La ruta de los cátaros en diez etapas

Castillos legendarios y ciudades medievales en este circuito por tierras cátaras tras los pasos de los "bons hommes".

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Carcasona

Carcasona

Considerada la ciudad medieval mejor conservada y más impresionante de Europa, es el punto de partida idóneo para conocer el País Cátaro. La Puerta Narbonesa es la entrada principal a la Cité –con su doble recinto concéntrico de murallas y 52 torres–, una ciudad llena de bullicio, repleta de comercios que venden objetos artesanales y restaurantes que preparan el sabroso cassoulet, un guiso que merece regarse con un vino del Languedoc-Roussillon. Imprescindible la visita al castillo del siglo XII y la catedral gótica, así como un recorrido por su doble muralla.

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Lastours

Lastours

Cuatro castillos, auténticos «nidos de águila de piedra», cuyos nombres se corresponden con cantares de gesta medievales: Cabaret, Tour Régine, Quertinheux y Fleur d’Espine. La mejor perspectiva de las cuatro fortalezas se consigue desde el Belvedere de Montfermier, verdadera platea de un anfiteatro natural que permite trasladarse a la Edad Media con solo cerrar los ojos un instante.

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Minerve

Minerve

Este pueblecito de empinadas cuestas, hogar de numerosos artistas y artesanos y considerado como uno de «los más bellos de Francia», presenta una imagen realmente idílica con sus casa colgando al borde del precipicio. En uno de sus extremos sobresalen restos de la fortaleza y el torreón angular, dejados como testimonio de la barbarie cruzada: 180 supervivientes, algunos de los cuales eran templarios, fueron quemados vivos. Aún se conserva la Casa del Temple y, frente a la iglesia, un bloque de piedra taladrado con forma de paloma, el ave de la paz de los cátaros.

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Lagrasse

Lagrasse

El pueblo se asoma al río Orbieu, cruzado por dos puentes medievales. Es otro de los pueblos clasificados como de los más bellos de Francia por su cuidado núcleo antiguo, con calles estrechas y empedradas que conducen al Halle, el mercado medieval cubierto. Al otro lado del río se erige la abadía de Sainte Marie d’Orbieu, fundada en el siglo VIII.

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Peyrepertuse.

Peyrepertuse.

Situado en la cima de una cresta rocosa, cuyas paredes verticales alcanzan los 80 metros, fue uno de los castillos cátaros más poderosos. La simple visión de esta ubicación ya dice mucho del bastión que hubo de ser. Tras dejar el vehículo en el aparcamiento, conviene redear a pie el castillo hasta su imponente cara norte.

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Quéribus

Quéribus

Muy cerca de Peyrepertuse se alza otra de las importantes fortalezas cátaras, a 628 metros de altura. Restaurado a mediados del siglo XX, consta de tres recintos construidos a distintas alturas, varias salas góticas bellísimas y la subida a lo alto de la torre del homenaje depara unas vistas sublimes a los Pirineos.

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Montségur

Montségur

Esta atalaya situada a 1.200 metros de altura fue icono del catarismo. Su caída fue el final definitivo de este movimiento a este lado de los Pirineos y los cátaros iniciaron su gran éxodo hacia la península ibérica. Una lápida cerca del castillo recuerda el lugar donde fueron quemados 215 hombres, mujeres y niños en 1243.

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Mirepoix

Mirepoix

Es una de las doce ciudades fortificadas de la Route des Bastides. Posee una bella su plaza porticada (en la imagen) y una catedral gótica cuya amplia nave central es uno de los mayores tesoros artísticos que jalonan la Ruta Cátara. 

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Saissac

Saissac

Este pueblo y los vestigios de su castillo cátaro se asoman al horizonte desde una colina boscosa de la región natural de la Montaña Negra

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Albi

Albi

El viaje culmina en esta bella ciudad que se extiende junto al río Tarn y que está presidida por la Ciudad Episcopal que incluye la Catedral y el Palacio Berbier. Así, la ruta termina donde se sitúa en el origen del catarismo, no en vano sus seguidores fueron llamados también albigenses. Se afirma que el primer obispo cátaro fue de Albi y también que sus habitantes lucharon para evitar que algunos «hombres buenos» fueran quemados en la ciudad. Imprescindible la visita al Museo Toulouse Lautrech que se ubica en el Palacio Berbier, el paseo por sus ordenados jardines y el disfrute de la propia ciudad y su excelente gastronomía.

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6 de octubre de 2015

La región del Languedoc fue el escenario de este movimiento religioso del siglo XIII, considerado herético por Roma y que fue perseguido hasta su total aniquilación en el siglo XIV. Hoy una ruta que abarca unos 300 kilómetros abraza los castillos y pueblos en los que los cátaros se alzaron en su defensa, muchos de los cuales son visitables. Esta ruta es también una excelente oportunidad para conocer los paisajes de relieve abrupto, grandes ríos y viñedos de esta región del sur de Francia.

El itinerario puede empezar por una de las joyas de la ruta, la medieval y amurallada Carcasona, que consiguió su imagen actual gracias a una rotunda rehabilitación llevada a cabo en el siglo XIX por Violett-le-Duc, arquitecto y gran medievalista. Tras este brillante inicio, los castillos de Latours, Quèribus, Peyrepertuse y Montségur esperan en lo alto de las montañas como «nidos de águila» y pueblos preciosos aguardan con su deliciosa gastronomía.