Escapadas

Siete pequeñas iglesias con aires de mar

Forman un paisaje de ensueño, están allí, al borde del mar, para proteger a los marineros y pescadores que han surcado el océano durante siglos.

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San Juan de Gaztelugatxe. España

San Juan de Gaztelugatxe. España

Subir los 241 hasta lo alto de este «castillo de roca» es una pequeña aventura que recompensa con unas vistas impresionantes. Visita imprescindible de la Costa Vasca, a lo largo de la historia este paraje ha sido refugio de piratas, territorio de leyendas y meca de peregrinos. Su acceso a través de la larga escalinata culmina en la huella que según dicen dejó allí San Juan Bautista, y en lo alto aguarda la pintoresca ermita y sobre todo unas espectaculares vistas al bravo mar Cantábrico. La iglesia data de siglo X.

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Capilla de Saint-They. Francia

Capilla de Saint-They. Francia

A pocos metros de unos de los acantilados más potentes de Europa se halla esta pequeña capilla, uno de los símbolos del Finisterre francés, que ha soportado los embates del océano y los fuertes vientos durante siglos. Estamos en el extremo de Europa (Point du Raz y Point du Van), donde Bretaña guarda joyas con capacidad de conmover como esta pequeña iglesia.

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Hrafnseyri. Islandia

Hrafnseyri. Islandia

La costa oeste es territorio de grandes fiordos y entre ellos destaca el Arnarfjordur, en cuya orilla se construyó esta bella iglesia blanca y techo rojo. La población de Hrafnseyri es famosa por ser el lugar de nacimiento de Jon Sigurdsson, líder del movimiento independista islandés del siglo XIX, y parada ineludible en el viaje por esta costa de montañas abruptas y profundos fiordos.

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Iglesia de los Siete Mártires. Grecia

Iglesia de los Siete Mártires. Grecia

Sifnos, la isla de Apolo, alberga esta pequeña ermita de imponente ubicación. Se llega a ella desde la población de Kastro, la más pintoresca de la isla, que conserva intacto su ambiente rural. La iglesia se halla sobre una roca a merced del mar y fue construida siguiendo los cánones de la arquitectura tradicional, paredes encaladas y cúpula redondeada de color azul. Cuando sopla el viento fuerte, las olas golpean la pequeña iglesia creando una escena bellísima.

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San Pedro, Italia

San Pedro, Italia

Sobre el promontorio pétreo de le Bocche, en la costa de Liguria, se construyó esta pequeña capilla en el siglo XII en el mismo emplazamiento de una iglesia paleocristiana que databa del siglo V. La iglesia de San Pedro se halla en la localidad de Portovenere que, a su vez, forma parte de este pequeño paraíso que es las Cinque Terre. Desde la iglesia se disfruta de una vista impresionante.

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Sildpollnes. Noruega

Sildpollnes. Noruega

Las Feroe, además de sus paisajes impresionantes, ofrecen joyas como esta iglesia situada en una pequeña península que penetra en el fiordo, en la isla de Austvagoya. Su silueta se aprecia desde una de las carreteras principales de la zona, la Ruta Europea 10, observatorio privilegiado de esta construcción de madera pintada de blanco que desde 1891 embellece el territorio.

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San Juan. Macedonia

San Juan. Macedonia

Por último una excepción, ya que esta capilla bebe las aguas del lago de Ohrid. La ciudad homónima tiene más de 360 iglesias pero ninguna con un emplazamiento tan espectacular como la dedicada a San Juan de Patmos. La construcción de este pequeño templo ortodoxo data del siglo XIV y en 1964, durante unos trabajos de restauración, se descubrieron valiosos frescos en su ábside.

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Forman un paisaje de ensueño, están allí, al borde del mar, para proteger a los marineros y pescadores que han surcado el océano durante siglos.

Son como faros en el horizonte, siluetas cuya visión ha sido anhelada por intrépidos marinos a su regreso a casa. Su emplazamiento no puede ser más romántico, salvaje y bello, en lo alto de impresionantes acantilados o en el fondo de profundos fiordos. De aquellos tiempos en los que estas pequeñas iglesias eran veneradas como símbolos de agradecimiento, se celebran hoy romerías y fiestas que ponen en relieve el peso de la historia y de la tradición. Visitas imperdibles, destinos obligados, cuya magia y belleza tienen la capacidad de transportarnos en el tiempo.