Lleida

Tesoros del Valle de Boí

Por el Pirineo leridano, entre iglesias románicas y paisajes nevados

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B20-210205. Sant Climent de Taüll

Sant Climent de Taüll

Por la pureza de sus líneas, está considerada el paradigma del románico del valle de Boí. Fue consagrada en el año 1123. 

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La iglesia de Sant Feliu de Barruera (siglo XI) es una de las más antiguas.

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P. N. de Aigüestortes

Los lagos y las altas cumbres del parque nacional son el magnífico telón de fondo del valle de Boí. En la imagen, el lago de Amitges.

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X7F-1433377. Taüll

Taüll

El pueblo de Taüll conserva su fisonomía de montaña.

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A05-1299870. Estación Boí-Taüll

Estación Boí-Taüll

La estación de esquí de Boí-Taüll se localiza a 1.600 metros de altitud.

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VN-ESC Vall de Boí-4. Las paradas clave de la ruta

Las paradas clave de la ruta

1 Barruera. Es la principal localidad del valle y la que cuenta con mayor oferta de servicios. En las afueras se erige la iglesia de Sant Feliu.
2 Erill la Vall. El campanario añadido en el siglo XII a Santa Eulàlia es la «reina de las torres románicas».
3 Caldes de Boí. Junto a su santuario mariano hay una estación termal situada en un bello paraje natural.
4 Taüll. Su iglesia dedicada a Sant Climent es famosa por el mural del Pantocrátor pintado en el ábside.
5 Boí Taüll Resort. Es un lugar idóneo para la práctica de deportes de invierno.

Mapa: BLAUSET

9 de enero de 2015

En tiempos de señores feudales, la influyente y poderosa familia Erill tenía establecida su baronía en el actual Vall de Boí, cuando urdió un plan para mostrar su poderío y contentar a sus aliados en la jerarquía eclesiástica. Influenciados por el estilo de moda entonces, el románico lombardo, los Erill colmaron el valle pirenaico de picapedreros, maestros de obra y artesanos que erigieron, en pocas décadas, nada menos que ocho iglesias y una ermita. Corrían los siglos XI y XII. Ha pasado un milenio y aquel excepcional legado románico, hoy declarado Patrimonio de la Humanidad, sigue luciendo casi del mismo modo a como fue concebido.

Iniciamos la ruta buscando el valioso pasado artístico de Boí. Para ello entramos en el valle desde el sur por El Pont de Suert hasta nuestro primer objetivo, Erill la Vall (a 17 km), la antigua capital de la baronía. Allí se admira la iglesia de Santa Eulàlia, con su campanario lombardo de seis plantas, apodado «reina de las torres románicas» y considerado el más esbelto del valle. Pero lo fundamental en el pueblo es visitar el Centro del Románico de la Vall de Boí, donde una exposición ayuda a conocer mejor la iconografía y las técnicas arquitectónicas que usaban en el medievo.

De sur a norte, siguiendo la carretera paralela al río Noguera de Tor, los primeros ejemplos que hallamos son la recoleta iglesia de la Assumpció, en el pueblo de Cóll, y la de Santa Maria, en Cardet. Encaramada sobre un promontorio, esta última es la única del valle con un campanario de espadaña, fruto de modificaciones barrocas. Les siguen la iglesia de Sant Feliu, en Barruera, y los dos templos de Durro: la Nativitat y la ermita de Sant Quiric.

Desde Erill la Vall hay que desviarse escasos kilómetros por una estrecha carretera hasta Boí, la escueta aldea que da nombre al valle y que cobija la iglesia de Sant Joan. Algo más adelante aparece Taüll, donde se guarda la quintaesencia del románico leridano: Sant Climent y Santa Maria, dos iglesias hermanas consagradas el año 1123, con solo un día de diferencia. Parte de los extraordinarios frescos del interior de Sant Climent fueron trasladados al Museu Nacional d’Art de Catalunya (MNAC), en Barcelona. Por suerte, un sistema de reproducción virtual permite contemplar el emblemático Pantrocrátor, en el ábside, tal y como lucía en el siglo XII.

Los pueblos y templos dispersos del Valle de Boí están envueltos por un manto de densos bosques caducifolios que, en realidad, son la antesala de uno de los reinos naturales de los Pirineos: el Parque Nacional d’Aigüestortes i Estany de Sant Maurici –creado en 1955–, que tiene uno de sus accesos en este valle. Los riachuelos que bajan de los estanys o lagunas glaciares surcan un paisaje de superlativos, modelado por glaciares en el período Cuaternario y coronado por cimas de más de 3.000 metros de altitud: el Comaloforno y los Besiberris Norte y Sur son los picos más emblemáticos. Si bien estos colosos atraen a multitud de escaladores, el parque ofrece opciones para caminantes ocasionales que en invierno, con esquís o raquetas de nieve, pueden acercarse a parajes tan bellos como el Estany de la Llebreta o el de Amitges, dos de los más de 200 lagos del parque nacional.

El Valle de Boí atesora otros rincones naturales menos conocidos, pero igual de hermosos. Es el caso del Salencar de Barruera, un humedal de altura donde hallan refugio nutrias, ánades azulones y ranas bermejas. Porque el agua es otro atractivo del valle. Además de sus límpidos lagos, hay manantiales mineromedicinales que brotan a temperaturas que oscilan entre los 4º C y los 56º C. Los romanos que en los siglos I y II merodeaban por los Pirineos ya conocían las virtudes terapéuticas de estas fuentes, y también aquellos señores de Erill que dominaron la zona mil años después. Sin embargo, la primera Casa de Baños que hubo en la zona data del siglo XVII. Fue levantada junto al santuario de Caldes de Boí, 15 kilómetros al norte de Erill la Vall, y era un punto de paso para los peregrinos que se acercaban al pueblo a venerar la talla románica de la Mare de Déu de Caldes. La localidad es en la actualidad un centro termal que cuenta con un balneario, dos hoteles y una embotelladora de agua mineral.

Como tantos otros enclaves de montaña que quedaban aislados en invierno, el Valle de Boí desarrolló un recetario basado en productos de sus bosques y en el ganado criado en sus prados. Su herencia se plasma en platos elaborados con setas de temporada y con hierbas aromáticas presentes, por ejemplo, en la sopa de pastor, a base de pan, ajo, cebolla y tomillo, o con caracoles que acompañan al arroz o al conejo estofado. Otra estrella es la carne de ternera bruna de los Pirineos, que se comercializa bajo el sello de Producto Ecológico, y la de cordero, con la que se elabora la txirella, un embutido típico. A lo largo del año se organizan ferias, mercadillos y jornadas gastronómicas donde es posible comprar y degustar estas especialidades. El final redondo a esta ruta por los tesoros artísticos y naturales del Valle de Boí cabe buscarlo en la oferta de actividades de la estación de esquí de Boí-Taüll.

MÁS INFORMACIÓN

En la localidad de El Pont de Suert, situada 150 km al norte de Lleida, hay que tomar la carretera L-500 que se adentra en el valle de Boí. Patronat de Turisme de la Vall de Boí: Tel. 973 69 000.
Turismo de la Vall de Boí
Centre del Romànic