Italia

Un paseo por Bérgamo

La ciudad italiana guarda sus joyas artísticas en el barrio amurallado

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TIP-496DGT02371. Plaza Vecchia

Plaza Vecchia

El corazón de Bérgamo está revestido de edificios porticados y con fachadas de mármol. Destacan el Palazzo della Ragione y el que aloja la Biblioteca Angelo Mai.

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ESY-005734142. Torre Cívica

Torre Cívica

Desde sus dos plantas panorámicas se obtiene una espléndida vista del centro histórico y, al fondo, la cordillera de los Alpes.

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U42-1164108. Santa María Maggiore

Santa María Maggiore

Nave central de la  magnífica basílica de Santa Maria Maggiore (s. XII-XVI).

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Porta de San Giacomo

En esta monumental puerta, una de las cuatro abiertas en la muralla de Bérgamo, finalizaba el camino que llegaba desde Milán.

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Ciudad Alta

El animado callejón de Bartolomeo Colleoni.

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77409747. Capilla Colleoni

Capilla Colleoni

La Capilla Colleoni está considerada una obra única en la arquitectura lombarda.

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VN-ESC Bérgamo-4. Los lugares esenciales de la Ciudad Alta

Los lugares esenciales de la Ciudad Alta

1 Plaza Vecchia. Situada en plena Ciudad Alta, es el epicentro de la vida política y cultural desde el siglo XV.
2 Santa Maria Maggiore. Originaria del siglo XII, es el principal monumento de la ciudad por su valor artístico e histórico.
3 Capilla Colleoni. En un angosto rincón del centro se eleva esta obra de gran fuerza artística y cromática.
4 Rocca. Desde los jardines de esta fortaleza se aprecia una magnífica vista del barrio de la Ciudad Alta.

Mapa: BLAUSET

La ciudad italiana guarda sus joyas artísticas en el barrio amurallado

Desde la mole fortificada de La Rocca (siglo XIV) se obtiene una postal precisa de lo que Bérgamo es. Al norte aparecen los afilados Alpes Oróbicos; a los pies del bastión, la belleza apiñada de la histórica Ciudad Alta; y al sur, en lo que parece un llano infinito, la Ciudad Baja. Son los rasgos que definen a esta coqueta ciudad lombarda, capital de la provincia de Bérgamo: las montañas mandando su aliento fresco todo el año, incitando a escalarlas; los barrios medievales clavados sobre la colina y los distritos nuevos sirviéndoles de peana.

No extraña, pues, que Bérgamo tenga hasta dos funiculares para salvar sus empinadas cuestas. El más usado enlaza la Piazzetta San Giacomo con la Piazza Mercato delle Scarpe. En pocos segundos, el cajón tirado por un cable de acero deja al visitante en el interior de las Murallas Vénetas. A partir de ahí, hay que dejarse llevar por la intuición para vagar por vías adoquinadas y empinadas que declaran el carácter medieval de la Ciudad Alta. Las hiedras se enseñorean de las paredes, compitiendo con la piedra venerable que recubre casas gremiales y palacetes, mientras la casi ausencia de vehículos convierte el paseo en una actividad relajante.

La Piazza Vecchia es el epicentro de la Ciudad Alta y tal vez su único espacio llano. Los palacios más bellos se citan en esta plaza, presidida por una fuente de 1780, escoltada por leones y una esfinge de piedra que sostienen una cadena con sus bocas.

El orgullo de los bergamascos es la basílica de Santa Maria Maggiore, la iglesia más hermosa, con su románico lombardo indiscutible, sus piedras blancas, rosas y negras, una estructura que tiende a la esbeltez y una curiosidad: el nártex tiene trampa porque no da acceso al templo por la fachada y hay que entrar por dos puertas laterales. Dentro, guarda tapices suntuosos y, para melómanos, la tumba del compositor nativo Gaetano Donizetti (1797-1848), cuyo rastro se esparce por toda la ciudad.

La sacristía de la basílica fue sacrificada en el siglo XV para dejar lugar a la remarcable Capilla Colleoni, un monumento funerario dedicado a Medea Colleoni, hija de una de las familias más ricas de la ciudad. Cierra la plaza la Torre Cívica o Campanone (52 m de alto) que, cada noche a las diez, recuerda con un centenar de repiques el momento en el que las murallas se cerraban hasta el amanecer.

Entonces la Ciudad Alta estaba abotonada por un lienzo amurallado de seis kilómetros y forma de punta de flecha. Fue una de las muchas aportaciones del dominio veneciano, de ahí que se las conozca como Murallas Vénetas. Porque Bérgamo tuvo muchos visitantes que llegaron con intención de quedarse: los hunos de Atila en el siglo VI, luego los vecinos milaneses, más tarde los vénetos y, antes de la unificación de Italia, incluso los austríacos, cuya herencia cultural son las abundantes birrerie (cervecerías) de las que Bérgamo se siente orgullosa.

La pequeña pero central Piazza Vecchia comunica por su lado sur con la más amplia y triangular Piazza del Duomo. Aquí, lógicamente, manda la catedral, cuyo interior barroco impresiona por su luminosidad. Se asienta, según recientes excavaciones, sobre dos templos antiguos, uno posiblemente de época paleocristiana (siglo VI). El otro monumento destacado de la plaza es el baptisterio de aire toscano (siglo XIV), que fue trasladado hasta aquí en 1898.  

Tras visitar los espacios más emblemáticos y monumentales de Bérgamo, toca callejear de piazzetta en piazzeta por una red de vías llenas de tiendas encantadoras y trattorie donde degustar platos típicos bergamascos: casonsei (raviolis de carne de vacuno),  scarpinocc (pasta en forma de zueco rellena de queso), la clásica polenta, y los quesos y embutidos procedentes de las cercanas montañas alpinas.

Al acabar de cenar y volver a las calles, en las siempre frescas noches de Bérgamo sorprende la animación que muestra esta pequeña ciudad de 120.000 habitantes. La explicación cabe buscarla en los numerosos estudiantes del programa Erasmus que escogen Bérgamo como destino.

Las scalette (calles escalonadas) ayudan a descender hasta la Ciudad Baja, donde los distritos nuevos y barrios populares como el Pignolo merecen una visita. Ahí se concentra el comercio de marcas internacionales, la mayoría de hoteles y los principales museos. Destaca la Accademia Carrara, cuya colección de pintura clásica incluye firmas como Botticelli, Rafael, Tiepolo y Canaletto. Otra visita de interés es el museo dedicado a Gaetano Donizetti, compositor de L’elisir d’amore, entre otras óperas, alojado en un palacio donde se exhiben objetos personales y su piano.

Los Alpes, que presiden siempre la estampa de Bérgamo, ejercen una poderosa influencia sobre el ambiente límpido de la ciudad. Es más que posible que el viajero sienta la tentación de acudir a esas montañas tan cercanas, como lo hicieron dos leyendas del alpinismo nacidos aquí, Walter Bonatti (1930-2011) y Simone Moro (1967). O tal vez prefiera una opción más hedonista: parar a medio camino en San Pellegrino (a 25 km) para disfrutar de sus termas y comprar el agua con burbujas embotellada más famosa de Italia.

MÁS INFORMACIÓN

El aeropuerto internacional Orio al Serio dista 5 km de Bérgamo y 45 km de Milán. Existe un pase de transporte público para visitantes, que incluye los funiculares.
Turismo de Bérgamo