Hubo una época en que Saturno no tenía anillos

Hubo un momento en que el majestuoso gigante de gas existió sin su distintivo halo. La NASA revela que los anillos pueden haberse formado mucho más tarde que el planeta

Representación artística de la sonda Cassini

Representación artística de la sonda Cassini

Imagen: NASA/JPL-Caltech

Representación artística de la sonda Cassini

Los anillos de Saturno son una de las incuestionables señas de identidad de nuestro Sistema Solar. Sin embargo, no siempre lucieron como lo hacen en la actualidad. Incluso parece que tampoco será así en el futuro según apunta este estudio publicado hace tan solo unas semanas.

Todo parece indicar que los anillos del gigante gaseoso están de visita. Y así, según el nuevo análisis realizado sobre los datos aportados por la sonda Cassini de la NASA, y los cuales han estudiado la gravedad del planeta, los científicos pueden afirmar que hubo un momento en que el majestuoso gigante de gas existió sin su distintivo halo. De hecho, los anillos pueden haberse formado mucho más tarde que el propio planeta.

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Lo más sorprendente de todo es que los nuevos hallazgos indican que los anillos de Saturno se formaron entre hace tan solo 10 y 100 millones de años, lo que sitúa el momento aproximadamente en la fecha en que los dinosaurios poblaron la Tierra. Las conclusiones de la investigación se recogen en el artículo titulado Measurement and implications of Saturn’s gravity field and ring mass y publicado el 17 de enero en la revista especializada Science.

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Saturno se formó hace 4.500 millones de años, en los albores del Sistema Solar. Desde muy temprano los científicos han mantenido la hipótesis su sistema de anillos es un joven advenedizo que se unió a Saturno tiempo después. Pero, ¿cuánto tiempo después exactamente?

Para averiguar la edad de los anillos, los científicos necesitaban medir la masa de los anillos o la cantidad de material que contienen. De este modo, los investigadores ya habían tomado algunas medidas a partir de la sonda espacial Voyager de la NASA a principios de los años ochenta. Pero más tarde vinieron los datos sin precedentes de las órbita finales de Cassini: la nave se estaba quedando sin combustible, por lo que en sus últimos coletazos de vida, los científicos decidieron realizar 22 inmersiones entre el planeta y los anillos.

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Estas inmersiones permitieron a la nave espacial actuar como una sonda, cayendo en el campo de gravedad de Saturno, donde pudo tomar medidas de la gravedad del planeta y de sus anillos. Esto se realizó a partir de las señales de radio enviadas a Cassini desde tierra, concretamente desde las antenas de la Red de Espacio Profundo de la NASA y la Agencia Espacial Europea, las cuales transmitieron la velocidad y la aceleración de la nave espacial.

Así, a través de la velocidad y de la aceleración, una vez que los científicos averiguaron la gravedad a la que Cassini se vió sometida, pudieron determinar tanto la masa del planeta como de los anillos. "Solo al acercarnos tanto a Saturno en las órbitas finales de Cassini pudimos reunir las medidas para hacer los nuevos descubrimientos", declara Luciano Iess, de la Universidad Sapienza de Roma, miembro del equipo de radio de Cassini y autor principal del estudio. "Con este trabajo, Cassini cumple un objetivo fundamental de su misión: no solo determinar la masa de los anillos, sino usar la información para refinar los modelos y determinar su edad" añade.

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A partir de este momento, los científicos que tienen el ojo puesto en Saturno continuarán trabajando para descubrir cómo se formaron los anillos. No obstante, la nueva evidencia de que los anillos son más jóvenes que el planeta otorga credibilidad a teorías anteriores que ya postulaban que los mismos pudieron formarse, o bien a partir de un cometa que se acercó demasiado y fue destruido por la gravedad de Saturno, o por algún fenómeno, hasta ahora desconocido que interrumpió la formación de alguna de sus lunas.

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