Travesía por el Rin

Entre Coblenza y Maguncia, el gran río atraviesa un paisaje de castillos y pueblos medievales

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PNS-3254423. Un valle con historia

Un valle con historia

Las fortalezas que jalonan este valle Patrimonio de la Humanidad tienen su origen en las luchas por el control del Rin. En la imagen, Bacharach.

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Loreley

Dice una leyenda que este peñón de 120 metros es el hogar de un hada que desorienta a los navegantes.

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77418828. Marksburg

Marksburg

Gracias a su ubicación elevada y a su estructura defensiva, es el único castillo del valle del Rin que no fue nunca conquistado.

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Boppard

El Rin traza una gigantesca curva a la altura de este pueblo, célebre por sus vestigios romanos.

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Bacharach

Es una parada ineludible por su núcleo medieval, con capillas góticas, restos de muralla y tabernas.

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PNS-3254416. Más que castillos

Más que castillos

El turismo enológico y los cruceros por el río son un complemento perfecto a la visita a los castillos y pueblos del valle del Rin.

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Maguncia

El casco histórico de la capital de Renania-Palatinado reserva espacios encantadores como la plaza Kirschgarten.

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Rüdesheim

Las viñas tapizan las laderas que flanquean el río Rin a su paso por este municipio. Su castillo aloja el Museo del Vino.

HENDRIK HOLLER / GTRES

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VNG 170 RIN remaq-3. De Coblenza a Maguncia

De Coblenza a Maguncia

1 Coblenza. Interesante por su vida cultural y sus monumentos.
2 Marksburg. Un magnífico castillo.
3 Boppard. Destacan los restos romanos y la plaza del Mercado.
4 Bacharach. Este pueblo parece no haber salido de la época medieval.
5 Rüdesheim. Indispensable para probar la cocina y el vino de la región.
6 Maguncia. Su casco histórico se concentra en torno a la Catedral.

Mapa: BLAUSET

Entre Coblenza y Maguncia, el gran río atraviesa un paisaje de castillos y pueblos medievales

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Viajar por el Rin es adentrarse en un paisaje en el que se mezclan las corrientes de la historia y la leyenda. A la vez puente y frontera, sus caudalosas aguas fueron durante más de dos mil años una de las principales vías de comunicación e intercambio entre la Europa mediterránea y la septentrional. Con sus meandros y suaves colinas sembradas de viñedos, sus villas medievales y los más de cuarenta castillos que se alzan en sus márgenes, el valle del Rin capturó la imaginación de escritores, pintores y músicos como Goethe, Victor Hugo, William Turner y Franz Liszt.

El inicio del viaje es Coblenza, ubicada en la confluencia del Rin y el Mosela, de ahí el nombre que le dieron los romanos: Confluentes. Primero hay que perderse por su casco viejo, trufado de joyas como la iglesia románica de St. Castor y su jardín de flores aromáticas. Después resulta agradable pasear hasta la Deutsches Eck, una punta de tierra que marca el lugar donde los dos ríos se encuentran. Desde este mirador fluvial se divisa la ciudad y el castillo de Ehrenbreitstein, sede de un famoso festival de música en julio.

Siete kilómetros al sur, en la margen derecha del río, surge el imponente castillo de Stolzenfels. Erigido en 1249, quedó destruido tras la guerra de los Treinta Años (1618-1648) hasta que, en 1847, Federico Guillermo IV de Prusia mandó reconstruirlo y darle el actual aspecto neogótico. Sus estancias de oscuros terciopelos y lustrosas armaduras producen una impresión de escena detenida en el tiempo. Desde las torres más altas se contemplan el valle y las colinas circundantes.

Marksburg es el único castillo del Rin que nunca llegó a ser destruido

En la orilla opuesta divisamos el majestuoso castillo de Lahneck, donde, según la leyenda, murieron los doce últimos caballeros templarios defendiendo la fortaleza contra las tropas del arzobispo de Maguncia. A sus pies se encuentra la villa de Lahnstein y, en ella, la histórica Wirthaus an der Lahn, una rústica taberna en la que almorzaron Goethe y sus compañeros un día de julio de 1774. A la vista del castillo, entonces en ruinas, Goethe compuso su poema Salutación del Fantasma.

