Viaje por la antigua Ceilán

Entre templos milenarios, campos de té y playas de coral al borde del océano Índico

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Un enclave sagrado

La roca de Sigiriya se eleva en el centro de la isla, rodeada de montañas, bosques y delicados jardines. Su cima guarda los restos de una antigua civilización.

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Dambulla

Emblema de Sri Lanka, el Templo Real de la Roca está compuesto por cinco cuevas que contienen unas 150 estatuas de Buda y pinturas de hace 2.000 años.

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Sigiriya

La escalera que asciende a la cumbre de este monte sagrado empieza entre las garras de un león y continúa por pasadizos decorados con frescos.

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Polonnaruwa

El templo de Gal Vihara es el mayor tesoro de la antigua capital del reino que abarcaba el centro de la isla. Alberga la estatua de un Buda yacente que mide 15 metros de largo.

WIOLETTA CIOLKIEWICZ

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DSCN7295. Passekudah

Passekudah

Es uno de los destinos preferidos de la costa oriental gracias a la posibilidad de bucear entre corales y a sus playas de cocoteros.

CHARITH GUNARATHNA

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shutterstock 128294915. La isla de los elefantes

La isla de los elefantes

En los parques de Yala, Uda Walawe, Minneriya, Kaudulla y Bundala es fácil ver manadas de entre 250 y 500 individuos.

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FishermlipCAP. Weligama

Weligama

En esta bahía y las playas próximas a Galle, los pescadores permanecen horas encaramados en zancos de dos metros. Este sistema de pesca con caña surgió de aprovechar las barras de hierro abandonadas de la II Guerra Mundial.

PHILIPPE CAP

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VN 184 SRI LANKA rem-4. Ruta por la isla del té

Ruta por la isla del té

1 Kandy. La gran ciudad de las Tierras Altas está rodeada de campos de té.
2 Sigiriya. Este monte de granito guarda vestigios milenarios.
3 Dambulla. Un complejo de cinco cuevas con templos.
4 Passakudah. Destino de playa y buceo en la costa oriental.
5 Weligama. Es una bahía ideal para disfrutar del mar.
6 Galle. Hay que visitar el Fuerte holandés y la Ciudad Vieja.

Mapa: BLAUSET

27 de julio de 2015

Sri Lanka es la mezcla perfecta de cultura, tradición, naturaleza y gente humilde y sonriente. La tristeza no define para nada a esta isla con forma de lágrima y repleta de enclaves Patrimonio de la Humanidad, testimonios silenciosos de las diversas civilizaciones que la han habitado a lo largo de milenios.

El viaje por la antigua Ceilán empieza al poco de aterrizar en el aeropuerto de Colombo, la bulliciosa capital, cuando se toma el tren que conduce hacia la bonita ciudad de Kandy, en las Tierras Altas. El trayecto es una explosión de sensaciones y colorido que aumenta a medida que el ferrocarril asciende desde el nivel del mar hasta el corazón de la sierra donde aún se cultiva un té de excelente calidad.

Rodeada por montañas de cumbres de un verde brillante, sumidas con frecuencia bajo la neblina, Kandy se presenta como una interesante mezcla entre la tradición budista y el espíritu colonial legado por los británicos. Fue la capital del último reino cingalés, que duró tres siglos antes de ser derrotado por los ingleses en 1815. De aquella época –1807– es el lago artificial situado en medio de la ciudad. En su orilla norte se halla el antiguo Palacio Real , ahora transformado en parte en el Museo Nacional, y el muy venerado templo del Diente de Buda, reliquia que llegó a la isla en el siglo iv; asistir a la ceremonia de la adoración, al atardecer, es una experiencia única. Al día siguiente hay que perderse por el mercado que se instala junto al lago y dejarse impregnar por el aire de alegría y fiesta. Es un lugar perfecto para degustar platillos de carne o pescado especiados, acompañados de arroz con curry y probar el arrack, un aguardiente de coco.

El Templo del Oro de Dambulla aparece escondido en una montaña con las cinco cuevas de sublime belleza

La ruta por las Tierras Altas toma rumbo norte para visitar el triángulo que forman Polonnaruwa, capital medieval del reino central de Ceilán, los templos de Sigiriya y la ciudad histórica de Anuradhapura. El esplendor de Polonnaruwa se percibe entre los restos de cientos de monumentos. El que arranca más admiración es el templo de Gal Vihara, con tres Budas colosales: uno meditando, otro de pie con los brazos cruzados y otro recostado de15 metros que representa a Buda alcanzando el nirvana final en el momento de morir.

