Viaje de Beijing a Shangai

Ruta asiática por paisajes sorprendentes y tradiciones milenarias

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El Río Li

Montes de cumbres redondeadas acompañan el curso de las aguas a su paso por Yangshuo, una zona donde la pesca con cormorán se practica desde hace siglos.

BILDGENTUR-ONLINE / AGE FOTOSTOCK

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485235. Ciudad Prohibida

Ciudad Prohibida

Desde el parque de Jingshan se consigue una vista casi aérea del inmenso palacio imperial, con la Puerta de la Pureza Celestial en primer plano.

HP HUBER / FOTOTECA 9 X 12

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La Gran Muralla

Tardó veinte siglos en construirse y consta de diferentes tramos. En la imagen, el de Huangyaguan.

YI LU / CORBIS

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Xian

Los 7.000 soldados del emperador Qin Shi Huangdi se encuentran 28 km al este de la ciudad.

DANITA DELIMONT / AWL IMAGES

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El Puente de los Suspiros

La leyenda cuenta que el Emperador Amarillo (Huangdi) mandó a su alquimista que descubriera el secreto de la inmortalidad en las cumbres del Huangshan, la Montaña Amarilla.

JOCHEN SCHLENKER / AGE FOTOSTOCK

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La Montaña Amarilla

Una red de senderos con escaleras recorre este macizo. La ruta Este tiene 8 km y la Oeste, 15 km. Es posible acortar la distancia si se sube en funicular.

YOKE WAH LEE

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Guilin

Los arrozales se extienden como un manto de surcos verdes sobre las colinas de la región de guilin.

HELMINADIA RANFORD

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Wuzhen

Esta ciudad de canales conserva la misma fisonomía que hace mil años. Las galerías abiertas al río Yangtsé aún sirven para pescar y para comprar a los vendedores que se desplazan en barca.

WILLIAM YU PHOTOGRAPHY / GATTY IMAGES

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El gran viaje hasta Shanghai

1 Beijing. La Ciudad Prohibida, el Palacio de Verano, los hutongs y el Templo del Cielo son visitas imprescindibles.
2 Gran Muralla. Los tramos mejor conservados están cerca de la capital y son accesibles en autobús y taxi.
3 Xian. Además de los Guerreros de Terracota, esta ciudad amurallada guarda numerosos vestigios históricos.
4 Montaña Amarilla. Este macizo de picos de leyenda se encuentra a poca distancia de Shanghai.
5 Guilin. Un paisaje de arrozales y montes kársticos.
6 Wuzhen. Milenaria ciudad de canales al sur de Shanghai.

Mapa: BLAUSET

Héctor Sánchez Minguillán

27 de enero de 2014

Desde Beijing a la Gran Muralla

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Desde Beijing a la Gran Muralla

Entre Beijing y Shanghai, China despliega un patrimonio histórico y natural que maravilló a viajeros antiguos y que aún enciende la imaginación de los occidentales. La Ciudad Prohibida de Beijing, residencia de las dinastías Ming y Qing durante casi 500 años, hasta que en 1912 fue derrocado el último emperador, es buena prueba de ello. Con pabellones separados por patios, delicados jardines y un canal que lo cruza de oeste a este, el recinto constituye una colosal obra de ingeniería y simbología confucianista en la que ningún elemento está colocado al azar. Al entrar en sus amplias estancias, orientadas para compensar las energías, es posible imaginar las audiencias de los emperadores con sus ministros y descubrir detalles que quizá se recuerden de haberlos visto en el film El último emperador (Bertolucci, 1987).

A pocos kilómetros de la capital y con la estela de sus bloques de piedra perdiéndose en el horizonte, se encuentra la fortificación más extensa del mundo, la Gran Muralla. Caminar por esta cresta legendaria es relativamente fácil, solo hay que contratar un coche con chófer o subir a un autobús que lleve a los tramos más famosos (Badaling, Mutianyu y Simatai), aunque existen otros también restaurados y con vistas de impresión, como el de Huangyaguan, unos cien kilómetros al este de la capital.

De nuevo en Beijing es el momento de recorrer los hutongs, las calles donde se descubren diminutos comercios, vendedores ambulantes, niños correteando, ancianos jugando al ajedrez y mujeres que cocinan en woks e inundan el ambiente de aromas. Perderse por estos barrios de casas bajas equivale a empaparse de viejas tradiciones, algo que también sucede en el Templo del Cielo, un santuario al que los emperadores acudían una vez al año a rezar por las cosechas. El legado imperial tiene otro enclave memorable 250 kilómetros al noroeste de Beijing (cinco horas de tren) en el palacio de Chengde. Rodeado de montañas, era un retiro ideal para huir del caluroso verano de la capital.

