Visita a Palma de Mallorca

Una ciudad que enamora por su patrimonio gótico y su gastronomía mediterránea

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141902276. Bahía de Palma

Bahía de Palma

Desde el Paseo Marítimo se contempla la catedral de Santa María, una de las más grandes de Europa.

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359922. Antoni Gaudí y Miquel Barceló decoraron algunas partes del interior de la Seu de Palma de Mallorca

Antoni Gaudí y Miquel Barceló decoraron algunas partes del interior de la Seu de Palma de Mallorca

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IBR-2420045. La plaza de Santa Eulàlia es un rincón idóneo para tomarse un respiro en la visita de Palma

La plaza de Santa Eulàlia es un rincón idóneo para tomarse un respiro en la visita de Palma

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IBR-2427911. El patio de Can Vivot, en la calle San Savella, es una joya de la arquitectura civil mallorquina del siglo XVII

El patio de Can Vivot, en la calle San Savella, es una joya de la arquitectura civil mallorquina del siglo XVII

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24014. Las playas de Palma y S’Arenal forman juntas una extensión de 5 km de largo

Las playas de Palma y S’Arenal forman juntas una extensión de 5 km de largo

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VN-ESC Palma de Mallorca REMAQ-3. Visitas en la ciudad de Palma

Visitas en la ciudad de Palma

1 Catedral. La Seu empezó a construirse el año 1300 en estilo gótico, aunque incorpora retoques contemporáneos.  
2 La Almudaina. Este palacio, sede del poder desde hace dos milenios, fusiona arquitectura musulmana y gótica.
3 Can Vivot. Los arcos y columnas corintias de su patio se pueden admirar desde las rejas del exterior.
4 Castillo de Bellver. Esta fortaleza del siglo XIV es la única de España con base circular. Acoge eventos culturales.

Mapa: BLAUSET

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La capital balear es una ciudad de espíritu chic y trasnochador, que a la vez luce una fachada clásica con callejones medievales y edificios góticos que miran a su bahía mediterránea. Desde el puerto se inicia el paseo en los jardines de S’Hort des Rei, un vergel urbano que recrea la atmósfera morisca que un día tuvo la ciudad. Sus fuentes, naranjos y estanques son el preludio de la Almudaina, la antigua alcazaba árabe que fue transformada en palacio gótico cuando el rey cristiano Jaume I (1208-1276) decidió convertirla en su residencia en la isla. Después de él, otros soberanos, gobernadores y capitanes la irían adecuando a los gustos de cada época. Hoy, el palacio sigue utilizándose para actos oficiales.

Siguiendo por el Passeig Dalt Murada, que discurre sobre la muralla medieval, nos acercamos a otro legado de Madina Mayurqa: los baños árabes (siglo X). Son los únicos supervivientes de los cinco que aparecen inscritos en el Llibre del Repartiment de Mallorca, el manuscrito en el que Jaume I registró las donaciones de tierras que, tras la conquista de la isla, hizo a quienes le apoyaron en la gesta. Cerca queda el Museo de Historia de Mallorca, en un palacio del siglo XVII.

El barrio histórico de Palma está presidido por la Seu, una catedral que fue diseñada para ser admirada desde el mar. En el interior del espléndido templo gótico sorprenden las paredes de cerámica de la capilla de San Pedro, que parecen derretirse. Son obra del artista Miquel Barceló (Felanitx, 1957) quien se dedicó en cuerpo –literalmente, usó sus puños– y alma durante siete largos años. En 1914, Antonio Gaudí también había hecho que los mallorquines se llevaran las manos a la cabeza ante su intervención en el templo, cuando añadió piezas como el baldaquino del altar Mayor, hoy considerado una obra genial.

El barrio histórico de Palma está presidido por la Seu, una catedral que fue diseñada para ser admirada desde el mar

Dejando el mar a la espalda, toca adentrarse por el angosto casco antiguo. Durante el paseo conviene no limitarse a mirar las fachadas, sino que hay que fisgonear qué hay detrás de las puertas medio abiertas. Porque los patios de Palma son como un tratado de arquitectura del siglo XIII al XIX. Espacios que durante mucho tiempo permanecieron medio ocultos y que hoy fascinan a quienes recalan en ellos y contemplan sus arcos, columnas, suelos empedrados, escalinatas y forjas.

Los hay fastuosos, como el de Can Bordils, ahora Archivo Municipal, o el del palacio gótico de Can Olesa; y los hay que un día tuvieron un papel en la historia como Can Vivot, donde se tramó la conspiración de los Borbones durante la guerra de Sucesión. También hay patios que un día dejaron de serlo, como el de Can Fontirroig, cubierto en el siglo XIX, o Can Marcel, ahora un local nocturno decorado al estilo de las películas de Visconti.

Si entre patio y patio se pierde el rumbo, lo mejor es acudir al punto de referencia del barrio antiguo, la plaza de Santa Eulàlia, donde siempre apetece reposar bajo la sombra de los plátanos. Aunque si el paladar nos pide un sabor típico, conviene bordear la iglesia de Santa Eulàlia y acercarse a la calle de Can Sanç, donde la chocolatería Can Joan de S’Aigo viene endulzando la vida desde 1700. Hoy es un café de los de antes, con mesas de mármol y lámparas de cristal mallorquín, donde se impone pedir una ensaimada llisa, la más tradicional, sin ningún relleno.

Can Joan de S’Aigo no es el único local de Palma que inspira nostalgia por los comercios de toda la vida. En la plaza Weyler está el Forn des Teatre, una panadería decimonónica que en 1916 se remozó en el estilo de moda: el modernismo. Sobre el mostrador ofrece ensaimadas, cocarrois (empanadilla de verdura) y panades (bollo de carne).

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Tras reponer fuerzas, caminamos hasta el Passeig des Born, clásico de los sábados de café y shopping, y Es Baluard, el Museo de Arte Moderno y Contemporáneo, instalado en una fortaleza del siglo XVI. Pero es junto al mar donde Palma despliega todo su encanto mediterráneo. Caminando a lo largo del Passeig Marítim se ven, a un lado, los muelles deportivos con sus mástiles y, al otro, los industriales con sus grúas. Más allá del casco histórico quedan los coquetos y más marineros muelles de Portitxol y las playas urbanas de Cala Estancia, Playa de Palma, Ca’n Pere Antoni, Ciutat Jardí, S’Arenal...

El recorrido por la capital balear no estaría completo sin visitar otro de sus emblemas: el castillo de Bellver. Hay que alejarse algo del centro y subir a ese cerro situado en Poniente, desde donde antaño se oteaba el mar en busca de enemigos. Esta fortaleza de planta circular se construyó como defensa, pero su magnífica ubicación –Bellver deriva de bell veure, que en catalán significa buena vista– hizo que los reyes residentes también quisieran disfrutar del panorama desde sus aposentos; entre los afortunados, Juan de Aragón, Isabel II y Alfonso XII. También acogió a Gaspar Melchor de Jovellanos y a muchos oficiales franceses, aunque éstos fueron recibidos con menos comodidades pues estuvieron en Bellver a partir de 1717, cuando había sido transformado en prisión. Hoy las vistas sobre Palma y su bahía siguen siendo inmejorables.

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Cómo llegar: el aeropuerto está 11 km al sudeste de Palma. Otra forma habitual de viajar a Mallorca es por mar en las líneas regulares que zarpan desde Barcelona, Alicante y Valencia.