Entrevista a Susanne Lockhart: 'Si no ponemos esfuerzo en la conservación, podemos perder aquello que ni si quiera nos ha dado tiempo a estudiar'.

Susanne Lockhart es una de las pocas personas en el mundo que ha descendido a las profundidades del océano Antártico. Además, como experta en la fauna del bentos, es de una de las científicas más cualificadas para contarnos como es la vida en las aguas más meridionales de nuestro planeta.

Foto: Roberto García-Roa

National Geographic: Hola Susanne, estamos realmente contentos de haber podido compartir con vosotros estas semanas de expedición en la Antártida. Como bióloga antártica y profesional con mucha experiencia en el proyecto del que hablaremos más adelante, has sido una pieza clave en esta expedición. Pero antes, nos gustaría empezar por el origen de tu trayectoria: ¿por qué decidiste estudiar la fauna antártica? ¿Cómo empezó la pasión que sientes por este continente único?

Susanne Lockhart: Mi pasión por los invertebrados marinos antárticos empezó a una edad muy temprana. Como apasionada del submarinismo, descubrí mi vocación por la biología marina durante la adolescencia. Trabajé como voluntaria en el Museo Victoria de mi ciudad, Melbourne, siempre que me era posible, y allí me asignaron la identificación de unos erizos de mar cidaroides (o de espina de lápiz) de la Antártida. Eran, y siguen siendo, un reto increíblemente difícil que me obsesionó al instante. El hecho de que, junto con muchos invertebrados bentónicos (del fondo del mar) del Océano Antártico, criaran a sus hijos, en lugar de desovar en el agua, me fascinó. Presenté mi primera investigación sobre el tema en una conferencia científica internacional cuando aún era una adolescente y se publicó poco después.

Presenté mi primera investigación sobre el tema en una conferencia científica internacional cuando aún era una adolescente y se publicó poco después.

NG: Cuando uno piensa en la fauna antártica, es fácil imaginar mamíferos marinos y aves icónicas, pero la biodiversidad antártica va más allá de eso. De hecho, vosotros os centráis en ciertos grupos de animales que son muy desconocidos para el público en general. ¿Puedes explicarnos un poco sobre estos grupos de animales y por qué es importante estudiarlos?

SL: Estudio especies que se consideran indicativas de Ecosistemas Marinos Vulnerables (EMV). Se trata de especies que suelen ser longevas, de crecimiento lento y que aportan una compleja estructura tridimensional, lo cual fomenta que se genere biodiversidad al proporcionar protección y un hábitat adecuado a muchas otras especies. Los corales de aguas frías y las esponjas son grandes ejemplos de ello. El conocido paisaje en blanco y negro y en infinitas tonalidades de azul de glaciares, icebergs, pingüinos y ballenas en la superficie se invierte por completo en las profundidades del fondo marino. Allí, la diversidad y los colores de los corales y otras criaturas tan extrañas como excepcionales contrastan completamente con el mundo de arriba. Con tal biodiversidad, alta biomasa y espectro de colores, las comunidades de invertebrados marinos del Océano Austral son tan extraordinarios como los sistemas de arrecifes tropicales y necesitan urgentemente una protección firme e inmediata. Al igual que estos arrecifes tropicales y sus homólogos forestales en tierra, las frágiles comunidades del fondo marino que rodean la Antártida tienen un gran potencial para la captura y almacenamiento de carbono. Nuestro planeta necesita estos ecosistemas naturales intactos y funcionales para mantener el equilibrio y la capacidad de recuperación si la Tierra quiere combatir el daño infligido a su clima.

NG: Volviendo a la expedición actual, vais a utilizar un submarino para explorar los oscuros pero vivos mares antárticos. Tú ya tienes mucha experiencia en el estudio de la biodiversidad de este océano. ¿Por qué el uso de submarinos puede ser una vía de investigación prometedora para entender la biodiversidad antártica en comparación con las formas más tradicionales (por ejemplo, mediante la excavación o el uso de redes)?

SL: Tradicionalmente, el estudio y el acceso a los organismos que habitan en el fondo marino de la Antártida se limitaba a métodos más destructivos; las muestras se recogían con pinzas o arrastrando una pesada red o draga por el fondo. Aunque el uso de cámaras es habitual desde hace muchos años, estas tienen sus limitaciones. Los submarinos proporcionan un acceso no invasivo a los especímenes, así como datos ecológicos y comunitarios, generando un impacto mínimo en el medio ambiente. Como medio de recolección de muestras, se trata de una modalidad altamente selectiva que produce un daño directo mínimo a la comunidad bentónica y no tiene impacto en el medio marino en su conjunto. Personalmente, en mis primeros años de trabajo de campo en la Antártida, he clasificado y analizado muchos de ellos estimándose que podrían tener incluso cientos de años. Estoy encantada de cambiar esta metodología de recogida de muestras – útil pero también destructiva –, por el uso de submarinos, los cuales no son invasivos y además permiten fácilmente seleccionar qué muestras en concreto colectar.

Susanne Lockhart preparada para realizar una inmersión con el submarino durante la expedición antártica realizada por Greenpeace durante los primeros días de marzo de 2022.

Foto: Roberto García-Roa

NG: Estoy seguro de que la mayoría de nuestro público no se atrevería a sumergirse en un pequeño submarino a más de 500 metros de profundidad. ¿Cómo describirías esta experiencia para ellos?