Mucho más que un ejército

Xian supone un cúmulo de nuevas sensaciones, especialmente si se realiza el viaje de trece horas en tren desde Beijing. Lo primero que sorprende son sus 14 kilómetros de murallas, vestigio de cuando fue un estratégico enclave militar además de una etapa de la Ruta de la Seda. A través de esta legendaria vía llegó Marco Polo en la segunda mitad del siglo XIII: «Una ciudad de notable comercio e industria. Tienen abundante seda [...] y también manufacturan todo tipo de equipamiento de guerra».

En la actualidad el máximo reclamo de Xian son los Guerreros de Terracota, figuras a tamaño natural que representan a un ejército en posición de batalla y que unos campesinos hallaron por casualidad en 1974. Para palpar la vida de la ciudad, nada mejor que perderse por el barrio musulmán, hogar de la etnia hui, descendientes de mercaderes árabes llegados hace siglos. La Gran Mezquita (siglo VIII) reina en medio de ese intrincado conjunto con puestos callejeros que venden artesanías, pinchos de cordero y dulces árabes.

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El monte de los poetas

Tras la fortificada y sobria Xian, el viaje hacia el sur descubre dos enclaves cargados de romanticismo: la Montaña Amarilla (Huangshan) y el paisaje de arrozales y formaciones kársticas de Guilin, en el sudoeste del país. A la primera se llega desde Tunxi, una ciudad encantadora situada a una hora de avión desde Xian. Resulta emocionante dormir en el pico de la montaña, al que se accede a pie o en teleférico, para ver la puesta de sol y el amanecer. Entonces uno se siente en el mismísimo cielo y entiende por qué este macizo es, desde hace siglos, fuente de inspiración de leyendas, canciones y poemas.

Pintores y también poetas tienen otro lugar de inspiración en Guilin, ciudad que dispone de conexiones aéreas frecuentes con Xian y Shanghai. La población está atravesada por el río Li, protegido por su valor natural y protagonista de un crucero inolvidable hasta la preciosa localidad de Yangshuo. Pocos paisajes otorgan la posibilidad de contemplar un entorno tan hermoso: colinas kársticas diseminadas en ambas riberas, extensos arrozales, búfalos de agua y pescadores subidos en sus barcas de bambú se suceden a lo largo de las cuatro horas que dura aproximadamente la travesía fluvial.

Shanghai es también interesante por sus mercados callejeros y por la variedad de templos

El viaje acaba en Shanghai, una de las ciudades del mundo en donde más evidente es el contraste entre modernidad y tradición. Con una gran variedad de museos, una intensa vida nocturna y actos culturales de todo tipo, Shanghai es también interesante por sus mercados callejeros y por la variedad de templos que aloja. Los hay taoístas, budistas, cristianos, musulmanes y judíos, así como uno dedicado a Confucio, el filósofo chino más influyente entre los emperadores.

Para descansar de la agitada Shanghai, resulta perfecto escaparse (en tren de alta velocidad) a las sosegadas poblaciones de Wuzhen y Hangzhou. La primera seduce por sus canales y puentes, sus edificios de madera asomados al río y los talleres artesanales que tiñen de azul índigo los tejidos de algodón que luego se venden por toda China. En cuanto a Hangzhou, el extenso Lago del Oeste invita a remar por sus plácidas aguas y acercarse a sus islas. Se dice que la ciudad hechizó al mismo Marco Polo cuando la visitó durante su segundo viaje. En esta antigua capital de la dinastía Song del Sur (1138-1279) cuentan que el gran mercader veneciano encontró «la Ciudad del Cielo, la más grandiosa del mundo».

Para saber más

Documentos: pasaporte y un visado que se tramita a través de una agencia de viajes o de la embajada.
Idiomas: mandarín.
Moneda: yuan.
Horario: 7 horas más.
Cómo llegar y moverse: Los vuelos desde España hasta Beijing y Shanghai tienen una escala intermedia. Los aeropuertos están conectados con el centro por taxi, autobús y tren rápido. Los vuelos domésticos y el tren comunica todas las grandes ciudades chinas. Para moverse en cada etapa del viaje lo más conveniente es contratar un coche con guía, pues los carteles están escritos en alfabeto chino.