Marte tenía mucha más actividad hidrológica de lo que se creía hasta ahora; la región que se extiende por el extremo noreste de Hellas, una enorme depresión o cráter de impacto en el hemisferio sur del planeta, contenía numerosos lagos efímeros a lo largo de la historia de Marte, según revela un nuevo estudio publicado en Astrobiology, firmado por Henrik Hargitai, Virginia Gulick y Natalie Glines. La enorme cuenca de impacto de Hellas contiene numerosas depresiones que en un pasado remoto debieron de tener agua estancada proveniente de las precipitaciones, del transporte fluvial y de las aguas subterráneas, explica el Instituto SETI en un comunicado.

Los investigadores han publicado una lista de 34 posibles paleolagos (lagos que existieron en una época en que el clima era muy diferente al actual) tras un análisis hidrogeográfico detallado de la región noreste de Hellas, donde hasta ahora sólo se había detectado uno de estos paleolagos. "Era interesante estudiar los sistemas de drenaje que se desarrollaron en el borde interior de la cuenca más grande de Marte, un entorno geológico verdaderamente único para los poderosos paleoríos que se extendieron por una pendiente relativamente pronunciada. El estudio de los lagos es una continuación de nuestro estudio científico previo en el que describimos los paleoríos de esta región", comenta Hargitai, quien realizó la investigación en el Centro de Investigación Ames de la NASA, a National Geographic España. Retrocedamos muy atrás en el tiempo, al despertar geológico de Marte...

Hellas, una característica distintiva de la superficie marciana, es uno de los cráteres de impacto más grandes del Sistema Solar, creado por la colisión de un asteroide al comienzo de la historia del planeta, en el Noeico, hace aproximadamente entre 4.500 y 3.700 millones de años, más concretamente durante el periodo del bombardeo intenso tardío: "La energía del impacto debió de causar una anomalía térmica a largo plazo en el subsuelo de Marte que, en aquel momento, probablemente era rico en agua (hielo y/o líquido), es decir, la formación de impacto Hellas desencadenó inevitablemente un sistema hidrotérmico que duró varios millones de años, que afectó al clima local de Hellas durante bastante tiempo, propiciando la formación de valles y canales por precipitación (probablemente nieve, pero posiblemente también lluvia) y la fuga de aguas subterráneas a lo largo de los márgenes del sistema hidrotérmico. Además, los volcanes Hadriaca Patera y Tyrrhena Patera comenzaron a formarse justamente al noroeste de Hellas, ambos volcanes formando sus propios sistemas hidrotérmicos con cada erupción volcánica... Los paleolagos de la región que hemos estudiado continuaron formándose bien hasta finales del periodo Amazónico", señala Gulick, del Instituto SETI, a este medio.

¿Una historia geológica similar a la de la Tierra?

Responde Hargitai, de la Universidad Eötvös Loránd de Budapest: "Ambos planetas debieron de tener unas condiciones superficiales similares y hace mucho tiempo debieron de compartir un entorno similar, pero después del periodo del bombardeo intenso tardío la Tierra y Marte siguieron caminos diferentes. La Tierra desarrolló placas tectónicas activas y se mantuvo cálida y húmeda, mientras que Marte se enfrió lentamente, tanto por dentro como por fuera, y perdió la mayor parte de su atmósfera y su agua líquida, una gran parte de la cual escapó al espacio, pero todavía queda mucha en el subsuelo en forma de hielo y, en menor grado, en los casquetes polares. De todas formas, hasta hace relativamente poco hubo un resurgimiento volcánico que pudo reanudar las actividades fluviales o lacustres, por lo que Marte no está para nada geológicamente muerto".