Italia

Los 10 iconos de una escapada a Florencia

En una ciudad donde hay tanto que visitar y ante lo que extasiarse, conviene hacer una lista para no dejarse nada.

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HEMIS 0721076. Florencia

Florencia

En el perfil de la gran capital toscana destacan la catedral de Santa Maria del Fiore, el campanario y el baptisterio de San Giovanni.

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Plaza de la Signoria

Plaza de la Signoria

Corazón político de Florencia en tiempos medievales, aquí se erige el Palacio Vecchio, hoy Ayuntamiento. Una copia del David de Miguel Ángel se alza frente a la entrada del edificio. En la imagen, la réplica del Rapto de las Sabinas de Juan de Bolonia. 

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Palacio Vecchio

Palacio Vecchio

Sede del gobierno de la ciudad durante siete siglos, sus salas están decoradas con fastuosos frescos en las paredes y los techos. La torre tiene una altura de 94 metros.

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Sala de los Quinientos

Sala de los Quinientos

La imponente sala del palacio Vecchio (54 metros de longitud, 22 metros de anchura y 17 metros de altura) está decorada con valiosos frescos.

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Puente Vecchio

Puente Vecchio

Convertido en uno de los símbolos de Florencia y en un de los puentes más famosos del mundo, consta de cuatro pisos, el superior alberga el Corredor Vasariano, de 1565.

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Galería de los Uffizi

Galería de los Uffizi

El edificio que la alberga (1560-1580) tiene forma de «U» y dos plantas. De sus paredes cuelgan las más sublimes obras de arte de los siglos XII al XVIII. En la imagen, la Primavera que Sandro Botticelli pintó en el año 1478.

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Santa Maria Novella

Santa Maria Novella

Con su fachada de mármol e incrustaciones, se cuenta entre los edificios más bellos del Renacimiento. En su interior se halla la farmacia más antigua de Europa en funcionamiento desde el año 1221. 

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Santa Croce

Santa Croce

El interior de esta iglesia guarda el sepulcro de Miguel Ángel. En la imagen, la capilla de los Pazzi, una de las más bellamente decoradas.

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Jardines de Bóboli

Jardines de Bóboli

En la otra orilla del río Arno se erige el descomunal palacio Pitti rodeado por los excelsos jardines de Bóboli que tienen una extensión de 45.000 metros cuadrados. 

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30 de septiembre de 2015

El llamado «síndrome de Stendhal» sigue embargando al visitante que llega a Florencia y pretende ver en unos pocos días el impresionante alud de arte que se concentra en la ciudad. Tanta belleza, tanto por contemplar y disfrutar. Lo adecuado es tomar la ciudad a pequeños sorbos, en varias escapadas para no sufrir una «indigestión» florentina. Con tiempo para sentarse en las plazoletas, previendo colas, degustando platillos de la excelente cocina toscana, paseando sin rumbo por las calles empedradas flanqueadas por edificios medievales y renacentistas de paredes desconchadas y gran encanto. Por eso, porqué Florencia es excesiva, hemos elaborado una lista con diez atracciones indispensables que hay que ir tachando de nuestra lista, pero no todas de una vez, si no poco a poco.

Plaza del Duomo. Es un lugar irresistible por el conjunto catedralicio y los cafés situados a su alrededor. Antes de la visita a la Catedral, el Campanile de Giotto y el Battistero di San Giovanni, conviene detenerse en el bar Scudieri que, desde 1939, ofrece café, pasteles y una vista perfecta. Es el momento de iniciar el recorrido por estas obras sublimes y admirar sus dimensiones –la catedral florentina es una de las más grandes del mundo– y su belleza. La cúpula construida por Filippo Brunelleschi (114 metros de altura y 45 metros de diámetro), fue decorada con obras de Giorgio Vasari y Federico Zuccari. No perderse la subida a la cúpula por sus más de cuatrocientos vertiginosos peldaños.