SL: Es realmente mágica. Creo que es un privilegio entrar y ser testigo de un reino en el que eres claramente el extraño, el intruso. Dejas atrás la belleza monocromática, austera y el blanco y negro de la Antártida mientras te sumerges en la oscuridad. Luego, cuando llegas al fondo marino y enciendes las luces del submarino, la miríada de colores y la diversidad del fondo marino explotan ante ti. Es como explorar un país de las maravillas encantado.

NG: ¿Qué piensas al observar estos lugares únicos que probablemente nadie ha visto antes?

SL: De nuevo, siempre siento un inmenso privilegio al contemplar de una forma tan cercana la vida que prospera en aguas antárticas. A esto le sigue rápidamente un gran sentimiento de responsabilidad por hacer todo lo que pueda para garantizar la protección de este frágil ecosistema. Ser consciente de la amenaza inminente que se cierne sobre este mundo le da un sentido de urgencia a cada paso que doy.

NG: Por cierto, ¿cuántas de estas exploraciones has realizado durante los últimos años? ¿Han sido todas en los mismos lugares? ¿Por qué?

SL: Llevo tres décadas estudiando los invertebrados marinos antárticos y mi primera expedición aquí fue en 2002. Esta es mi novena expedición a la Antártida y mi segunda expedición con los submarinos y con Greenpeace. La gran mayoría de mis expediciones se han realizado en torno a la península Antártica, el mar de Weddell y el sector atlántico más amplio del Océano Austral. La península Antártica y sus aguas circundantes son el epicentro del turismo antártico, pero no solo porque son el punto de entrada más fácil y rápido a la región. Alrededor de esta Península, la concentración de la vida salvaje tan característica de la Antártida es mayor porque aquí se encuentra la mayor concentración de krill. A su vez, la mayor concentración de pesca comercial se realiza aquí. La combinación de una pesca comercial concentrada, el turismo y el impacto de la crisis climática ejerce una gran presión sobre esta región. Es esencial que entendamos lo máximo posible este ecosistema si queremos comprender cómo está cambiando y hacer lo que podamos para preservar este entorno prístino. En el mar de Weddell se crea gran parte del agua marina profunda de la Tierra y este agua fría impulsa la circulación oceánica en todo el mundo. De este modo, el mar de Weddell es el corazón y su preservación da a los océanos del mundo la mejor oportunidad de resistir ante un cambio climático catastrófico. Lo que podemos aprender aquí no tiene límites.

La combinación de una pesca comercial concentrada, el turismo y el impacto de la crisis climática ejerce una gran presión sobre la península Antártica y sus aguas circundantes

NG: En tus estudios e investigaciones, das mucho protagonismo a la conservación. ¿Por qué consideras que es tan importante la alianza entre ciencia y conservación?

SL: La respuesta sencilla es que la conservación es realmente urgente. Las presiones a las que están sometidos los ecosistemas marinos, con las fuerzas combinadas de la pesca industrial en un mundo que está cambiando tan rápidamente mientras nos enfrentamos a una situación de crisis tanto a nivel climático en particular, como para el planeta en general, significan que el colapso de esos ecosistemas es inminente. Si no ponemos esfuerzo en la conservación, podemos perder aquello que ni si quiera nos ha dado tiempo a estudiar y que por lo tanto desconocemos. El trabajo que desarrollo abarca tanto la investigación más convencional dentro de la comunidad científica que estudia la Antártica, como aquella más orientada a un ámbito político. Mantengo la independencia para poder asesorar tanto a las delegaciones gubernamentales como a las organizaciones centradas en la conservación. Esa aplicación y esa visión única hacen evidente la desesperada necesidad de que el público, la comunidad científica y los líderes del ámbito político se comuniquen y den prioridad a las cuestiones de conservación.

Junto al piloto del submarino, John Hocevar, Susanne empieza una de las inmersiones mediante las que se llevará a cabo un exhaustivo registro del lecho marino antártico. 

Foto: Roberto García-Roa

NG: En marzo, se producirá el marco de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar en lo que respecta a la conservación y el uso sostenible de la diversidad biológica de las zonas situadas fuera de la jurisdicción nacional. El objetivo es sentar las bases de un posible Tratado Mundial sobre los Océanos que permita la protección de los ecosistemas marinos en alta mar. ¿Cuáles son tus expectativas al respecto?

SL: El Océano Austral es la apoteosis de la alta mar; no pertenece a ningún país y, sin embargo, todos somos responsables de él. Existen tres propuestas de Áreas Marinas Protegidas (AMP) dentro del Océano Austral, gestionadas internacionalmente, y todas ellas llevan muchos años sobre la mesa de negociación, atascadas en un atolladero político. Espero que los líderes mundiales no solo comprendan la urgencia que rodea a la cuestión de la protección de las regiones de alta mar, sino que sientan de manera personal la responsabilidad que recae sobre sus hombros. Espero que se hagan cambios significativos y que se desarrollen, formalicen y apliquen políticas sólidas; se nos ha acabado el tiempo para las palabras y las promesas vacías.

NG: Estamos terminando. Permíteme que te haga una ronda de preguntas rápidas y breves:

1) ¿Una especie con la que sueñes encontrarte bajo el agua? Un tiburón jaguar (Bythaelurus giddingsi) viviendo en un viejo bosque de coral negro.

2) ¿Un lugar que quieras explorar? Más del Océano Austral. No me canso de verlo.

3) ¿Una canción para viajar en submarino? La banda sonora de The Life Aquatic.

4) ¿Moby Dick o 20.000 leguas de viaje submarino? 20.000 leguas de Viaje Submarino: ¡más magia y, sobre todo, más invertebrados!

5) ¿Tienes miedo del Kraken? Nunca.

¡Ya imaginábamos que no! Muchas gracias ☺