Tenerife) y en el de Cabrera (Islas Baleares), además de en muchas otras áreas naturales, como el Parque Natural Sa Dragonera y el Parque Natural de Ses Salines (ambos en Baleares).

Aunque parezcan inocuas, estas estructuras modifican el hábitat de especies animales y vegetales, que usan rocas como refugio o dependen de las condiciones de microclima asociadas a ellas. Las piedras aisladas crean condiciones especiales de temperatura y humedad que son clave para especies como insectos, caracoles y arañas y la disposición de las piedras influye en la dinámica entre depredadores y presas o entre competidores. el hecho de cambiar esta disposición modifica su microhábitat.

El estudio demuestra que la disposición de las piedras influye en la dinámica entre depredadores y presas o entre competidores.

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Efectos perjudiciales para el medio ambiente

“Esta nefasta práctica tiene un impacto principalmente preocupante en áreas áridas, en las que dichas condiciones microclimáticas son primordiales para las especies que se refugian debajo de las piedras. Además, erosionan el suelo y provocan daños en la vegetación. Por esta razón, mover, quitar o romper estas piedras puede causar un desequilibrio en el ecosistema”, afirma la investigadora del CSIC Anna Traveset, del Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados (centro mixto del CSIC y la Universitat de les Illes Balears).

Los científicos describen el impacto potencial de esta práctica y señalan algunas áreas en las que han confirmado efectos perjudiciales sobre la biota. En la isla de Madeira (Portugal), la alteración del hábitat asociada con la construcción de montículos de rocas es una amenaza para varias especies endémicas con distribuciones muy pequeñas, como la especie de musgo Riccia atlantica, “en peligro crítico'' según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza. Las lagartijas endémicas de Madeira (Teira dugesii) o las de Baleares, Podarcis lilfordi y Podarcis pytiusensis, dependen de estas rocas para refugiarse, así como otras especies de invertebrados también endémicos.

El estudio analiza el impacto potencial de esta práctica y señala que algunas especies endémicas de musgo y lagartijas dependen de estas piedras para vivir.

“Hay varias especies que dependen de estas piedras como refugio y, por lo tanto, le pedimos a cualquiera que visite áreas sensibles para la conservación de la naturaleza que no mueva estas piedras. Que siga las indicaciones e intente reducir su impacto al máximo. No es fácil anticipar las consecuencias que actividades aparentemente inocuas, como la construcción de estos montículos de piedras, pueden tener en áreas con especies sensibles y amenazadas”, advierte Traveset.

Los investigadores solicitan a las autoridades que impongan restricciones a la construcción de estas estructuras y a desmantelar las existentes, para no alentar nuevas. “De hecho, esta moda banal e importada de otras culturas constituye un grave atentado al medio ambiente y al paisaje de las áreas naturales”, resalta la investigadora del CSIC.

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