San Petersburgo, un paseo por la ciudad de los zares

El esplendor con el que brillaba esta ciudad se palpa a lo largo de las avenidas y los canales de esta ciudad

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shutterstock 156656828. Canal Griboedova

Canal Griboedova

Esta vía navegable atraviesa de este a oeste el centro histórico. Poco antes de verter sus aguas al río Moyka, pasa junto a la iglesia de la Sangre Derramada.

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RUsp0791. Iglesia de la Sangre Derramada

Iglesia de la Sangre Derramada

Mosaicos y frescos decoran el interior de este sorprendente templo. Se erige en el lugar donde asesinaron al zar Alejandro II en 1881.

GONZALO AZUMENDI

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ESY-006049282. Catedral de San Nicolás

Catedral de San Nicolás

Conocida como la iglesia de los Marinos es un magnífico ejemplo del barroco ruso. Se localiza a pocos pasos del teatro Mariinski.

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shutterstock 165268970. Avenida Nevski

Avenida Nevski

La gran arteria comercial de la ciudad es también una vía histórica, con teatros y edificios de diversas épocas y estilos.

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AWL RU02203. Nevski

Nevski

Passage, unas galerías de 1848 situadas en la avenida Nevski, 48.

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AWL RU02285. El Ermitage

El Ermitage

La galería dedicada a la Guerra de 1812 exhibe retratos de los héroes rusos que derrotaron a Napoleón Bonaparte.

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HEMIS 0214712. Ermitage

Ermitage

El Museo del Ermitage ocupa una parte del palacio de invierno. La escalera principal es un ejemplo del gusto barroco de los zares.

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AWL RU02223. Fortaleza de San Pedro y San Pablo

Fortaleza de San Pedro y San Pablo

La torre de la catedral del mismo nombre despunta en el conjunto fundado por Pedro el Grande. Conviene andar por el paseo extramuros, muy concurrido en primavera y verano.

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VN 182 SAN PETERSBURGO-3. Cinco lugares clave

Cinco lugares clave

1 Iglesia de la Sangre Derramada. Sus cúpulas bulbosas y coloridas destacan sobre el canal Griboedova.
2 Catedral de San Nicolás. Es un bello ejemplo barroco.
3 Avenida Nevski. Esta vía histórica y comercial mide 4 km.
4 Museo del Ermitage. El Palacio de Invierno, a orillas del Neva, aloja una de las pinacotecas más extensas del mundo.
5 Fortaleza de San Pedro y San Pablo. De 1703, acoge varios museos, una catedral y el sepulcro de los Romanov.

Mapa: BLAUSET

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San Petersburgo, el esplendor de los zares

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Posiblemente no haya un relato más representativo de San Petersburgo que La Avenida Nevski, del ruso Nikolai Gogol (1889-1952). El escritor describe la vida de la avenida principal de la ciudad, la Nevski Prospekt que, entonces y ahora, atraviesa la ciudad a lo largo de cuatro kilómetros y medio, y guarda entre sus calles perpendiculares los tesoros más significativos de San Petersburgo. La arteria de la ciudad que el zar Pedro el Grande mandó construir en 1698 inspirándose en Ámsterdam –cuyo urbanismo y arquitectura tanto admiraba y con la que mantenía, además, relaciones comerciales–, presenta un microcosmo de las costumbres del país a través de las escenas diarias de sus habitantes.

Una de las mejores maneras de comenzar a conocer la ciudad –llamada Leningrado entre 1924 y 1991– es tomar la calle Mikhaylovskaya hasta el Museo Ruso y, una vez allí, dejarse fascinar por su colección de iconos, esas preciosas pinturas del arte cristiano oriental realizadas sobre madera o metal. Y, prácticamente al lado, admirar la arquitectura de la iglesia de San Salvador de la Sangre Derramada, de estilo neorruso, que fue construida entre los años 1883 y 1907 imitando las iglesias erigidas durante los siglos XVI y XVII en Moscú.

Al día siguiente podemos asistir a una representación del Teatro Mariinski y ver el ballet de El lago de los cisnes, o escuchar alguno de los conciertos u óperas que dirige el maestro Valeri Guérguiev. Para ello habrá que seguir el canal Griboedova desde la avenida Nevski, dejándose llevar por el ambiente de los puentes que lo cruzan y contemplando casas que uno podría elegir para vivir. Antes o después del teatro vale la pena aproximarse a la catedral barroca de San Nicolás (1753-1762), erigida en honor de los marineros desaparecidos en el mar y que parece surcar como un barco el norte de la ciudad. Y, ya de noche, resulta tentador cenar en un restaurante cerca del Mariinski para degustar los sabores más típicos de la ciudad.