Pertrechados con ese poético augurio seguimos remontando el río hasta que aparece la silueta de Marksburg, el único castillo del Rin que nunca llegó a ser destruido, habitado ininterrumpidamente durante los últimos 700 años. Su torreones, que otrora sirvieran de prisión a los príncipes de Nassau, se elevan sobre un escarpado promontorio desde el que se domina el río y el pueblecito de Braubach.

Si hay una parada imprescindible en este viaje es Boppard. Fundada por los romanos, esta encantadora villa rodeada de viñedos está ubicada en un meandro con forma de herradura. Merece la pena darse un paseo por la Oberstrasse, flanqueada de casitas con entramados de madera, y la alegre plaza del Mercado, presidida por la iglesia románica de St. Severus. Es un lugar excelente para saborear el refrescante riesling, el vino de la región, y animarse después a visitar las bodegas de poblaciones con nombres tan musicales como Mandelstein, Ohlenberg y Feuerlay.

Ponemos rumbo al centro de la Garganta del Rin y pronto llegamos a las ciudades de Sankt Goar y Sankt Goarshausen, ubicadas a una y otra orilla y presididas por impresionantes fortalezas. A un lado, las ruinas del castillo de Rheinfels, que resistió los asaltos de Luis XIV pero no los embates del tiempo. Al otro, los castillos de Katz y Maus (Gato y Ratón), que recuerdan las luchas entre los antiguos príncipes de la región por el control de los aranceles fluviales.

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Arribamos al corazón del Rin Romántico: el legendario peñón de Loreley. Según la creencia popular, desde esta roca un hada del río arrastraba a los navegantes a la perdición con sus seductores cantos. Lo cierto es que éste es el punto donde el cauce se estrecha y forma traicioneras corrientes; además, al pie del acantilado se produce un curioso eco. Ambos fenómenos están sugeridos en la etimología de Loreley, que vendría a significar «Roca Acechante» o «Peñón de los Alaridos».

Otra ligera curva y aparece Bacharach, un encantador núcleo medieval rodeado de viñas y con el castillo Burg Stahleck en lo alto de la colina que se alza a su espalda. Y algo más adelante, como un barco que desafiara la leyenda de Loreley, el blanco castillo de Pfalzgrafenstein se erige sobre un islote en mitad del río. A modo de mascarón refulge un león de piedra con el escudo de armas de los príncipes del Palatinado.

A 15 kilómetros se halla Rüdesheim, capital de la comarca vinícola de Rheingau. El centro neurálgico de la ciudad es la Drosselgasse, que se precia de ser la calle con más tabernas de Europa. El ambiente expansivo y jovial, amenizado por las bandas de música, es idóneo para relajarse y charlar con los lugareños. Resulta instructivo visitar después el Museo del Vino, en el castillo de Brömserburg, cuya torre ofrece una vista magnífica.

Nuestra última etapa es Maguncia. Más de dos mil años contemplan esta ciudad fundada por los romanos, célebre por sus carnavales y lugar donde Gutenberg dio a luz un invento que transformó el mundo. Su casco medieval está repleto de tesoros, como la Catedral románica y la iglesia gótica de St. Stephan con vidrieras de Marc Chagall.

MÁS INFORMACIÓN

Cómo llegar: Los aeropuertos más cercanos a Coblenza: Frankfurt-Hahn, Frankfurt y Cologne-Bonn, todos situados a unos 100 km.

Cómo moverse: El coche de alquiler es la mejor opción para visitar libremente el valle del Rin. Una red de senderos y un itinerario ciclista siguen paralelos al río. Un servicio de transbordadores cruza de una orilla a otra. La tarjeta Freizeit Card sale a cuenta para visitar castillos y contratar el crucero por el Rin.