Los lugares más bonitos de la Bretaña francesa

Laura Fernández

20 de enero de 2016

Un recorrido por sus antiguos pueblos medievales

Viajar a la Bretaña francesa es transportarse a la Edad Media, cuyas construcciones de piedra y entramados de madera son impasibles al paso del tiempo. Las imponentes fortalezas, como la de Fourgères, y los castillos que salpican toda la región, nos recuerdan que hubo un tiempo en el que la Bretaña tuvo que defenderse de numerosas guerras territoriales. Hoy, el grito por la independencia continúa vivo en algunas tiendas de souvenirs, donde los mapas reclaman sutilmente lo que es suyo.

Este es el caso de Nantes, hoy perteneciente a la región de los Países del Loira, y que sirvió como antigua sede del ducado de Bretaña. En el castillo de la ciudad de Julio Verne se puede conocer parte de su historia que nos servirá como punto de partida de nuestro viaje.

El resto de su cultura, arte y encanto lo encontramos en sus pequeños pueblos de costa o del interior. Todos ellos tienen en común el haber conservado la arquitectura típica de la época y de estar rodeados de grandes fortificaciones. Los faros son otro de sus elementos diferenciadores, como los que rodean a la isla Ouessant. También los canales, que permiten recorrer algunos de los pueblos del interior a través de pequeñas embarcaciones fluviales.

La espesa vegetación ha inspirado numerosos cuentos y leyendas. Estos se recrean cada día en Brocéliande, mientras que las numerosas composiciones megalíticas de Carnac han llamado la atención de historiadores y antropólogos de todo el mundo.