Pirineo de Lleida

Valle de Arán, donde se esconde el Pirineo más puro

Este rincón del Pirineo leridano tiene una de las ofertas más seductoras para disfrutar del invierno

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AZ5G3524 Marimanya. País de montañas

País de montañas

Un 30% del territorio aranés se sitúa por encima de los 2.000 metros de altitud. Bajo estas líneas, cornisa de nieve en la cumbre del Tuc de Beret (2.590 m).

JAVI MONTES

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A05-1882720. Trineos de perros

Trineos de perros

El mushing se incorporó a la oferta aranesa de deportes de nieve en la década de 1990.

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El Alto Arán

La carretera que recorre este sector remonta el curso del río Garona desde Vielha hasta Baqueira-Beret.

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29 corzo. Fauna pirenaica

Fauna pirenaica

Las excursiones con raquetas y esquís alcanzan rincones donde es posible ver animales que se camuflan entre la nieve.

JAVI MONTES

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Paraíso del esquí

Desde que en 1912 entraron en el Valle de Arán los primeros esquís, el deporte blanco se ha convertido en el principal motor económico. En la fotografía, un descenso fuera pista cerca de Baqueira.

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Patrimonio histórico

Fresco de la iglesia de Santa Maria, en Arties.

JAVI MONTES

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Salardú

Es el templo románico de mayor tamaño del Valle de Arán. Por su torre octogonal, así como por los frescos y el Cristo de madera de su interior, constituye una joya artística del Pirineo.

JAVI MONTES

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Circo de Colomèrs

A este paraíso lacustre del Parque Nacional de Aigüestortes se accede desde Tredòs. En invierno se requieren raquetas o esquís.

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Val d'Aran-3. Desde Vielha por el Alto Arán

Desde Vielha por el Alto Arán

1 Vielha. La capital aranesa es la mayor población de esta comarca catalana. Tiene un rico patrimonio artístico, con la iglesia de Sant Miquel, el museo Etnológico y el de la Lana, y la casa señorial Ço de Rodès.
2 Arties. Es una de las puertas al parque de Aigüestortes. Su casco antiguo conserva casas renacentistas, una iglesia gótica y otra de origen románico.
3 Salardú. Ineludible por tres motivos: su iglesia románica, su cercanía a la estación de esquí de Baqueira y por ser la entrada al valle del río Unhòla.
4 Pla de Beret. En este llano nacen los ríos Garona y Noguera Pallaresa.
5 Montgarri. Se llega con esquís, raquetas o trineo desde el Pla de Beret.

Mapa: BLAUSET

Este rincón del Pirineo leridano tiene una de las ofertas más seductoras para disfrutar del invierno

En el corazón del Pirineo hay un pequeño país formado por 33 pesebres. Son 33 pueblos de tejados negros, muros recios de piedra y chimeneas humeantes desde las que sus habitantes se protegen de la pertinaz llegada de la nieve. Es el Valle de Arán, sinónimo de deportes de invierno, gastronomía rotunda y paisajes que podrían parecer fabulados. Este territorio algo mayor que Andorra (633 km cuadrados) es el valle con más precipitaciones de nieve de toda la cordillera, y de ahí que sea una meca invernal para los esquiadores, pero también que constituya un destino fantástico para los aficionados a la historia y el arte.

Vielha, la capital, es el lugar idóneo desde el que emprender una ruta hacia las zonas altas, con pueblos agrupados en torno al nombre genérico de Naut Aran (Alto Arán). Solo hay que tomar la carretera C-28 que se empina con rapidez para alcanzar en apenas siete kilómetros la localidad de Arties. Compañero del asfalto, bien a su derecha o a su izquierda, está el río Garona, columna vertebral de esta zona y con el que tropezaremos con frecuencia hasta descubrir sus fuentes.

En Arties despunta el campanario de la iglesia de Santa María, uno de los ejemplos románicos sobresalientes de la zona. Su elemento más destacado es el campanario de cinco pisos rematado en chapitel sobre el que se clava un reloj. Dentro aguarda un bello retablo gótico y pinturas murales de inquietante realismo. Arties vale como muestra de lo que encontraremos por todo el Naut Aran: pueblos de perfección arquitectónica, con casonas nobles y recias, tejados inclinados y enlutados de pizarra, lo que vuelve a recordarnos la abundancia de nieve. Desde esta localidad, los montañeros más intrépidos pueden adentrarse por el valle de Valarties, hacia el sur, e intentar la ascensión al Montardo (2.833 m), conocido como el «Montblanc aranés».

En tan solo cinco minutos de coche aparece Salardú, con su imponente iglesia de Sant Andreu. En el interior aguarda la talla románica de su famoso Cristo, que según una leyenda llegó hasta allí remontando el río y levitando sobre sus aguas, aunque desprovisto de la cruz. Hay que pasear por Salardú, detenerse en la fuente que preside la plaza Mayor y admirar las casas señoriales, que toman las formas más bellas de la arquitectura de montaña europea. En el paraje de Mòla se ha rehabilitado un antiguo molino harinero. Los crujidos de su mecanismo de madera nos transportan a los duros tiempos en los que el valle debía no solo autoabastecerse, sino también procesar sus alimentos.