Plaza de la Signoria. El corazón político de Florencia. Aquí se levanta en toda su potencia, desde finales del siglo XIII, el palacio Vecchio, antigua sede del gobierno republicano y hoy Ayuntamiento. Mirando hacia la derecha, la vista se adentra en los soportales de la Galería de los Uffizi, el gran templo artístico de Florencia. Dos consejos: detenerse a contemplar la perfecta armonía del David de Miguel Ángel, la elegante violencia del Rapto de las Sabinas de Juan de Bolonia o la sangrienta belleza del Perseo de Cellini, en la contigua Loggia de la Signoria, y degustar una ración de buenísimo chocolate en la histórica chocolatería Rivoire, inaugurada en 1872.

Palacio Vecchio. Fue residencia de los Médicis hasta que se trasladaron al palacio Pitti. El Vecchio, con su torre de 94 metros, tiene más aspecto de fortaleza que de residencia. Efectivamente, la época en que fue erigido (1299-1341) era un momento de revueltas, así que la sede del gobierno de la ciudad debía ser un lugar seguro. El interior, en cambio, rebosa sensibilidad artística con estancias repletas de pinturas, frescos y esculturas de los artistas más relevantes del Renacimiento, y cuyo mayor ejemplo es el salón de los Quinientos, con frescos de Miguel Ángel.

Galería de los Uffizi. Adosado por un costado al palacio Vecchio, contiene las obras más valiosas del Renacimiento, todos los grandes artistas desde el siglo XII al siglo XVIII están aquí. La grandeza de sus fondos ha obligado a planificar ampliaciones de las salas y a trasladar una parte de la colección a otras sedes: las estatuas, por ejemplo, se encuentran en el Museo del Bargello.

Puente Vecchio. Edificado en 1345 en el punto más estrecho del Arno, este puente de cuatro pisos que sobrevivió a los bombardeos alemanes de la Segunda Guerra Mundial hoy alberga orfebrerías y tiendas de regalos. Por la parte superior discurre el Corredor Vasariano que hoy exhibe obras de la Galería de los Uffizi.

Santa Croce. Esta iglesia jesuita del siglo XIII alberga más de trescientos sepulcros entre los que destacan los de florentinos célebres como Galileo. Maquiavelo y Miguel Ángel.

Palacio Pitti. Sede de ocho museos, el fasto de sus apartamentos Reales y de la Galería Palatina recuerda que aquí vivieron tres de las dinastías más influyentes de la historia de Florencia: los Médicis, los Lorena y los Saboya. El palacio fue en realidad el sueño del banquero y mercader Luca Pitti, que pretendía competir en grandeza con los Médicis, pero que finalmente, desbordado por el gasto de las obras, tuvo que vendérselo al duque Cosme I de Médicis en 1549. La mayor ampliación del palacio, que triplicó la fachada original, ocurrió durante el corto periodo en que Florencia fue capital de Italia, de 1865 a 1870. La visita debe incluir los jardines de Bóboli.

Santa Maria Novella. Leon Battista Alberti acabó este templo propiedad de los dominicos en 1456. El itinerario guiado por su interior, el claustro y la antigua farmacia es una lección magistral de historia y arte. Las dos obras más importantes que alberga esta iglesia son La Trinidad, un fresco de Masaccio pionero en usar perspectiva y el Crucifijo de Brunelleschi, la única escultura de madera de este artista.

Galería de la Academia. Con una gran colección de escultura, pintura e instrumentos musicales, la Galería de la Academia destaca por albergar en su interior una de las esculturas más famosas de todos los tiempos: el David de Miguel Ángel.

Museo Bargello. Las esculturas de la Galería de los Uffizi se hallan en el palacio del Popolo, también llamado del Podestà. Este edificio medieval, con uno de los patios más bonitos de Italia, fue también prisión y desde una de sus ventanas se realizaban ejecuciones. Además de esculturas, posee una colección de artes aplicadas en la que destacan las piezas islámicas, las mayólicas, las armas y las medallas.

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