Irlanda

La ruta costera del Atlántico

Este viaje por carretera recorre 2.500 kilómetros bordeando la escarpada costa oeste de Irlanda y visita algunos de los paisajes más bellos del planeta.

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HEMIS 0451042. Ruta costera del Atlántico

Ruta costera del Atlántico

Desde Cork, en el sur de Irlanda, hasta Donegal, en el norte, este viaje por carretera recorre 2.500 kilómetros bordeando la escarpada costa oeste de la «Isla Esmeralda».

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HEMIS 0307432. Las penínsulas del sudoeste irlandés

Las penínsulas del sudoeste irlandés

Como un gran zarpazo, cinco lenguas de tierra, estrechas y abruptas, se clavan el mar. Son las espectaculares penísulas de Mizen, Sheep’s Head, Beara, Ivergah y Dingle (en la imagen).

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HEMIS 0025501. Pueblos con encanto

Pueblos con encanto

A lo largo de la costa oeste de Irlanda se hallan pequeños pueblos que han preservado la tradición celta y donde se sigue hablando el gaélico. Son alegres y acogedores, como Dingle, en la imagen. 

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HEMIS 0082127. Al son del «bodhrán»

Al son del «bodhrán»

Violines, banjos y el son del bodhrán (pandereta típica irlandesa) resuenan en los animados pubs de esta zona de Irlanda. Una velada escuchando música y tomando una pinta de cerveza negra es una de las mejores formas de conocer a sus habitantes.

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HEMIS 0817769. Los acantilados de Moher

Los acantilados de Moher

Son la estrella paisajística de la ruta, con sus 214 metros de altura sobre el mar. Una inmensa pared de piedra con la que las olas chocan con toda su fiereza y el viento azota sin descanso. 

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HEMIS 0450972. Connemara

Connemara

A medida que se va ganado el norte, el paisaje se va volviendo más agreste y salvaje si cabe. En la imagen, la playa de Killary.

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13 de junio de 2014

Espectaculares acantilados, bahías de ensueño, islas solitarias, pequeños pueblos tradicionales se suceden a los largos de los 2.500 kilómetros que traza esta ruta a  lo largo de la costa oeste irlandesa. El viaje comienza en Cork para llegar a la población de pescadores de Cohn situada a treinta kilómetros en el sur. Desde ahí la carretera emprende su sinuoso recorrido repleto de alicientes paisajísticos y culturales. El Atlántico oscuro y frío acompaña a lo largo de este periplo que invita a conocer la Irlanda rural, tradicional, y a disfrutar de su folclore. Dos pueblos cercanos, Kinsale y Clonakilty, son dos paradas perfectas para tener ese primer contacto con la acogedora Irlanda. Pequeños, con sus casas de fachadas de colores y sus numerosos pubs donde degustar una pinta de cerveza negra al son de la música celta.

Un paisaje divino

Como un gran zarpazo, cinco lenguas de tierra, estrechas y abruptas, se clavan el mar. Las llaman la «mano de Dios» y dicen que fue el Creador que al final de su obra dejó en estas tierras su huella. Lo que es cierto es que recorrer la carretera que circunda las penínsulas de Mizen y Sheep’s Head  –con las islas Skellig enfrente– y seguir por la de Beara es una experiencia difícilmente superable por la espectacularidad de los paisajes que se atraviesan.

Pero todavía queda mucho por ver y unos kilómetros más al norte aparece la península de Iveragh que se recorre a través del llamado Anillo de Kerry y presenta una combinación casi perfecta entre vistas panorámicas, monumentos megalíticos y pueblos tradicionales. 

Música y tradición celtas

El oeste de Irlanda es la zona donde mejor se ha preservado las tradiciones y el gaélico. El pueblo de Dingle es un buen punto para comprobarlo. Conocido por sus festivales de música celta, es uno de los pueblos más animados de la costa oeste, con muchos pubs y restaurantes donde degustar el excelente marisco de la zona. Desde aquí se puede acceder a las islas Blasquet, deshabitadas desde 1953.

Tras abandonar el condado de Kerry a través del río Shannon, se extiende el de Clare. El cabo de Loop Head es una sucesión de acantilados y arcos cincelados en la roca, en el extremo del cual se erige un parpadeante faro. Un poco más al norte se encuentra la playa Spanish Point, donde naufragaron buques de la Armada Invencible en 1588, y después los acantilados de Moher, uno de los paisajes más espectaculares de Europa con sus 214 metros de altura sobre el mar. Las olas azotan con fuerza la base de esta pared rocosa y el viento compite con ellas en fuerza.

Más al norte todavía

Las notas de violines y banjos y el son del bodhrán (pandereta típica irlandesa) resuenan en las calles de Doolin, una pequeña localidad vivaz y muy celta. La llegada a la ciudad de Galway, a 75 kilómetros, indica que se está a medio camino de culminar la ruta, una ruta que ofrece más de 150 miradores y la posibilidad de avistar ballenas y delfines. Éste úñtimo puede ser uno de los alicientes de visitar las islas Aran adonde se llega en ferri, pero no el único, ya que este pequeño archipiélago conserva como pocos el carácter y la cultura gaélica.

Al norte esperan las extensas y remotas playas de los condados de Conemmara y Mayo, como Dog’s Bay y Gurteen. En estas latitudes el viento va ganando fuerza y el mar es cada vez más bravo y oscuro. El norte salvaje cobra aún más fuerza en la península de Mullet y la bahía de Sligo presidida por el monte Ben Bulben, que depara unas vistas extraordinarias. Un alto en el pueblo de Strandhill para contemplar como las tablas de surf hacen equilibrios sobre las crestas de las olas. El último de los condados que visita la ruta costera del Atlántico es Donegal, con sus playas de arena fina y sus paisajes salvajes y agrestes.

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Turismo de Irlanda