6 monasterios que tocan las nubes

Alardes arquitectónicos o proezas naturales, la visión de estos templos aupados en las montañas es realmente conmovedora.

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Taungkalat . Taung Kalat, Myanmar

Taung Kalat, Myanmar

En lo alto de un afilado montículo, a 1.518 metros sobre el nivel del mar, se erige este santuario de cúpulas doradas y paredes blancas que el amanecer envuelve con la bruma. El monasterio solo es accesible a pie, tras subir 777 escalones excavados en el pronunciado acantilado de basalto que se eleva como un gigantesco pedestal. 

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Meteora. Meteora, Grecia

Meteora, Grecia

En el corazón de Grecia, muy cerca de la ciudad de Kalambaka, se halla un grupo de montículos sobre los que, entre los siglos XIV y XVI, se construyeron una veintena de monasterios. Aupados al borde del abismo, los cenobios fueron erigidos de forma casi inverosímil, subiendo los materiales a pie o en cestas con poleas; no hace tanto los monjes recibían los alimentos de igual forma. Hoy los aficionados a la escalada trepan por estas rocas verticales y los visitantes llegan por empinadas carreteras. Sobreviven seis monasterios habitados. En su interior sobrecoge el recogimiento, igual que los bellos frescos e iconos que cubren sus paredes. Lo mejor es llegar al amanecer para contemplarlos surgiendo entre las brumas.

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Sümela. Sümela, Turquía

Sümela, Turquía

Desafiando la verticalidad de la montaña, este monasterio ortodoxo, situado a 1.200 metros de altitud, está  engastado en las paredes rocosas montañas del parque nacional de Altindere, en el extremo oriental de la costa del Mar Negro. Su origen se remonta al siglo IV cuando unos monjes encontraron en una de las cavidades de la montaña un icono de la Virgen, pero sus dimensiones y formas actuales proceden de la construcción que se realizó en este lugar santo en el siglo XIV. 

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Omlung Techa. Omlung Techa, India

Omlung Techa, India

La región de Ladack, llamada el Tíbet indio, sorprende con unos paisajes espectaculares, aldeas pequeñas y acogedoras y monasterios budistas que se empeñan en desafiar las leyes de la naturaleza. Uno de ellos es el que se encuentra en el valle de Markha, llamado Omlung Techa que está construido sobre las afiladas crestas de las montañas; también se puede visitar el monasterio de Hemis, donde cada 11 de julio tiene lugar un famoso festival.

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Taktsang. Taktsang, Bután

Taktsang, Bután

En el valle de Paro, es uno de los más espectaculares del país por su emplazamiento, adosado al flanco de un risco. La gente lo denomina El Nido del Tigre porque, según cuenta la leyenda, en el siglo VIII Guru Rimpoche llegó volando a lomos de una tigresa. El ascenso hasta allí, al borde del abismo, discurre primero a caballo y luego a pie, compartiendo camino junto a peregrinos llegados de todo Bután y también budistas occidentales. De los trece templos que conforman el monasterio, el más importante se sitúa en la gruta en la que meditó el maestro, que solo abre a los fieles una vez al año.

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Sant Martí del Canigó. Sant Martí del Canigó, Francia

Sant Martí del Canigó, Francia

Mucho más cercano pero no menos espectacular es este monasterio románico enclavado en el corazón de los Pirineos, a más de 1000 metros de altitud. La abadía benedictina fue fundada en el año 1009 por Guifré II, conde de la Cerdanya y el Conflent, y su hermano Oliva, abad de los monasterios de Sant Miquel de Cuixà y Santa Maria de Ripoll. Hay un mirador situado unos metros por encima del monasterio que depara unas vistas espectaculares del conjunto. 

Alardes arquitectónicos o proezas naturales, la visión de estos templos aupados en las montañas es realmente conmovedora.

Fueron hechos para estar más cerca del cielo, para encontrar el aislamiento y el silencio, rodeados de naturaleza y situados en los lugares más inaccesibles. Además de ser meca de peregrinos, hoy estos monasterios avivan la curiosidad del visitante que se pregunta cómo es posible que llegaran hasta estas cimas los materiales necesarios para llevar a cabo obras de esta magnitud o como vivían los monjes en el siglo IV en estas celdas casi aéreas. La belleza de estos lugares da alguna pista, así como la necesidad de buscar el mas recónditos de los lugares del planeta para encontrarse con uno mismo.