Araceli Segarra, la primera española en el Everest

Fecha de la ascensión al Everest: 23 de mayo de 1996.

Araceli Segarra cruzando haciendo equilibrios la escalera de camino a campo I mientras instala la cuerda fija.

Araceli Segarra cruzando haciendo equilibrios la escalera de camino a campo I mientras instala la cuerda fija.

Foto: Araceli Segarra

Araceli Segarra, 23 de mayo de 1996

¿Cómo comenzó tu amor a la montaña? ¿En algún momento soñaste con subir el Everest?

Araceli Segarra: Empezó cuando con 15 años hice un curso de espeleología, me fascinó el concepto de aventura y exploración, adquirí habilidades técnicas en manejo de cuerdas, montaje de instalaciones y orientación, aprendí a confiar mucho en el equipo, tanto el de material como en el humano. Durante los primeros tres años me centré completamente en este deporte, que me confirió una base muy sólida para seguir progresando en otros deportes en la naturaleza como la escalada tradicional, la deportiva, la escalada en hielo y el esquí de montaña.

El Everest fue un objetivo que surgió tras años de progreso, y de forma consecuente con el estilo de alpinismo que encajaba con nuestra filosofía. En el otoño de 1995 fuimos a la cara norte del Everest, al “corredor Horbein” para escalarlo en estilo alpino puro, sin oxígeno, sin cuerdas fijas ni porteadores. Alcanzamos los 7.800 metros. Estábamos solos, tenía 25 años.

Puedes contarnos las sensaciones de la ascensión y lo que sentiste en la cima.

Araceli Segarra: Hice cima seis meses después de mi primer intento al Everest, esta vez como parte del equipo de filmación IMAX a la cumbre de esta montaña, por su vertiente Sur, un objetivo muy ambicioso, pues la cámara de IMAX construida expresamente para este proyecto pesaba 24 kg. Lo hicimos después del trabajar en el rescate de la peor tragedia himalayística de la historia de esta montaña, donde un total de 13 personas perdieron la vida. No filmamos nada de la tragedia, y eso marcó la diferencia en cuanto a saber cuales son los valores y los principios de las personas con las que estas trabajando.

En el campo base III, a 7.200 metros de altura, rodando unas escenas con la pesada cámara IMAX.

En el campo base III, a 7.200 metros de altura, rodando unas escenas con la pesada cámara IMAX.

Foto: Araceli Segarra

El día de cumbre estábamos solos en el ascenso, abriendo huella, en algunas ocasiones hasta la cintura y sin apenas cuerdas fijas. Por todo lo ocurrido y por lo exigente de nuestro proyecto, el nivel de tensión y concentración era elevado así que realizábamos un constante control de la climatología (sin predicción en la época) a modo visual al mismo tiempo que un chequeo constante de nuestro estado físico, ya que no queríamos cometer ningún error. A pesar de todo el estado de ánimo era de entusiasmo por el proyecto y de compañerismo entre nosotros era muy profundo, nos apoyábamos, nos vigilábamos y nos entendíamos. Eso fue la esencia del éxito, la fuerza moral y mental que te dan las personas con las que compartes la misma esencia, y el extra de energía que insufla la pasión por lo que estás haciendo con convicción. Hace unos días, Jamling Norgay, mi compañero de cordada me despertaba para felicitar la efeméride de nuestro ascenso, y me ha prometido "liarla parda" el año que viene para el 25 aniversario… Después de todo este tiempo y a pesar de la distancia, sigue ahí.

Araceli Segarra descansa en el campo base IV, a 7.980 metros de altura, pocos minutos después de volver de la cumbre.

Araceli Segarra descansa en el campo base IV, a 7.980 metros de altura, pocos minutos después de volver de la cumbre.

Foto: Araceli Segarra

¿Crees que el montañismo ha cambiado? ¿qué peligros acechan al Everest? ¿Está realmente masificado?

Araceli Segarra: En cierto modo no, la gran mayoría de montañeros, quieren subir las montañas por la vía más fácil, con la mayor comodidad y con la mayor probabilidad de éxito, el porcentaje de alpinistas probando vías difíciles, rutas nuevas y sin asistencia siempre ha sido muy pequeño. Así ocurre en los Pirineos, en los Alpes y el Himalaya no es diferente. Lo que ha cambiado es la tecnología y los servicios que se ofrecen. Uno de los peligros que acechan al Everest y al resto de montañas del mundo, es el cambio climático, algo que se avecina como imparable. Afecta a glaciares, conlleva desprendimientos tanto de roca como de hielo y por lo que algunas rutas se hacen más peligrosas e impredecibles. Hoy en día, hay vías de los Alpes, ascensos clásicos que ya son impracticables.

La masificación es un concepto relativo y peligrosamente tendencioso. Decora titulares y señala culpables. ¿La masificación del Everest comparada con qué? ¿Con las más 20.000-30.000 personas que intentan subir al Montblanc cada año? ¿Las 3.000 personas que se plantan en la cumbre del Cervino cada temporada? ¿O con los 275 millones de viajeros en avión solo en España en el año pasado? Somos muchos en todas partes, y si miramos hacia atrás, siempre parece que lo anterior fue mejor.

Ver el reportaje completo de "Españoles en el Everest, la conquista de la cima del mundo".

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