Un paseo por Bilbao

Desde el Casco Viejo a la renovada ría bilbaína, con sus iconos vanguardistas

5 de junio de 2015

Algo similar a un barco plateado varado en la orilla del río Nervión es el símbolo de la moderna Bilbao. Se trata de la estructura de titanio del museo Guggenheim que, con solo 18 años de vida, es hoy la referencia principal de esta antigua villa siderúrgica, además de una visita obligada para quien quiera seguir las huellas de los arquitectos y diseñadores más afamados. Porque si bien el edificio ideado por Frank O. Gehry (Toronto, 1929) puso a Bilbao en el mapa del mundo viajero tras su apertura en 1997, las riberas de la ría bilbaína empezaron a llenarse de obras que la han ido convirtiendo en un catálogo arquitectónico y artístico contemporáneo.

Flanqueando al propio Guggenheim están Puppy, el famoso perrito-jardín del estadounidense Jeff Koons (1955) que custodia la entrada al museo, y la estructura de una araña gigante titulada Mamá, de la escultora Louise Bourgeois (1911-2010). Pero además, solo con un paseo a pie de quince minutos por la hoy ajardinada orilla de la ría, se pueden contemplar los típicos cubos de Rafael Moneo en la Biblioteca Universitaria de Deusto, la pasarela peatonal Padre Arrupe que, con forma de lagartija, cruza el río, y el Palacio Euskalduna, centro de convenciones galardonado en 2003 como «el mejor del mundo», que de noche refleja su estructura en la ría.

Los bilbaínos son gente con gran apego a «lo de siempre» y, sin embargo, han sabido integrar con naturalidad la transformación de su ciudad en una muestra de arte en la calle. Por eso no se extrañan de que una escultura de Salvador Dalí adorne un rincón de un parque o de que el diseñador Philippe Starck haya convertido el antiguo almacén de vinos de la ciudad en un centro cultural de corte escandinavo.

Lo bueno de Bilbao es que se puede recorrer de extremo a extremo en un tranquilo paseo de menos de una hora

El Nervión, que al atravesar la capital vizcaína dibuja dos meandros, es su columna vertebral. En la orilla norte se halla el barrio fundacional de Bilbao, el Casco Viejo, adonde los visitantes llegan ávidos de los suculentos pintxos que compiten entre sí en las barras de los establecimientos. Lo suyo es visitar la céntrica plaza de Santiago y, desde ella, deambular por las llamadas «Siete Calles» (Somera, Artekale, Tendería, Belostikale, Carnicería Vieja, Barrenkale y Barrenkale Barrena) que dieron a luz a la ciudad hace siete siglos. Obligado es también detenerse en la plaza Nueva, donde los viajeros recorren las tabernas, incitando a sus compañeros a fijarse en tal o cual tapa.

Además de comer y beber, en esta orilla bilbaína hay que estar atentos a las mejores iglesias de la ciudad. Como la Catedral, dedicada a Santiago y paso obligado y centenario de la ruta compostelana en su vertiente costera; la basílica de Begoña, que da cobijo a la imagen de la patrona; y San Antón, considerado el oratorio más antiguo de la villa, que se afinca junto al puente de piedra homónimo (siglo XIV), en el punto de la ría donde las aguas dulces del Nervión se aproximan a las saladas del mar Cantábrico. Desde aquí, el visitante intrépido puede adentrarse en el barrio de San Francisco, en el que empresas de diseño y comercios cool se están imponiendo como alternativa en una zona tradicionalmente canalla de la ciudad.

Lo bueno de Bilbao es que se puede recorrer de extremo a extremo en un tranquilo paseo de menos de una hora, por lo que cambiar de escenario es siempre una opción muy sencilla.



Para continuar nuestra visita es necesario cruzar a la otra orilla del río Nervión. Una opción es hacerlo por el puente Zubizuri, diseñado por el arquitecto Santiago Calatrava, que sobrevuela el río suspendido por un cable y con suelo de cristal.

En esa zona de Bilbao están el elegante Ensanche con la Gran Vía, la arteria comercial por excelencia. Aquí la ciudad sigue una estructura de cuadrícula, solo rota por el trazado curvo de las antiguas alamedas que, aunque ya no conservan los viejos árboles que las bautizaron, sí su nomenclatura: Alameda San Mamés, Alameda Urquijo y Alameda Mazarredo.

En esta parte de la ciudad, que no siempre visitan los foráneos, esperan, sin embargo, rincones que merece la pena considerar. Es el caso del Hospital de Basurto, un complejo modernista de quince edificios que fue inaugurado en 1908, donde no hay que perderse las tejas de cerámica vidriada que conforman diseños deliciosos.

Caminando apenas diez minutos por el Ensanche se llega al Parque de Doña Casilda Iturrizar, al que los locales llaman cariñosamente «de los patos». Nadie olvida que la benefactora fue una adinerada mujer que donó a la villa una extensión ajardinada que, hasta la reciente transformación de Bilbao, era el único pulmón verde donde reencontrarse con la naturaleza. En el interior del parque se emplaza el edificio del Museo de Bellas Artes, con un atractivo fondo y una dinámica programación.

El periplo por Bilbao puede concluir donde empezó, de nuevo en la ría. Ahora es un refugio de peces que se atreven a remontar el curso gracias a la pureza del agua y un lugar que disfrutan los propios bilbaínos, ya sea practicando piragüismo, pádel acuático o lanzándose a nadar en alguna carrera popular. Sus riberas también han sido recuperadas, lo que permite a paseantes, ciclistas, patinadores y corredores disfrutar de este céntrico espacio arbolado.

MÁS INFORMACIÓN

Cómo llegar y moverse: el aeropuerto de Bilbao se localiza a 12 km del casco urbano. Por carretera, la A8 comunica la ciudad con San Sebastián (98 km) y Madrid (395 km); Barcelona, a 605 km por la A1. También llegan líneas de tren.

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