El autobús hace piruetas por caminos intransitables hacia Sigiriya, el corazón de la isla. Allí permanece aún el palacio fortaleza que, en el siglo v, el rey Kashyapa mandó erigir en la cima de la Roca del León. Tras su muerte, el palacio fue abandonado y utilizado como monasterio budista. El acceso son unas escaleras con más de mil escalones que empiezan entre unas garras talladas y luego suben flanqueadas por frescos de mujeres de torso desnudo, pintados con suma delicadeza. De nuevo en la base, los jardines de la zona amurallada invitan a imaginar este lugar hace mil años.

La verdadera inmersión en la historia de Sri Lanka se produce en Anuradhapura, 77 kilómetros al norte. Esta ciudad, Patrimonio de la Humanidad desde 1982, se considera la cuna del budismo en la isla. Disfrutar de todas las maravillas arquitectónicas de Anuradhapura lleva tiempo, pero merece la pena. Sobre todo porque permite contemplar el Sri Maha Bodhiya, el árbol sagrado de 2.500 años de antigüedad que nació de un esqueje de la higuera bajo la cual Buda recibió la iluminación.

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En el trayecto hacia las cuevas de Dambulla, a 72 kilómetros, hay dos paradas ineludibles: el Buda de Aukana, del siglo V y 13 metros de alto, y Namal Uyuna, unas montañas de cuarzo rosa rodeadas de árboles del hierro (Mesua ferrea), una especie autóctona de hasta 30 metros, hojas de un verde grisáceo y grandes flores blancas. Un paseo de media hora conduce hasta un mirador. El Templo del Oro de Dambulla aparece escondido en una montaña con las cinco cuevas de sublime belleza. Refugio monástico de los primeros ascetas recién convertidos al budismo, estas gigantescas cavidades albergan frescos y figuras esculpidas de Buda de hace dos milenios.

Quizá no haya mejor lugar para disfrutar de las aguas del Índico que Passekudah, en la costa este. Dirigirse hacia allí aporta un relajante contrapunto al viaje por las Tierras Altas de Sri Lanka. El enclave se mantuvo intacto durante la guerra civil y, aunque ahora empieza a notar la presión del turismo, sigue siendo un remanso de paz donde bañarse y bucear entre arrecifes de coral. No hay que perder la oportunidad de conocer los beneficios de la milenaria medicina ayurvédica, cuyo tratamiento más conocido es el masaje con aceites personalizados.

Tras unos días de playa se puede regresar a Kandy para tomar el tren panorámico que cruza las montañas hasta Nanoy y, desde allí, llegar en autocar a Nuwara Eliya. Llamada «la pequeña Inglaterra» porque muchos colonos ingleses fijaron en ella sus residencias de retiro, está salpicada de cottages, parques victorianos y salones de té. Nuwara es famosa por su «oro de Ceilán», su maravilloso té, que se extiende en hectáreas de plantaciones donde, gracias a la altitud, se obtiene la mejor calidad. Mujeres vestidas con saris de colores recogen las hojas y las depositan en cestos de paja.

Los rápidos tuk-tuk, triciclos motorizados presentes en toda la isla, son el mejor medio para desplazarse por la zona. A 54 kilómetros de Nuwara se localiza Ella, un pueblo de montaña que ofrece numerosas oportunidades para realizar caminatas entre campos de té, alcanzar la cumbre del Pico del Pequeño Adán (1.141 m) y contemplar cascadas como la de Ravana, tras la que hay una cueva en la que estuvo escondida la princesa india Sita, según el poema épico del Ramayana.

El primer contacto con el litoral sur son las playas de Tangalle, cuatro kilómetros de arenas doradas en las que las tortugas marinas entierran sus huevos al anochecer. Rumbo oeste se alcanza la bahía de Weligama, donde se contempla la estampa de los pescadores que se sostienen sobre delgados postes de madera. Muy cerca se halla el puerto de Galle, que conserva el fuerte construido por los holandeses en el XVII, cuyos robustos muros protegieron el casco antiguo del devastador tsunami de 2004. Hoy aquel recuerdo queda lejos cuando se pasea a través de calles flanqueadas por casas con jardines y porches de aire británico. Sentarse al pie del faro de Galle será un poético final al viaje por Sri Lanka.

MÁS INFORMACIÓN

Documentos: pasaporte y un visado
Idiomas: cingalés y tamil.
Moneda: rupia de Sri Lanka.
Horario: 4 horas más.
Salud: no hay vacunas obligatorias pero se recomiendan las del tifus, tétanos, difteria y hepatitis A y B.

Cómo llegar y moevrse: Los vuelos a Sri Lanka desde España hacen una escala en Doha (Qatar), Estambul (Turquía) o Londres. El aeropuerto de Bandaranaike se localiza a 30 km de Colombo. Los autobuses (atención a la categoría) y los trenes cubren casi toda la isla. Para distancias más cortas se aconsejan los tuk-tuk o triciclos motorizados. Alquilar un coche con conductor resulta muy práctico por el mal estado de las carreteras y la rotulación en cingalés o tamil.