Tailandia, viaje a la costa de Andamán

Sus 3.200 kilómetros de litoral y las distintas épocas de monzón convierten el viaje en busca de sus mejores playas en una tarea entretenida que permite descubrir un litoral muy diverso

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qpx-158767833. Railay

Railay

Los islotes que emergen frente a la playa de Phra Nang constituyen la gran sorpresa de esta frondosa península de la provincia de Krabi. 

Foto: Andrey X. / Age Fotostock

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DSC07873bbb. Un edén secreto

Un edén secreto

La laguna Princess es uno de los lugares más desconocidos de Railay. Se accede por una senda empinada con algunos tramos que requieren trepar. 

Foto: Pierre lepretre

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shutterstock 100725760. Islas Phi phi

Islas Phi phi

Son dos, unidas por un largo istmo que separa dos bahías gemelas de aguas turquesas. Se llega desde Phuket, Krabi, Railay y Ko Lanta.

Foto: f9photos / Shutterstock

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Una selva llena de vida

El sur de Tailandia, además de playas, conserva reservas forestales de gran valor por sus especies botánicas y animales. De norte a sur:

P. N. Khao Sok (provincia de Surat Thani). Bosque pluvial de 738 km2. Es el hábitat de elefantes, tigres, osos, monos, 188 especies de aves y la flor más grande del mundo, la Rafflesia kerrii, de 80 cm de diámetro.

P. N. Khao Phanon Benche (provincia de Krabi). 500 km2 de selva lluviosa con preciosas cascadas. Es un destino famoso para observar el cálao crestiblanco, el leopardo melánico y el oso negro asiático. 

Montañas de Banthat (provincia de Trang). Sus boscosas cumbres de hasta 1.350 m recorren el sur de la península hasta la provincia malaya. Es el hogar de la tribu de cazadores-recolectores de los sakai. 

Foto: Gonzalo Azumendi

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qpx-94805453. Gran Buda

Gran Buda

Estatua gigante de El Gran Buda, en Phuket. 

Foto: Age Fotostock

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Un destino de invierno

El litoral de Andamán se caracteriza por playas de poca profundidad y aguas cálidas. La mejor época para disfrutarlas va de noviembre a mayo, después de la época de lluvias.

Foto: Bruno Morandi / Getty images

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Buceo en las Islas Similan

El nombre de este archipiélago y parque marino deriva del malasio sembilan que significa nueve, el número de islas que lo componen. Sus arrecifes coralinos dan vida a una increíble cantidad de fauna que, a pesar de los estragos del tsunami de 2004, sigue siendo una de las más ricas del mar de Andamán. De hecho, las posibilidades de ver estrellas de mar, tortugas, tiburones ballena y mantas raya, por ejemplo, está al alcance de todos los niveles, tanto si se realiza una inmersión a 30 metros de profundidad como si se nada con aletas y tubo a pocos metros de la playa o adentrándose en grutas solo accesibles a nado. En tierra firme, las Similan destacan de otras islas tailandesas por sus enormes rocas de granito de cantos redondeados por la acción del mar.     

Foto: Reinhard Dirscherl / Age Fotostock

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Islas Similan

La Sail Rock (roca vela) se mantiene en equilibrio sobre la playa principal de la isla nº 8 o Ko Similan.

Foto: Nathapon Triratanachat / Shutterstock

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Phuket

El recinto del Gran Buda abarca un parque repleto de rincones dedicados al recogimiento y la oración.

Foto: Srinivas Karthikeyan / Age Fotostock

Paco Nadal

12 de enero de 2017

Desde Bangkok a la costa de Andamán

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Desde Bangkok a la costa de Andamán

Durante el verano del hemisferio norte, el monzón azota la costa oeste tailandesa, la del mar de Andamán; es el momento de ir a la otra costa, la del golfo de Tailandia. Pero cuando llega el invierno en Europa, las aguas del mar de Andamán se vuelven cristalinas, las lluvias desaparecen, el cielo es casi a diario azul y los colores se saturan. Empieza la temporada alta en el tramo de litoral más bello, impactante y fotogénico del país: el que va desde la isla de Phuket hacia el sur, hasta la provincia de Trang pasando, por supuesto, por la de Krabi.

