Santorini y Mikonos

Las islas griegas más míticas y seductoras del mar Egeo

1 / 5

1 / 5

77442912. Oía al atardecer

Oía al atardecer

En este pueblo del norte de Santorini, y también en Firá, la capital, las casas trepan por los acantilados, conectadas por un laberinto de calles empedradas y escaleras.

FOTOTECA 9 X 12

2 / 5

476460937. Firà

Fir

Iglesia ortodoxa en un callejón de Firá.

GETTY IMAGES

3 / 5

77776964. Playas de Mikonos

Playas de Mikonos

Hay calas solitarias que resultan idóneas para el buceo y otras que son perfectas para tumbarse al sol. En la imagen, la Super Paradise.

FOTOTECA 9 X 12

4 / 5

BEP-bew12D61A9. Chora

Chora

Cafés y restaurantes junto al mar en el barrio de la Pequeña Venecia, en Chora (Mikonos).

AGE FOTOSTOCK

5 / 5

ESC Grecia-3. Qué hay que ver en Santorini y Mikonos

Qué hay que ver en Santorini y Mikonos

1 Firá. Asomada al abismo de la caldera volcánica, la capital de Santorini es el paradigma de la arquitectura cicládica.
2 Akrotiri. Muestra vestigios de esta antigua ciudad minoica, que durante siglos quedó sepultada bajo las cenizas.
3 Chora. Los callejones blancos de la capital de Mikonos se asoman al mar en el barrio de la Pequeña Venecia.
4 Super Paradise. En el sur, es una de las playas más famosas de Mikonos, donde muchos se reúnen al atardecer.

Mapa: BLAUSET

Las islas griegas más míticas y seductoras del mar Egeo

Desde la segunda mitad del siglo XX, cuando viajeros y escritores como Lawrence Durrell y Henry Miller inmortalizaron la vida sosegada de las Cícladas y sus bellos paisajes volcánicos, millones de turistas han visitado este archipiélago griego del corazón del mar Egeo. De la veintena de islas habitadas que lo forman, sin duda las más emblemáticas son Santorini y Mikonos, soleadas, rocosas y punteadas por blanquísimas construcciones.

Empezamos el viaje en Santorini, en el sur de las Cícladas. Por muchas imágenes que se hayan visto de ella, es imposible no quedarse embelesado al entrar en barco a la bahía que preside Firá, su capital, cuyas casas se asoman a acantilados de 300 metros que caen en picado sobre el mar. La magnífica caldera ovalada es, en realidad, un cráter que se inundó en el segundo milenio a.C. La isla florecía entonces como una colonia minoica –quedan restos en el yacimiento de Akrotiri–, cuando una violenta erupción sacudió el Mediterráneo y devastó Santorini y los asentamientos que la ocupaban. Aunque la actividad volcánica no cesó, continuó siendo invadida por espartanos, bizantinos y venecianos; fueron éstos los que la llamaron Santa Irene, origen de su actual nombre.

Solo un par de carreteras permiten subir en coche a lo alto de la isla, donde se asientan Firá (antes Thira) y Oía, otro pueblo colgado de un acantilado. El modo tradicional de ascender hasta ellos es a pie o a lomos de burro por caminos estrechos con cientos de peldaños. Firá cuenta además con un teleférico que permite ahorrarse el esfuerzo y después perderse por callejones sinuosos con rincones y cafés encantadores.

Desde los muelles de la capital salen excursiones en barca a los islotes de la bahía: Nea Kameni (en griego, kameni significa quemado), de paisaje pedregoso; su vecina Palia Kameni, que esconde un manantial de aguas sulfurosas; y Thirasia, otra isla habitada, pero más apacible que la principal. En Firá se alquilan también motos para explorar la isla en busca de miradores y monasterios asomados a la costa. Y, aunque Santorini no es una isla de playas, habrá que visitar las lenguas de arena del sudeste y las calas Roja, Blanca y Negra –sus nombres aluden al color de la arena– del sudoeste, algunas solo accesibles en botes de pesca reconvertidos para el turismo.

Delos fue un importante santuario en la Antigüedad, donde los griegos situaban el nacimiento de los dioses Apolo y Artemisa

El día puede acabar en Oía (19 km al norte de la capital) para contemplar cómo el sol se hunde en el mar y tiñe de ocres las casas blancas y las  iglesias de cúpulas azules. La ocasión es perfecta para acompañar con un vino blanco asyrtiko –sus cepas crecen en laderas negras y rojizas del este de la isla– y un surtido de mezedes (entrantes) como la taramosalata (crema de pescado y patatas), el kopanistí (queso cremoso con pepinillo) y la fava de Santorini, con la que se elabora una sabrosa pasta.

Si Santorini es ideal para parejas por sus rincones románticos, Mikonos, en el norte de las Cícladas, presume de playas y ambiente nocturno. En los años 1960, celebridades como Grace Kelly, Melina Mercouri y Jackie Kennedy la popularizaron entre la beautiful people; hoy sigue atrayendo a famosos que recalan con sus yates. Pero Mikonos ofrece más. Por ejemplo la arquitectura de su capital, Chora, donde el blanco de las casas contrasta con el azul de las puertas y ventanas. El aroma a buganvilla acompaña por los recovecos del centro antiguo hasta calles más amplias donde hay tiendas de lujo y cafés sofisticados. En el barrio de la Pequeña Venecia los talleres de artistas y tabernas ocupan edificios asomados al mar, con balcones de madera pintada de vivos colores. Es otro rincón para disfrutar de una pausa, acompañada de una ración de pulpo, otra de calamares y unos tomates rellenos de queso feta.  

En Chora alquilan scooters y quads para recorrer la isla y disfrutar, ahora sí, de su abanico de playas: solitarias al este, para buceo y windsurf al norte... Una excursión ineludible es la que lleva a Delos, a 40 minutos en kaikia (barca-taxi). La isla fue un importante santuario en la Antigüedad, donde los griegos situaban el nacimiento de los dioses Apolo y Artemisa. Hoy es uno de los mejores yacimientos de Grecia, además de Patrimonio de la Humanidad.

MÁS INFORMACIÓN

Cómo llegar y moverse: A Santorini y Mikonos se llega en barco desde el puerto del Pireo, a 10 km de Atenas, con aeropuerto. Es habitual recorrer las islas en crucero. En verano se vuela a Mikonos.