Franky Zapata fracasa en su intento de cruzar el canal de la Mancha en flyboard

Tras su exhibición en París el pasado 14 de julio, el inventor francés se proponía cruzar los cerca de 34 kilómetros que separan las playas de Sangatte, en el extremo norte de Francia, de Dover, en el sur de Inglaterra solo equipado con su tabla voladora.

El aventurero Franky Zapata sobre el artilugio creado por él mismo y que le permite volar y alcanzar velocidades superiores a los 120 kilómetros hora

El aventurero Franky Zapata sobre el artilugio creado por él mismo y que le permite volar y alcanzar velocidades superiores a los 120 kilómetros hora

Foto: AP

El aventurero Franky Zapata sobre el artilugio creado por él mismo y que le permite volar y alcanzar velocidades superiores a los 120 kilómetros hora

Franky Zapata ha caído al mar en su intento por cruzar el canal de a Mancha en un dispositivo de vuelo autopropulsado ideado por él mismo. El inventor francés salió esta mañana a las 9:00 horas de la playa de Sangatte, en el departamento de Pas-de-Calais, en el noroeste de Francia, dispuesto a salvar los cerca de 34 kilómetros a bordo de una plataforma voladora unipersonal propulsada con cinco pequeños reactores, pero acabó precipitándose al agua cuando se disponía a realizar una maniobra de repostaje a mitad de camino, según informan sus colaboradores.

Zapata, piloto profesional de moto acuática, saltó a la fama tras inventar el flyboard, un tipo de plataforma voladora unipersonal que permite a al piloto desplazarse de forma autónoma. El dispositivo se había ideado inicialmente para desplazarse sobre el agua: desde una moto acuática se lanza un chorro de agua a presión a través de una manguera hasta unas boquillas adosadas a unas botas que ejercen de propulsión.

Tabla voladora

En 2016 Zapata ideó una versión actualizada denominada Flyboard Air, propulsada por aire, con la que realizó una exhibición en París en pasado 14 de julio en el desfile del Día Nacional de Francia. La máquina voladora, funciona con queroseno almacenado en una mochila que alimenta cinco turborreactores para permitir el despegue y el aterrizaje, pudiendo alcanzar los 190 kilómetros por hora.

El intrépido explorador había manifestado que únicamente tenía un 30% de posibilidades de alcanzar su meta. En el momento de la caída había recorrido unos 18 kilómetros durante 20 minutos a una velocidad de crucero de 140 kilómetros por hora y a unos 15 y 20 metros de altura sobre el mar. A pesar de su infortunado desenlace, sus ayudantes afirmaron que fue rescatado por una embarcación y que no resultó herido.

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