Cantabria

Un paseo por Santander

Desde el centro señorial hasta la playa del Sardinero

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J91-320939. Bahía de Santander

Bahía de Santander

Sobre un saliente boscoso se erige el palacio de La Magdalena, que la ciudad regaló al rey Alfonso XIII como residencia estival.

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A05-121762. Sala central de la Biblioteca Menéndez Pelayo

Sala central de la Biblioteca Menéndez Pelayo

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X6M-1705254. Escultura Los raqueros, en el Puerto Chico

Escultura Los raqueros, en el Puerto Chico

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N28-1501655. La isla de Mouro, situada entre la bahía de Santander y la playa del Sardinero

La isla de Mouro, situada entre la bahía de Santander y la playa del Sardinero

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IBR-1466235. Palacio de La Magdalena

Palacio de La Magdalena

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mapa santander. Cuatro visitas imprescindibles

Cuatro visitas imprescindibles

1 Biblioteca Menéndez Pelayo. Alberga los 41.500 volúmenes legados por el filósofo y erudito a su muerte en 1912.
2 Puerto Chico. El antiguo puerto de pescadores acoge el Club Marítimo de Santander y terrazas de locales.
3 Palacio de La Magdalena. En sus señoriales estancias se realizan conferencias, exposiciones y conciertos.
4 Cabo Mayor. Se localiza a 3 kilómetros del centro, conectado por una senda costera. Su faro alberga un museo temático.

Mapa: BLAUSET

28 de noviembre de 2013

Abierta al mar y al arte, la capital de Cantabria es una ciudad que destaca por su tranquilidad y elegancia. Su tradición como destino estival le viene desde inicios del siglo XX, cuando el rey Alfonso XIII y su familia la escogieron para pasar sus veraneos. A partir de entonces Santander se puso de moda y disfrutó de cierta reputación en Europa. Hoy es una ciudad actual, en la que es fácil caer seducido por su cultura, playas y gastronomía.

Plaza del Ayuntamiento. La visita arranca en el corazón de la que fue la antigua ciudad romana Portus Victoriae (siglo I a.C.) y hoy es uno de los espacios más vitales de Santander. Justo detrás de la plaza se localiza el mercado de la Esperanza, un recinto diáfano de 1904, que expone gran variedad de verduras y frutos del mar.

Biblioteca Menéndez Pelayo. Tomando desde la plaza la calle Miguel Artigas hacia la izquierda se llega a este emblemático edificio, inaugurado en 1923. Alberga los cerca de 42.000 volúmenes –incunables, manuscritos medievales...– cedidos a la ciudad por el erudito santanderino (1856-1912) que le da nombre. La visita a la biblioteca incluye un jardín con la estatua de Menéndez Pelayo realizada por Mariano Benlliure y la casa, hoy museo, donde residió con su familia.

Museo de Arte. Justo al lado de este templo dedicado a la lectura se halla la que en 1908 fue considerada la primera pinacoteca de Cantabria. El Museo de Arte Moderno y Contemporáneo de Santander, conocido con las siglas «MAS» desde la última reforma de 2011, expone las obras de artistas experimentales, aunque la estrella de la muestra es el Retrato de Fernando VII que fue pintado por Goya en 1814.

La plaza Porticada. De regreso a la plaza del Ayuntamiento, ahora hacia la derecha, merece la pena buscar las calles de trazo medieval del Arrabal y del Medio, y seguir por la de Juan de Herrera que lleva a esta plaza de estilo neoherreriano. Con una estatua en el centro del héroe local Pedro Velarde (1779-1808), durante décadas acogió conciertos gracias a su buena acústica.

Catedral. A poca distancia está el principal templo santanderino, formado en realidad por dos iglesias: la del Cristo (siglos XII-XIV) –un suelo acristalado permite ver restos de la primitiva abadía– y sobre ella la Catedral propiamente dicha, reconstruida tras el pavoroso incendio de 1941 que arrasó el centro urbano de Santander. En su cripta guarda vestigios romanos.

Paseo de Pereda. Casi sin transición surge esta popular arteria dedicada al novelista cántabro José María de Pereda (1833-1906) que tan bien retrató el alma santanderina. En su trayecto, además de esculturas y jardines sembrados de palmeras y otras especies, se alzan edificios emblemáticos para la ciudad como el Banco de Santander, levantado en 1875, y Correos, de 1915.

Puerto Grande. La bahía de Santander es una amplia ventana abierta al Cantábrico y el símbolo de identidad de la ciudad. El año 1765 el puerto fue habilitado para comerciar con las colonias de ultramar –una grúa de piedra recuerda tiempos pretéritos–; hoy es un frecuentado lugar de paseo. A mano derecha queda la Estación Marítima de la que zarpa el transbordador que lleva hacia Inglaterra; y a la izquierda, el Palacete del Embarcadero, ahora una sala de exposiciones, y a su vera el atracadero de «los reginas», las lanchas rápidas que cruzan la bahía hasta los pueblos de Pedreña y Somo, situados justo enfrente.

Puerto Chico. Sin apartarse de la orilla, enseguida se contempla el grupo escultórico Los raqueros, dedicado a aquellos golfillos que buceaban en los muelles hasta encontrar las monedas que les arrojaban desde los buques. Tras ellos se abre este puerto, antes de pescadores y hoy club marítimo para embarcaciones de recreo. También surgen ahí el Planetario, con su cúpula metálica; el Palacio de Festivales, hito urbano por su vocación vanguardista; y el Museo Marítimo, uno de los más completos y visitados del país.

Península de La Magdalena. La capital de Cantabria adopta su fisonomía más mundana en este saliente. Con una extensión de 28 hectáreas, debe su nombre a la ermita que se erigía en lo que antaño era un encinar. La península fue regalada al rey Alfonso XIII y sobre ella se construyó, entre 1908 y 1912, el palacio de La Magdalena, de estilo británico. Hoy es la sede de la Universidad Internacional de Verano, cuyos estudiantes se alojan en las que eran las Caballerizas Reales, situadas a sus pies, junto a la playa. Bordeando la península también hay un pequeño zoo y el Museo del Hombre y la Mar, que acoge al aire libre tres galeones que son réplicas de los empleados por Orellana en el descubrimiento del Amazonas.

El Sardinero. La avenida de la Reina Victoria conecta la tranquila bahía de Santander con el Cantábrico. En él se abre este arenal sacudido por el bravo oleaje y formado, en realidad, por media docena de playas. La primera es la del Camello, cuyo nombre se debe a una roca jorobada; le siguen la de la Concha y luego la Primera Playa y la Segunda, éstas separadas en pleamar por el espolón de Piquío.

Gran Casino. A mitad del siglo XIX surgió la moda de los baños de olas y en el Sardinero se ideó una zona de recreo para los primeros veraneantes del país. En 1915 se construyó el Gran Casino como un palco de lujo sobre la arena, y por encima de éste, en un promontorio, los Jardines de Piquío, con amplias vistas sobre el Cantábrico.

Cabo Mayor. Por una senda costera se alcanza el cabo Mayor. Encajado entre acantilados, lo corona un faro inaugurado en 1839. Hoy alberga un museo dedicado a estas construcciones. Las vistas que se tienen desde su emplazamiento son un espléndido broche para rematar al atardecer la escapada a Santander.

PARA SABER MÁS

Cómo llegar: El aeropuerto se sitúa a 5 km y tiene autobús regular hasta el centro. Hay servicio de alquiler de bicicletas y excursiones en barco.

Turismo de Cantabria