Castilla enológica

Una ruta por la Ribera del Duero

Vino, cultura y arquitectura de diseño se funden en esta comarca castellana

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TIP-634STN00128. Pesquera del Duero

Pesquera del Duero

En las afueras de esta villa de larga tradición vitivinícola se halla la ermita barroca de Nuestra Señora de Rubialejos.

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ZN6-1974539. Peñafiel

Peñafiel

La deslumbrante bodega Protos, en Peñafiel, con su estructura futurista de madera, acero y cristal.

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ESY-002691360. Castillo de Peñafiel

Castillo de Peñafiel

Desde la torre del Homenaje de esta fortificación de doble muralla (s. XI-XV) se contemplan los extensos campos labrados de la meseta castellana.

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M13-1465086. Peñaranda de Duero

Peñaranda de Duero

Esta pequeña villa burgalesa, declarada Conjunto Histórico-Artístico, posee una de las plazas mejor preservadas de Castilla.

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VN-ESC Ribera del Duero REMAQ-4. Recorrido por la comarca

Recorrido por la comarca

1 Pesquera de Duero. Célebre por sus vinos y bodegas, ofrece visitas a la iglesia parroquial y varias ermitas.
2 Peñafiel. Cerca de la unión del río Duero con el Duratón, la villa reposa a los pies de su castillo del siglo xi.
3 Aranda de Duero. La iglesia de Santa María (s. XIV) es el principal monumento de la capital de comarca.
4 San Esteban de Gormaz. A esta antigua ciudadela fortificada se accede por un puente romano sobre el Duero.

Mapa: BLAUSET

4 de abril de 2014

El vino, ese néctar de dioses del que ya hablaban los clásicos griegos, se ha convertido en el alma de la atractiva ruta que recorre la Ribera del Duero, una comarca castellana vertebrada por uno de los grandes cauces vitivinícolas. Siguiendo el río se cruzan campos forrados de cepas y pueblos que aúnan aromas, gastronomía y patrimonio. Así es el paisaje en el que se elaboran los caldos de la denominación de origen Ribera del Duero, una de las más prestigiosas del país, que engloba bodegas tradicionales y otras de arquitectura vanguardista.

El viaje, que toma como eje la carretera N-122 y abarca un centenar de kilómetros, se inicia en la vallisoletana Pesquera de Duero, célebre por sus vinos. Además de la iglesia de San Juan (s. XVI), sus caserones y varias ermitas, vale la pena visitar el cerro de San Pedro, poblado de bodegas. A un paso, Curiel de Duero posee un castillo del siglo X que está considerado la fortificación más antigua erigida en la provincia de Valladolid; en la actualidad acoge un coqueto hotel de ambientación medieval. Nada que ver con el minimalista y luminoso edificio acristalado y con forma de cubo de la moderna Bodega Legaris, equipada con las últimas tecnologías y con un jardín zen en su interior.

Un corto trecho de cinco kilómetros conduce a la villa de Peñafiel, que en el pasado vio pasar a reyes, reinas e infantes. Sobre un cerro exhibe su castillo, también del siglo X, una mole con forma de navío que aloja el Museo Provincial del Vino (con sala de catas) y que contrasta con la moderna Bodega Protos, emplazada a sus pies. En el paseo por el pueblo resaltan la plaza del Coso, antaño escenario de justas, torneos y festejos taurinos, y el templo gótico-mudéjar de San Pablo, fundado en 1324 sobre un alcázar.

El Duero no entiende de fronteras y entra en la provincia de Burgos en paralelo a la N-122. La carretera y el río llegan juntos a Aranda de Duero, cuyo emblema gastronómico es el asado. Enmarcada entre viñedos, la capital comarcal fue corte castellana en el siglo XV y sede del concilio que, en 1473, se alojó en la iglesia de San Juan (s. XIII). Por aquí también pasaron los Reyes Católicos, cuyos escudos se ven en la iglesia de Santa María (s. XIV). El centro de Aranda de Duero se asienta sobre bodegas subterráneas que pueden visitarse con guía. Antes de dejar el pueblo hay que admirar la vista desde el puente medieval de las Tenerías.

Un desvío hacia el norte permite detenerse en Gumiel de Izán para ver la Bodega Portia, diseñada en 2010 por Norman Foster. A pocos kilómetros aparece Peñaranda de Duero, apiñada bajo su castillo y con una plaza Mayor flanqueada por casas porticadas, palacios renacentistas y la iglesia abacial de Santa Ana (s. XVI).

Retomando la N-122 y tras visitar en La Vid su monasterio barroco, apodado «El Escorial de la Ribera», el viaje concluye en la soriana San Esteban de Gormaz. Su caserío se desliza por un cerro en el que despuntan los restos de un castillo ligado al Cid Campeador. La plaza Mayor con soportales y las calles con caserones han presenciado durante siglos el ir y venir de gentes devotas que llegaban para visitar las iglesias de San Miguel –cerca tiene un antiguo lagar donde se recrea el proceso de elaboración del vino– y la de la Virgen de Rivero, ambas del siglo xi y consideradas los templos románicos más antiguos de Soria.

En el viaje por la Ribera del Duero, bodegas y oficinas de turismo proponen experiencias vinculadas al vino: catas, paseos entre viñas, tratamientos estéticos de vinoterapia y una gastronomía cuyas especialidades marinan con los caldos locales.

MÁS INFORMACIÓN

El viaje desde Pesquera de Duero a San Esteban de Gormaz cubre 89 km por la carretera N-122. Valladolid (a 62 km de la primera) y Madrid (a 189 km) tienen aeropuerto.

Turismo de Castilla y León