Phuket es el epítome del turismo de masas, entendido a la tailandesa. La que un día fue llamada la perla de Andamán, ha crecido mucho hasta convertirse en una feria de las vanidades. Tiene de todo porque hay un turismo que viene buscando eso: playas soberbias, hoteles de lujo y spas de más lujo aún, millones de motocicletas, bullicio, todo tipo de actividades al aire libre, una vida nocturna que parece inagotable y una especie de Sodoma y Gomorra en torno a la localidad de Patong, denominada la "ciudad del pecado".

Si se viene a Tailandia buscando paz y relajación, hay que dejar pronto la isla de Phuket por el puente que la une a tierra y entrar en Phang Nga, una provincia costera que tiene al sur una de las bahías más espectaculares de toda Tailandia. Sus aguas turquesas y sus pináculos calizos están protegidos como Parque Nacional de Phang Nga. La ciudad de igual nombre, no vale gran cosa, pero es un buen lugar donde regatear una excursión en barca privada por alguna de las 40 islas que emergen en la bahía. Hay manglares, acantilados gigantescos y horngs, lagunas ocluidas por rocas y accesibles solo en bajamar.

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La mayoría de excursiones tienen como objetivo Ko Phing Kan, conocida como la isla de James Bond. Nadie rehúsa hacerse una foto frente al célebre pináculo de caliza que aparece en la película El hombre de la pistola de oro (1974). Se trata de una suerte de meteorito de piedra que parece lanzado desde el cielo para que se clavara de forma imposible frente a la playa.

Phing Kan no es la única localización cinematográfica de esta zona de Tailandia: en las cercanas islas Phi Phi se rodó La playa (2000), protagonizada por Leonardo di Caprio. Situadas a dos horas en barco desde Phuket, las dos pequeñas islas Phi Phi (Don y Leh) fueron la más cercana imagen del paraíso, pero esa belleza y esa fama las está llevando al colapso. Todos los hoteles y servicios están en Phi Phi Don, en especial sus famosos y ruidosos bares de copas, abiertos hasta altas horas de la madrugada. En Phi Phi Leh apenas hay un cámping y es el destino habitual de las excursiones de día que parten de Don para hacer snorkel, bañarse o visitar la famosa laguna que aparece en el film La playa.

El viaje sigue por la carretera nacional 4, que cruza todo el frente costero de la provincia de Krabi. Krabi huele a trópico, a selva y a especias. La erosión y las características geomorfológicas de la zona se confabularon para crear en este rincón del mar de Andamán un paisaje sacado de un sueño. Gigantescas torres de piedra caliza envueltas por una vegetación que los monzones se encargan de mantener verde y lujuriosa sobresalen de un mar cristalino. A sus pies aparecen minúsculas playas de arena blanca y aguas transparentes que ofrecen refugio a pescadores y bañistas en un mundo vertical. Los paisajes de Tailandia tienen fama de reunir todos los ingredientes que la mentalidad occidental relaciona con la sensualidad. Pero los de la provincia de Krabi se llevarían el primer puesto de una hipotética clasificación.

Sin perder de vista los soberbios conjuntos de pináculos pétreos de Krabi, Hat Railay ofrece una estancia más plácida todavía. Se trata de una península unida a tierra por una estrecha manga de arena con bosques y manglares impenetrables a la que solo se puede acceder en barco. Es uno de los últimos lugares conquistados por la industria turística e incluso por el progreso, donde hasta no hace mucho todo funcionaba con ruidosos generadores diésel. Un oasis de paz y tranquilidad que poco a poco se irá colmatando, como ha pasado con tantos otros lugares de Tailandia, pero que de momento aún se conserva inusualmente intacto.

Railay es un paraíso para mochileros y escaladores, ya que los acantilados que forman la península están llenos de vías que regalan las mejores vistas del mundo. En Tonsai Beach se celebran campeonatos de escalada deportiva con mucha música y gente joven de medio mundo, por eso se localizan allí la mayoría de albergues y hoteles económicos.

