Cuando el cronista e historiador medieval galés Adam de Usk atravesó en 1402 en un carro de bueyes el remoto paso suizo del San Gotardo mientras se dirigía a Roma pidió a sus guías que le vendaran los ojos para no mirar. Durante miles de años, los Alpes han sido la gran barrera infranqueable, y  quien se aventuraba a atravesarlos se enfrentaba a un viaje interminable, a menudo peligroso. El mismo Aníbal tardó más de dos semanas en cruzar esta barrera natural con sus elefantes. Sin embargo, desde hoy podrá hacerse el mismo recorrido en aproximadamente 20 minutos.

Se prevé que circulen 325 trenes diarios, algunos de los cuales podrían alcalzar los 250 kilómetros por hora

Suiza acaba de inaugurar el que desde hoy será el túnel más profundo y largo del mundo. Un paso ferroviario de 57 kilómetros de longitud por el que circularán trenes capaces de alcanzar hasta 250 kilómetros por hora. La nueva infraestructura atravesará el corazón granítico del macizo de San Gotardo, una enorme cordillera enclavada en los Alpes, y conectará el norte de Italia con Suiza.

El proyecto en sí ha supuesto una proeza en el campo de la ingeniería, y es que hasta la fecha nadie había abierto nunca un túnel tan profundo en una montaña. Los datos hablan por sí solos: las máquinas perforadoras miden 410 metros de largo, el equivalente a cuatro campos de fútbol, mientras que la gigantesca máquina reptante empleada para revestir el túnel de hormigón y tender las tuberías de drenaje alcanza casi 600 metros de longitud. La obra ha tenido un coste de unos 11.000 millones de euros y ha precisado de unos 4 millones de metros cúbicos de cemento, 84 veces el empleado para la construcción del Empire State.

Los datos del tráfico tampoco tienen precedentes. Cuando esté plenamente operativo, circularán a diario 65 trenes de pasajeros y  260 convoyes de mercancías capaces de transportar 15.000 contenedores por día. Un hito que desbloqueará sin duda el escollo alpino en las rutas comerciales que atraviesen el Viejo Continente.