San Petersburgo cuenta no solo con una vida «pedagógica» sino también «carnavalesca»


Tras tomar el pulso a la ciudad a través de dos de sus representaciones mayores, la música y el arte, puede ser estimulante indagar en la vida de sus novelistas y poetas. Resulta difícil imponer un orden en la visita de las casas de artistas que han perdurado hasta hoy, pero quizá sea buena idea empezar por el apartamento donde Fiódor Dostoievski vivió desde 1878 hasta su muerte el 9 de febrero de 1881, cerca de la estación de metro de Vladimirskaya. Allí escribió Los Hermanos Karamazov, en 1866 mientras que Crimen y castigo la creó años antes en un piso de la calle Kaznacheyskaya, por entonces un barrio de mala fama.

A continuación andamos o tomamos el metro para llegar a la casa de la poeta Anna Ajmátova (1889-1966), en la cercana avenida Liteiniy (estaciones de Gostiny Dvor, Mayakovskaya o Chernyshevskaya). Guarda el manuscrito de su Poema sin héroe, su escritorio, su maleta de viaje y las ventanas por las que miró al mundo durante la mitad de su vida. Y para finalizar, la residencia de Alexander Pushkin (1799-1837), el escritor más famoso de la ciudad, fundador de la literatura moderna rusa y autor del poema El jinete de bronce y de la novela Eugenio Oneguin. Su casa museo se halla al otro lado del río Neva, en la calle Makarova. Allí agonizó tras ser herido a causa de un duelo amoroso.

El paseo que enlaza estas tres visitas puede durar toda una mañana y, de camino, permite detenerse en la plaza Sennaya para disfrutar de una pivo (cerveza) en alguna de sus muchas terrazas, escuchar a grupos de música callejeros y dejarse llevar por el ambiente festivo y popular. O también ir hasta la estación de tren de Vitebsk, de 1837, que fue la primera terminal ferroviaria del Imperio Ruso. Resulta un placer pasear por sus salas superiores y rememorar la época en que fue inaugurada por el zar Nicolás I, cuando la familia imperial disponía de un apartado de uso exclusivo.

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El paseo a lo largo de la avenida Nevski termina con la visita al Museo del Ermitage, el antiguo Palacio de Invierno. Sin duda, todo lleva hacia él, también la avenida, y al río Neva, que parte la ciudad en dos y es culpable del clima de San Petersburgo, del que tanto les gusta quejarse a sus habitantes. Cuando uno entra en el Ermitage y asciende por la fastuosa escalera del Jordán, puede permitir sentirse como lo habría hecho Catalina la Grande, artífice de su construcción en 1764.

Este museo palaciego debería visitarse al menos dos veces para contemplar a fondo sus salas más prodigiosas: la de Rembrandt y la de Matisse. La primera recoge nada menos que 26 cuadros del pintor. El hijo pródigo es el más destacado, además del protagonista del film El arca rusa (2002), de Alexander Sokurov. Rodada íntegramente en una sola toma y a lo largo de una noche en el Ermitage, explica la historia del fantasma de un hombre que consigue volver al museo y se aproxima emocionado a ese cuadro para oler los pigmentos de sus formas y colores. En la sala dedicada a Matisse se encuentran los famosos óleos La danza y La música, situados uno enfrente del otro. De formato descomunal y colores inesperados, pertenecieron al coleccionista más importante del impresionismo francés, el empresario ruso Sergei Shukin (1854-1936).

Con la retina y el corazón impregnados de color, uno ya está preparado para contemplar San Petersburgo desde la otra orilla del Neva. Se puede hacer desde la fortaleza de San Pedro y San Pablo –en su catedral descansan los restos de los Romanov– o, más tranquilos aún, desde la Universidad Estatal. La majestuosidad de las fachadas, los colores neoclásicos, el horizonte húmedo y la atmósfera fantasmal: allí se halla la imagen más perdurable de la ciudad.

Y cuando uno ya está a punto de envolverse en la melancolía perenne de San Petersburgo, es el momento de darse la vuelta y regresar a la avenida Nevski para pasear sin prisas o bien dedicar lo que queda de la tarde a una visita de lo más extravagante: la Kunstkamera o Gabinete de Curiosidades. Fundado por Pedro el Grande para establecer el primer Museo Ruso de Ciencias Naturales, posee una colección de 800 rarezas anatómicas conservadas en formol que, tanto en el siglo XVIII como hoy, sacuden al público cuando las contempla. Pues, como ya advirtió Gogol en su relato, San Petersburgo cuenta no solo con una vida «pedagógica» sino también «carnavalesca».

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Documentos: pasaporte y un visado que se tramita en la embajada.
Idioma: ruso.
Moneda: rublo.
Horario: 2 horas más.

Cómo llegar y moverse: Los vuelos a San Petersburgo desde Madrid o Barcelona hacen escala en París, Frankfurt o Ámsterdam; algunas compañías ofrecen trayectos directos en verano. Otra opción es volar a Helsinki, a solo una hora en tren de San Petersburgo.
Un autobús conecta el aeropuerto con el centro de la ciudad. La red urbana cuenta con metro, autobús, tranvía, líneas fluviales y barcos turísticos. La tarjeta Spb Guest Card ofrece descuentos en medios de transporte, museos y restaurantes.

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