En Railay se han instalado también algunos de los hoteles más lujosos y sensoriales de toda Krabi, como el Bhu Nga Thani Resort and Spa, un complejo a 45 minutos de navegación en long tail desde Krabi. Está ubicado en Rai Leh East, la playa del este, que aunque no es la mejor del istmo, cuenta con excelentes paisajes de manglares y unos amaneceres únicos. Cinco minutos a pie lleva atravesar la manga de arena que forma el istmo de Railay para acceder a Rai Leh West, la playa de poniente. Allí se disfruta de un baño perfecto mientras se contempla la fila de palmeras que siluetea la franja de arena blanca y docenas de coloridos botes long tail esperan en la orilla a posibles pasajeros. Sus atardeceres son de los que se recuerdan toda la vida.

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Siguendo rumbo hacia el sur aparece Ko Lanta, el nirvana de quienes busquen tranquilidad y sosiego. Manglares, arrecifes de coral y largas playas de arena blanca dan forma a otro de esos lugares de Tailandia que quitan el hipo, enclavado a unos 50 kilómetros de la capital de la provincia.

Ko Lanta es un archipiélago de 52 islas, 12 de ellas deshabitadas, en donde los bungalós y los hotelitos de diverso precio y categoría guardan respeto al entorno y procuran pasar desapercibidos entre los altivos bosques de palmeras. La capital, Lanta Old Town, es uno de los pueblos de pescadores más típicos y encantadores del mar de Andamán. Los forman casitas de madera centenarias y estrechas callejuelas que conservan el sabor portuario de aquellos tiempos no tan lejanos, cuando funcionaba como punto de aprovisionamiento para las naves que unían Singapur, Malasia y las costas tailandesas.

Una de las playas más famosas del archipiélago es Hat Khlong Dao, al noroeste de Ko Lanta Yai. Se la puede considerar la playa ideal: dos kilómetros de arenal inmaculado que está seccionado por pequeñas calas de aguas transparentes con grupos de bungalós cuyas fachadas casi tocan el agua. Hay también un delicioso baño y buenos hoteles en la playa de Hat Khlong Nin, algo más al sur que la anterior, y en la de Ao Kantiang.

Mercadillos a pie de camino, decenas de motos y las bicicletas, niños jugando en cualquier charca de agua y pequeños restaurantes

La ruta por la costa se adentra en la poco desarrollada provincia de Trang. El bullicio de Phuket queda ya muy lejos. Aquí el viajero que circule por carretera se verá inmerso en la Tailandia real, la de los mercadillos a pie de camino, decenas de motos y las bicicletas, niños jugando en cualquier charca de agua y pequeños restaurantes que aparecen en los lugares más insospechados y en los que es posible comer un pescado fresco o unos tallarines sentado entre gente que no parará de sonreír hasta que te vayas. Trang posee unos paisajes bastante parecidos a los de Krabi, pero la mitad de turistas, y los últimos islotes de acantilados calizos del mar de Andamán.

Fijamos nuestro objetivo en la localidad de Pak Bara, de donde parten los barcos al que podría calificarse de último paraíso del país: el Parque Nacional Tarutao.

Tarutao es otro archipiélago con 51 islas en este extremo remoto de Tailandia, muy cerca ya de la frontera con Malasia. De ellas la única colonizada es Koh Lipe, donde se ubican los pocos alojamientos del archipiélago. No hay ninguna construcción en altura y el cemento y el hormigón apenas hacen acto de presencia. Llega un barco diario desde el continente en temporada baja y una media docena durante la alta, lo que ha permitido mantener cierto equilibrio entre turismo y naturaleza.

El resto de la islas del parque nacional están deshabitadas: solo hay bosques tropicales infranqueables y playitas. La más grande y la que da nombre al archipiélago, Koh Tarutao, fue usada como penal por el gobierno tailandés. En Koh Lipe se puede comprar un atún a los pescadores por cien bath (dos euros y medio) y pedir que te lo cocinen en algún restaurante. O pagar a un barquero para que te deposite en una playa de postal, toda para ti solo, y pasar allí el día como si fueras un náufrago. Un sueño.