Siguiendo el curso fluvial del Tarn

Desde Albi por los pueblos más encantadores de este territorio francés

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Albi

El Puente Viejo (siglo XI), la catedral de Sainte-Cécile y el  palacio de la Berbie (XIII) son las joyas de esta ciudad del Tarn.

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Cordes-sur-Ciel

Es una de las etapas más bellas de la Route des Bastides, formada por medio centenar de pueblos con defensas esparcidos por el sur de Francia.

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El Museo Toulouse-Lautrec, en el palacio de la Berbie de Albi

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Lautrec

Un antiguo molino de viento corona la colina sobre la que se asienta la localidad  de la que era originaria la familia del pintor.

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Cordes-sur-Ciel

Las calles de las bastides trepaban sobre las lomas escarpadas, como aún se aprecia en Cordes-sur-Ciel

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HEMIS 0995353. Gargantas del Tarn

Gargantas del Tarn

El castillo de La Caze, cercano al pueblo de Sainte-Enimie, fue edificado hace seis siglos al abrigo de este desfiladero.

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HEMIS 0331023. La llamada playa de Basaltes, a orillas del  río Tarn, cerca de Le Rozier

La llamada playa de Basaltes, a orillas del río Tarn, cerca de Le Rozier

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VN ESC Tarn REMAQ-2. Etapas del viaje

Etapas del viaje

1 Albi. La capital del Tarn es conocida por su magnífico recinto Episcopal y por ser la etapa inicial de la Ruta de Toulouse-Lautrec.
2 Lautrec. Feudo medieval de la familia del pintor, es uno de los Plus beaux village de France.
3 Gaillac. Rodeada de viñedos, es la etapa vitivinícola de la ruta.
4 Cordes-sur-Ciel. Forma parte de la Route des Bastides, un itinerario que visita una quincena de pueblos fortificados.

Mapa: BLAUSET

César Barba

10 de septiembre de 2014

Ruta por la Provenza francesa

Más información

Ruta por la Provenza francesa

El Tarn fluye paralelo a los Pirineos desde su nacimiento en el monte Lozère, de donde desciende encajonado y rugiente por la región montañosa de Cevennes. A partir de ahí pasa a convertirse en un curso tranquilo jalonado por algunos de los pueblos más pintorescos del sur de Francia, antes de volcar sus aguas en el Garona a la altura de Toulouse.

Entre estas poblaciones ribereñas destaca especialmente Albi, capital del departamento de Tarn, en la región de Midi-Pyrénées. La primera impresión que da la coqueta Albi es la de una postal antigua teñida de ocres. Estas tonalidades provienen de la arcilla del río con la que se elaboraron los ladrillos que colorean la arquitectura local. Donde mejor se aprecia es en la catedral de Sainte-Cécile que, como una fortaleza, domina el casco antiguo. La rigidez externa del templo contrasta en el interior con las pinturas murales y las bóvedas recargadas de frescos que forman el mayor conjunto pictórico renacentista de Francia.

Junto a la Catedral, el palacio de la Berbie fue edificado en la misma época (siglo XIII) como símbolo del poder de los obispos de Albi. Sus jardines se asoman al Tarn a la altura del Puente Viejo, otro icono que identifica la ciudad desde su construcción el año 1040, y juntos componen uno de los rincones más entrañables de esta villa. Las paredes del palacio de la Berbie, testigo durante siglos de una estricta moral clerical, acogen hoy mujeres de vida licenciosa, bailarinas de cabaret y otros personajes surgidos del pincel del hijo pródigo de la ciudad, Henri de Toulouse-Lautrec (1864-1901). El palacio aloja el museo del artista en el que se exponen un millar de sus pinturas, dibujos y litografías.

En Albi será un placer deambular por las calles empedradas del casco viejo, salpicadas de terrazas y restaurantes que proponen degustar platos del recetario de Toulouse-Lautrec, un aficionado a la gastronomía que incluso escribió un libro ilustrado con recetas y consejos de cocina.

La mejor panorámica se obtiene desde el mirador del Point Sublime, en el término de Saint-Georges-de-Lévéjac

Los pueblos con encanto se multiplican alrededor de Albi. Junto a la acogedora Gaillac, que en agosto celebra su Fiesta del Vino, otra etapa imprescindible es Lautrec, 30 km al sur de Albi. Es una de las villas medievales catalogadas como Plus beaux villages de France, conocida por la colegiata de Saint-Rémy (siglo XIV), por el antiguo molino que aún funciona y por el apreciado ajo rosa que se cultiva en sus campos, un ingrediente de aroma dulzón y sabor sutil, imprescindible en los guisos locales.

A media hora en coche al norte de Albi surge en el horizonte Cordes-sur-Ciel, una villa que es uno de los prodigios góticos del Midi-Pyrénées. Tiene su momento de gloria durante las mañanas más frías, cuando las nubes bajas suelen cubrir la llanura del valle del Cérou y, por encima de ellas, solo asoma el monte al que se aferra el pueblo, como adormilado sobre el mullido manto de nubes blancas.

Cordes conserva el trazado original de las antiguas bastides francesas, enclaves estratégicos construidos en los siglos XIII y XIV para defender el territorio y la población del entorno. De esa época perdura la plaza cubierta, centro geográfico y social de la villa, bajo cuyo techo de madera se celebraban las ferias y mercados medievales; todavía hoy acoge el mercado cada sábado. Desde la plaza, montaña abajo, fluyen callejuelas salpicadas de casonas góticas y talleres de artesanos, desde luthiers a escultores y sopladores de vidrio, que convierten a Cordes en una galería de antiguos oficios.

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Una buena forma de completar esta ruta es seguir el curso del Tarn hasta la divisoria de los departamentos de Lozère y Aveyron. Allí, entre roquedos que se precipitan de las alturas, se abren las gargantas del Tarn, labrando entre Le Rozier e Ispagnac un soberbio recorrido de cerca de 50 kilómetros. La mejor panorámica se obtiene desde el mirador del Point Sublime, en el término de Saint-Georges-de-Lévéjac. Existen varias formas de recorrer las gargantas: en coche, por la sinuosa carretera panorámica D907b; a pie siguiendo el GR-60 o el Sentier des Gorges du Tarn (53 km de Florac y Le Rozier); o por el agua, a bordo de kayaks o de pequeñas embarcaciones conducidas por bateliers, los barqueros tradicionales de la región, cuyas canoas fueron durante siglos el único medio de comunicarse con el exterior. Cualquiera que sea el transporte elegido, el recorrido sorprende por sus pueblos medievales de equilibrio imposible, sus puentes de estilo gótico, las playas improvisadas al pie de los acantilados y los numerosos restos de castillos feudales. Es el caso del Château de La Caze, una fortaleza del siglo XV levantada en la misma orilla, restaurada y reconvertida en un tranquilo hotel con vistas a las gargantas. En este escenario se crea una combinación irrepetible de prodigios del hombre y la naturaleza que, hoy como ayer, siguen conviviendo a orillas del río Tarn.

MÁS INFORMACIÓN

Cómo llegar y moverse: el aeropuerto más próximo es el de Toulouse, a 75 km de Albi. La oficina de turismo vende un abono que permite entrar al museo y a la casa natal de Toulouse-Lautrec, entre otros museos.

Turismo de Albi
Turismo de Tarn