Seis ciudades amuralladas y con mucha historia

Las magníficas fortificaciones de Khiva, Carcasona, Ávila, Fez, Tallin y Pingyao

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Pingyao. Pingyao, China

Pingyao, China

Conocida como la «ciudad de los tres tesoros», y la muralla es un de ellos, esta urbe fue un antiguo y potente centro textil lo que motivó que si tuviera que proteger con altos muros de doce metros de altura y más de seis kilómetros de longitud. La fisonomía de la bella ciudad fundada en el año 1300 responde a la imagen que debió tener Marco Polo a su llegada a estas latitudes, pues su casco antiguo ha sido poco alterado y se considera que es uno de los mejor conservados de China. Es Patrimonio de la Humanidad.

Foto: Gtres

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Khiva. Khiva, Uzbequistán

Khiva, Uzbequistán

Forma parte de la Ruta de la Seda, que transita por otras ciudades míticas como Samarcanda y Bukhara, pero Khiva es la que conserva su patrimonio más inalterado. Buena muestra de ello son sus poderosas murallas de doce metros de altura y dos kilómetros de longitud que en su origen se construyeron para proteger un oasis en mitad del desierto. Para las caravanas, en su periplo por estas áridas tierras, el agua era de suma importancia por lo que las murallas de Khiva tuvieron un papel estratégico fundamental. La ciudad que creció entre a su resguardo es conocida como Itchan Kala.

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Carcasona. Carcasona, Francia

Carcasona, Francia

Su aspecto desde lejos, con sus contundentes torreones y anchos muros, su foso y puente levadizo transporta a un mundo de leyendas y grandes historias épicas. Esta imagen se debe a una profunda rehabilitación que tuvo lugar en el siglo XIX y cuyo artífice fue el arquitecto e historiador Viollet-le-Duc. Esta fortaleza inexpugnable se construyó en el siglo XII y consta de un muro exterior de 1.672 metros de largo y otro interior de 1.300 metros, entre ambos se extiende el paseo entre murallas, muy recomendable. Intramuros, está la Cité, la ciudad antigua que conserva sus callejuelas, edificios medievales, un gran castillo y un montón de restaurantes y tiendas de recuerdos.

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Ávila. Ávila, España

Ávila, España

Con un perímetro de 2,5 kilómetros (abarca un área de 33 hectáreas), 87 torreones, 9 puertas y 2.500 merlones, el de Ávila es el recinto amurallado mejor conservado del mundo. Aunque empezó a ser construida en el siglo V, fue en la Edad Media cuando adquirió la magnificencia de la que hoy todavía somos testigos. Su contundencia no solo es visual, ya que fue levantada sobre roca caliza y algunos algunos tramos de sus muros tienen hasta tres metros de grosor. Se puede visitar buena parte de su trazado y es accesible desde Casa de las Carnicerías, la Puerta del Alcázar y la Puerta del Puente.

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Fez. Fez, Marruecos

Fez, Marruecos

Es una de las cuatro ciudades imperiales de Marruecos, junto a Marrakech, Meknés y Rabat. Alberga la medina más grande y auténtica del país, rodeada por murallas que esconden un laberinto de callejuelas, artesanos, curtidurías y un mundo intenso y auténtico que hay que descubrir y disfrutar paseando.

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Tallin. Tallin, Estonia

Tallin, Estonia

La muralla fue construida en distintas fases entre los siglos XIII y XVI y estaba originariamente fortificada con 46 torres, de las que hoy veinte se mantienen en pie. Con una altura que alcanza los 16 metros, hoy se conserva un tramo de dos kilómetros que rodea la ciudad. Las mejores vistas del conjunto amurallado se obtienen desde el mirador Paktuli en la colina de Toompea (ciudad alta). La imagen de la antigua Tallin recuerda la importancia de esta capital báltica como puerto estratégico.

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Las magníficas fortificaciones de Khiva, Carcasona, Ávila, Fez, Tallin y Pingyao

Khiva, Carcasona, Ávila, Fez, Tallin y Pingyao han conservado a su alrededor murallas que en su día fueron inexugnables y que hoy conservan el valor de la historia, la belleza de su construcción y una gran importancia urbanística. Todas ellas se han convertido en un gran reclamo turístico, en una gran atracción para quienes desean contemplar cómo se defendían las grandes ciudades de los invasores que asediaban estas urbes debido, no solo a su situación estratégica, sino también porque todas ellas ejercían un enorme poder cultural y económico.