Un desvío lleno de alicientes

Saliendo de la carretera principal, desviándonos hacia el norte apenas un par de kilómetros, esperan dos localidades minúsculas, Unha y Bagergue. La primera merece una parada larga para visitar su iglesia de Santa Eulària, la única con frescos románicos de todo Arán, y el Museo de la Nieve, en el que se puede aprender desde los tipos de cristales de hielo y las categorías en que se clasifica la nieve, hasta cómo ésta ha influido en las casas del Valle –con pocas ventanas, siempre evitando el lado norte y con tejados inclinados y resbaladizos– y cómo los araneses han acondicionando su calzado, vestimenta e incluso costumbres.
Bagergue, al cabo de un kilómetro, regala una de las más grandiosas estampas de la cordillera pirenaica: el pico Aneto y sus glaciares colindantes. Hay que mostrar cierto espíritu aventurero para calzarse unas raquetas o unos esquís y remontar el río Unhòla. La recompensa merece el esfuerzo: el modesto cauce, cargado de materiales ferrosos oxidados, se convierte en una cinta líquida de vivo color naranja que contrasta con el manto blanco de la nieve.

El balneario aranés

Nuevamente en la vía principal, en Tredòs tenemos la opción de enfilar la pista que conduce hacia el sur por el valle de Aiguamòg. Al final se encuentra el oasis termal de Banhs de Tredòs, un complejo aislado por la nieve en invierno –si nuestro vehículo no está preparado vendrán a buscarnos– donde gozar de aguas termales en el balneario situado a mayor altitud de Europa. Y de allí a la frontera con el Parque Nacional de Aigüestortes solo hay un paso, aunque en pleno invierno hay que recurrir a los esquís de fondo o las raquetas de nieve para moverse. La meta principal de los excursionistas suele ser el circo de Colomèrs, donde esperan docenas de lagos y bosques de abeto y pino negro. Allí, en los silencios invernales, reinan la perdiz nival, el urogallo y el rebeco, vigilados desde los cielos por el quebrantahuesos y el águila real.

El contraste a este santuario de la vida salvaje lo constituye la estación de esquí de Baqueira-Beret. Hace ahora medio siglo se inauguraron estas instalaciones que modificaron de forma definitiva la vida del Valle. Pastores, ganaderos y leñadores tradicionales, los araneses que se encerraban en sus casas para dejar pasar el crudo invierno se convirtieron con rapidez en gestores de negocios turísticos. La nieve, puntual todos los años, ha atraído durante las últimas cinco décadas a deportistas anhelantes de deslizarse por laderas de merengue. Hoy Baqueira, con 2.000 hectáreas y hasta 80 pistas, es la mayor estación de esquí de España. Y, a su rebufo, han surgido hoteles y restaurantes –hasta 200– que sirven manjares clásicos como la olla aranesa y los patés, así como el caviar que desde hace poco se produce en la comarca.

Las fuentes de Beret

El plato fuerte, a nivel paisajístico, de este sector es el Pla de Beret. En esta llanura situada a 1.860 metros de altitud se produce el milagro del nacimiento de dos ríos a pocos metros de distancia el uno del otro. Menhires misteriosos señalizan el lugar donde el Garona da sus primeros saltos para recorrer luego cientos de kilómetros hasta desembocar en el Atlántico. A pocos pasos de esa fuente está la del Noguera Pallaresa, uno de los ríos más importantes del Pirineo catalán, que tras lamer los costados del santuario de Montgarri –en invierno se llega con esquís, raquetas, trineo de perros o motonieve– desciende en sentido contrario hacia su encuentro con el mar Mediterráneo, Segre y Ebro mediante.
Desde estas alturas aranesas, más de mil metros por encima de Vielha, es el momento de dejar que el sol se esconda tras los colmillos del Pirineo y contemplar cómo cambia el paisaje: los pueblos se iluminan, los abetos funden a negro y las chimeneas lanzan un humo que susurra reconfortantes guisos y sopas.

MÁS INFORMACIÓN

Cómo llegar: Por carretera, el Valle de Arán tiene 2 accesos desde el sur: el Túnel de Vielha (N-230) y el Port de la Bonaigua (C-28). Hay conexión regular de autobús con Lleida, Barcelona y Zaragoza.

Cómo moverse: El autobús alcanza todas las poblaciones, tanto en verano como en invierno. El taxi de montaña es útil para llegar a lugares accesibles por pista de tierra. Las oficinas de turismo sugieren rutas de distinto nivel y guías de montaña. 

Turismo del Vall de Arán